VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 14 de Enero de 2006

El arte de lo rústico

La mayor virtud de la cálida y acogedora casa de huéspedes de la viña Tabalí es la manera como se vincula con el paisaje.
Texto, Jimena Silva Cubillos / Fotografías, Gonzalo López V.

Cuando a principios de los noventa Guillermo Luksic puso los ojos en el valle de Limarí, el fundo no era más que una planicie de tierra y piedras con algunas quebradas. Sin embargo, hoy el paisaje es absolutamente distinto según se ve al sobrevolar las 2.500 há de la hacienda Santa Rosa de Tabalí: entre los campos con alfalfa, trigo, frutales y, por supuesto, uvas para la producción de vinos, también se vislumbra una serie de estanques de regadío y algunas construcciones que forman parte de la infraestructura propia de la viña Tabalí, como su casa de huéspedes. A ésta sólo se puede acceder en auto desde un camino de maicillo, de intenso color dorado, flanqueado por más de mil palmeras.

En 1993 la constructora norteamericana Sharon Woods remodeló la pequeña casa original levantada en adobe, imprimiéndole el estilo Santa Fe, que rescata muchos elementos de la arquitectura colonial española y se relaciona bastante bien con el paisaje semidesértico en el que está emplazada. Al poco tiempo, los arquitectos Horacio y Martín Schmidt la ampliaron.

A ellos se les pidió continuar las líneas de lo existente, pero también incorporaron rasgos propios de arquitectura colonial chilena, como la presencia de terrazas y corredores, el uso intensivo de la madera y el aprovechamiento de la luz. Además de tres dormitorios completos y un nuevo living, que duplicaron los 150 m2 originales, proyectaron dos amplias terrazas con el carácter de un espacio interior.

Ambas están semicubiertas con varas de eucaliptos que tamizan la luz, cuentan con chimenea en obra y cumplen un rol fundamental: