VIDA CIENCIA TECNOLOGÍA

Viernes 19 de Junio de 2009

Igor Saavedra, Premio Nacional de Ciencias:
El maestro, con licencia para atestiguar y también quejarse

El físico que enseñó a generaciones en la Universidad de Chile cierra otro capítulo, embala su biblioteca, deja su hábitat vital.  
Nicolás Luco Rojas Igor Saavedra da su batalla vigorosa contra una enfermedad incurable y mira desde ese pedestal.
Llamado por el rector de la Universidad de Chile, integró, con Humberto Giannini y Eduardo Rosselot, la comisión de grandes maestros que prestó asesoría respecto de la buena fe y credibilidad de las acciones académicas del decano de Derecho Roberto Nahum, renunciado ayer.
Con sus suspensores rojo italiano, siente una nostalgia honda: debe emigrar desde su casa con tres bibliotecas. Mira las cajas con sus libros, y dice: "¡Esto es Hiroshima!".
Siente que su vida está en esos paquetes, pero parte por amor: su mujer, Lucía Gevert, necesita vivir sin escaleras.
Es uno de los grandes. Su discípulo, Enrique Tirapegui, Premio Nacional como él, le celebra, sobre todo, que haya llevado la física del país a alto nivel.
"Yo era muy exigente", dice Saavedra. "En el curso de mecánica cuántica yo les decía a mis alumnos: ?Si yo soy capaz de resolver estos problemas, ustedes tienen que serlo también'. Los alumnos tenían que ser mejores que yo. Es la idea, es la razón de mi vida, ¡tener gente mejor que yo!".
-Jubiló temprano?
"A los 65, porque siempre dije que lo haría, para que un joven tomara mi lugar. Yo decía ?la universidad no puede envejecer, tiene que ser joven para poder pensar, para estar al alcance de los tiempos' ".
-Siguió haciendo clases?
"Al final me retiré. No podía soportar la idea de la universidad-negocio. Yo me había jugado el pellejo por la universidad, en muchos ámbitos, contra muchos adversarios. No tenía más fuerzas".
Saavedra no acepta una universidad donde el sueldo se paga para que "ellos" -los dueños, el Estado- les fijen a los profesores el ámbito de trabajo. Solamente acepta "que te paguen tu sueldo para que pienses".
Cree que los fondos de investigación de Conicyt no deben pagar los sueldos de los profesores.
-Pero hoy la ciencia se hace en colaboraciones?
"Tengo la sensación de que la ciencia es hoy salir en los diarios. Es más importante que un buen paper . El diario te da poder, permite obtener subsidios a la investigación, ser dueños de otra gente".
-¿Qué hacer?
"Generar ideas. Y enseñarles a los jóvenes la belleza de pensar, esa cosa interna que permea todo, el placer de leer un trabajo que aborda lo mismo que uno trata de hacer? ¡pero que es tanto más inteligente!".
Se ríe Igor Saavedra. Habla de la alegría de descubrir.
"Yo compartía esa alegría con los alumnos. Tú los metes dentro del asunto. Es lo que tú amas. Bueno, eso era la otra universidad".
-¿Cuál será el secreto?
"Yo me impresioné mucho en Manchester. Fui a tomar té a una sala de profesores. Y en un papelito mugriento en la pared, decía: ?En esta sala, Rutherford descubrió el núcleo atómico'. ¡Casi nada!".
-Y cuando regresó a Chile?
"Yo era un joven de 30 años, usaba cuello subido, sandalias, una bufanda larga, montgomery. Mis alumnos me comenzaron a preguntar dónde se conseguían. Uno hacía un impacto distinto. Había alumnos que hablaban como yo, con un cierto acento, había vivido cinco años en Inglaterra. Imitaban mi peinado".
-Eso es más que enseñar?
"?No puedo hacer algo que no sea válido desde el punto de vista ético; estos muchachos me van a copiar, y yo voy a ser responsable de ello', me dije. Eres un modelo para la gente joven. Y si no, no puedes ser profesor".
-¿Y qué papel tiene internet?
"Yo no sé manejarme con internet ¡porque no quiero! No tengo correo electrónico, celular. Me bajé del mundo, pero entiendo que si quiero ser profesor hoy día, tengo que meterme en eso. Guiar a los alumnos. Y darles información que no está ahí, de lo que se ha vivido: lo que siento, más que lo que pienso. Ésa es la tarea del maestro; el maestro es indispensable".
Trayectoria
Igor Saavedra G., miembro de número de la Academia de Ciencias; ingeniero civil, U. de Chile; doctorado en física teórica en la U. de Manchester; Premio Nacional de Ciencias en 1981. Derecho: faltan 500 años de tradición"Esta cosa de Derecho me espantó. No sabía, no me imaginaba que hubiera Facultades en la Universidad de Chile tan académicamente retrasadas como Derecho. Con prácticas que no pueden ser aceptables en ninguna parte. Hay 17 profesores de jornada completa, ¡para más de mil alumnos! ¿Qué se puede esperar?".
-¿Faltó delicadeza?
"No se hacen ciertas cosas. Hay una contradicción intrínseca; tomarse la Facultad para imponer una medida ¡en Derecho! Se supone que en Derecho las cosas se piensan más, se actúa en Derecho. Yo pienso que una de las cosas esenciales de la universidad es el respeto mutuo. El respeto de profesor a profesor, de colega a colega; el respeto de alumno a profesor, de profesor a alumno. Si no nos respetamos mutuamente, no hay comunicación inteligente posible. Y eso afecta a la universidad".
-¿Qué necesitamos?
"La tradición. Yo he llegado a la conclusión, después de tantos años de batallar, de que nos faltan unos 500 años para ser lo suficientemente cultos como para entender lo obvio. Pero no antes de 500 años. Aún vivimos en las cosas superficiales: el ?¿quién te dijo eso?'. Lo esencial, el mirar a los ojos, de ?El Principito', no se ve. La gente se va por caminos laterales, por las ramas. Las cosas de fondo no se quieren tocar, o no se pueden tocar, o no se ven".
-Y esa cosa de fondo es? pensar.
"¡Tan simple como eso!".


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Alex Valdés <strong>Como el ajedrez</strong> El profesor dice que pensar exige un esfuerzo físico y genera fuertes emociones; entre ellas, la alegría de descubrir.
Alex Valdés Como el ajedrez El profesor dice que pensar exige un esfuerzo físico y genera fuertes emociones; entre ellas, la alegría de descubrir.
Foto:Alex Valdés
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