REPORTAJES

Domingo 30 de Noviembre de 2014

En 1992, Jorge O'Ryan fue asistente del enviado especial del Gobierno a Moscú:
Ex diplomático cuenta por primera vez la historia secreta de la negociación Chile-Honecker

El también ex presidente del Club Deportivo UC vivió por dentro la crisis que enfrentó a nuestro país con Alemania y Rusia, el espionaje de nuestras comunicaciones y la soledad en que las naciones comunistas dejaron al ex dictador germano.  
Matías Bakit R. E l primer contacto con Alemania Oriental (RDA) del diplomático Jorge O'Ryan -ex presidente del Club Deportivo Universidad Católica y embajador en Berlín durante la administración Piñera- fue a propósito del cambio de mando de 1990, cuando la Cancillería lo designó para acompañar a la delegación de ese país, al que le quedaban, ya caído el Muro, pocos meses de existencia. Jamás imaginó que un año y medio después se enfrentaría a la más insólita de las consecuencias que tuvo para Chile el fin de la RDA: la permanencia, por siete meses y en calidad de "huésped", del ex jerarca Erich Honecker en nuestra embajada en Moscú.

Nunca antes Jorge O'Ryan había querido referirse a un tema respecto del cual "hay mucha gente que se viste con ropa ajena". Y si ahora lo hace, es "en homenaje al embajador James Holger Blair -fallecido en julio pasado-, el mejor diplomático que conocí", y quien jugó un rol decisivo en la solución de aquella crisis que enfrentó a nuestro país con dos superpotencias: Rusia y Alemania.

Esta es la historia de sus días con los Honecker.

"Exigía trato de Jefe de Estado"

En diciembre de 1991, O'Ryan -quien había ingresado a la Academia Diplomática en 1987- se encontraba en Alemania, como cónsul en Bonn. Ahí se enteró de que Erich Honecker y su esposa, Margot, habían ingresado a la embajada de Chile en Moscú.

El ex basquetbolista recuerda que en aquella época el gobierno del Presidente Aylwin declaró a Honecker como "huésped temporal". Luego, al tiempo que se llamaba a "vacaciones" al embajador Clodomiro Almeyda, la autoridad nombró a James Holger Blair -entonces representante alterno ante la ONU- como embajador en misión especial.

Y la "misión especial" de Holger -quien hablaba seis idiomas y era cercano a figuras históricas de la DC como Máximo Pacheco y Gabriel Valdés- no era fácil: convencer a Honecker de que no se podía quedar en la embajada y, al mismo tiempo, negociar con alemanes y rusos una salida "digna", de modo de calmar la presión que ejercía en Chile un sector político "agradecido" del trato dispensado por la RDA a los exiliados durante el régimen militar.

Es por eso que Holger pidió a la Cancillería un asistente con dedicación exclusiva. El elegido, por su manejo del alemán y su conocimiento jurídico, fue Jorge O'Ryan, quien a principios de 1992 viajó a Moscú.

Ambos se pusieron manos a la obra.

"El embajador Holger y yo fuimos los únicos que trabajamos en este tema. Y en Cancillería solo hablábamos con el canciller Enrique Silva Cimma", cuenta O'Ryan.

La fórmula que Chile ofreció a las tres partes involucradas fue la de formar una comisión de personas destacadas que representaran a los interesados y lograran un acuerdo para que Honecker saliera voluntariamente, teniendo la confianza de que se iban a respetar sus derechos.

Sin embargo, el principal problema que encontraron los chilenos fue la posición del ex jerarca alemán, quien jamás aceptó esos términos.

"Él exigía un trato de Jefe de Estado. Y como tal, decía que solo debía ser juzgado en la RDA, o con las reglas de la RDA. Pero ese país ya no existía. Era jurídicamente inviable", recuerda O'Ryan, quien agrega que Honecker buscaba que Chile lo recibiera como "refugiado político".

Ante esa situación, se inició un trabajo para ganar las confianzas del líder de Alemania Oriental."Todos los días, el embajador Holger; su señora, Cecilia, y yo, desayunábamos, almorzábamos y cenábamos con el matrimonio Honecker. En esos momentos tratábamos de separar los temas. Pero luego nos sentábamos a negociar, siempre en alemán", recuerda O'Ryan, quien describe las tratativas como "duras" y el trato "muy formal".

Algo ayudó a alivianar el regreso a Rusia -por dos meses y para cerrar temas de su gestión- de Clodomiro Almeyda, quien con sus anécdotas lograba relajar a los interlocutores.

Con las miras láser apuntando

Otro duro frente de negociación era Rusia, país que, según recuerda O'Ryan, estaba siendo presionado por Alemania para entregar a Honecker a cambio de colaboración en el retiro de tropas e instituciones rusas de Berlín. Él describe esas negociaciones como "muy tensas" y "de pocos avances".

"Cuando negociábamos con los rusos, había siete u ocho negociadores de ese país. Y al otro lado de la mesa solo estábamos el embajador Holger y yo. Conversábamos todo el día. A veces, cuando volvíamos a la embajada en la noche, decíamos 'por fin avanzamos un poco'. Pero al otro día, tras consultar con sus líderes, los rusos negaban cualquier posibilidad de acuerdo".

Además, la policía rusa vigilaba muy de cerca todos los movimientos del matrimonio Honecker y de los funcionarios de la embajada. "Cuando Holger hablaba por teléfono con Chile, se escuchaba cómo lo grababan, por los ruidos. Era muy tosco. Por eso, los funcionarios diplomáticos estábamos preparados para comunicarnos por criptografía secreta". Recuerda además que, cuando salían a caminar, podían ver las miras láser de los francotiradores rusos, apuntándolos por las noches.

"No hubo solidaridad" ni de Cuba ni de Corea del Norte

Pero lo más delicado para Chile era la posición de riesgo en la que estaban quedando las relaciones con Alemania.

Según recuerda O'Ryan, se temía que el país europeo retirara la ayuda que daba a miles de chilenos exiliados con programas de retorno y diversos cursos de capacitación.

Alemania también se negaba a la idea chilena de formar una comisión especial y en cambio intensificaba su presión sobre Rusia, al punto que elevó una petición de extradición.

Ante esto, los negociadores chilenos jugaron su última carta: buscar terceros países interesados en acoger al ex gobernante alemán.

Para ello, de forma secreta, Holger y O'Ryan se reunieron con los representantes en Rusia de Cuba y de Corea del Sur. Sin embargo, ninguna de las dos naciones tuvo interés en recibir a Honecker, asegura el ex embajador, en contradicción con lo sostenido en estas mismas páginas por el secretario político de Clodomiro Almeyda, Fernando Belloni, quien afirmara haber tenido avanzadas conversaciones con los coreanos.

"Nosotros pensamos que habría interés por ser gobiernos afines a las ideas de la RDA. Pero la solidaridad no estuvo. El matrimonio Honecker lo pasó muy mal. Todos les dieron vuelta la espalda", recuerda.

Reunión de emergencia en París

Según Jorge O'Ryan, fue en este punto cuando el gobierno de Aylwin decidió que la estadía de Honecker en la embajada de Chile se estaba extendiendo más de la cuenta y afectando "los intereses del país".

Por ello, con el fin de tomar una decisión definitiva sobre el asunto, Holger envió a O'Ryan a París para que se entrevistara personalmente con el Presidente Patricio Aylwin, quien se encontraba en visita de Estado en Francia.

La reunión -que se realizó el 12 de julio de 1992 en la Embajada de Chile en Francia- fue breve. Tras una exposición de cinco minutos en la que O'Ryan le explicó todo lo realizado al Presidente, este tomó una decisión definitiva "por el bien de Chile": se le debía comunicar a Honecker que el estatus de "huésped temporal" llegaba a su fin.

La última conversación

Para esa etapa, la relación con los Honecker ya no era tan dura. "Había pasado de ser una relación pragmática a una relación más humanitaria, por el mal estado de salud de él", cuenta.

El deterioro del ex dictador era tanto que ya no podía, como antes, liderar las negociaciones con los diplomáticos chilenos. De hecho, en los últimos meses, quien había llevado la voz cantante había sido su esposa.

Ante la imposibilidad de llevar al ex líder de la RDA a un hospital, Holger hizo gestiones para que un médico de la embajada británica lo visitara. Este, si bien no tenía elementos para hacerle los exámenes, pudo constatar que el ex jerarca estaba grave.

En ese contexto, el 28 de julio nuevamente Holger y O'Ryan se reunieron con el matrimonio de huéspedes. En el encuentro les explicaron todas las gestiones realizadas por el Gobierno para resolver la situación. "Les manifestamos que habíamos explorado todos los caminos y que no había más soluciones posibles. Que esto le estaba provocando un perjuicio a Chile. Y le pedimos a Honecker que abandonara voluntariamente la embajada, con la promesa de que el país iba a hacer gestiones con Alemania para asegurar un proceso en el marco del Estado de Derecho", cuenta O'Ryan.

Recuerda que no fue fácil convencer a la pareja, principalmente porque ellos sabían que tenían apoyos en el gobierno chileno. Sin embargo, finalmente cedieron.

"Ya estaban cansados. Todos estos meses habían vivido un martirio. Estaban permanentemente en la incertidumbre de si tendrían que salir o no. De hecho, nunca abrieron las maletas que traían cuando llegaron a la embajada", recuerda.

Pocas horas después, el 29 de julio, Honecker abandonó la embajada, con el puño en alto, flanqueado por James Holger y Jorge O'Ryan, en una imagen que dio la vuelta al mundo.

Tras eso abordaron el auto de la embajada, conducido por un militar ruso, ex combatiente en Afganistán, e iniciaron una loca carrera -en la que incluso hubo autos que se volcaron- para evitar a los cientos de periodistas que cubrían la noticia y llegar al aeropuerto militar de Moscú.

Una vez ahí, según cuenta O'Ryan, Honecker se despidió, muy agradecido, del embajador James Holger, manifestándole su aprecio por las gestiones realizadas. Luego, él mismo lo acompañó a su asiento en el avión que lo llevaría a Berlín.

Al día siguiente, Margot Honecker se embarcó hacia Chile.

O'Ryan no la volvió a ver, ni a ella ni a su marido. Hoy dice que todavía hay cosas que se guarda. "Era el embajador Holger quien debía contarlas", agrega. El plan era escribir un libro entre ambos cuando el ex basquetbolista volviera de Alemania. Siguiendo ese deseo, hoy está en conversaciones con la viuda del embajador para que entre ambos relaten esas vivencias.

"Los Honecker estaban cansados. Habían vivido un martirio, en la incertidumbre de si tendrían que salir o no. De hecho, nunca abrieron las maletas que traían cuando llegaron a la embajada"."Cuando Holger hablaba por teléfono con Chile se escuchaba cómo lo grababan. Por eso, los funcionarios estábamos preparados para comunicarnos por criptografía secreta".

 


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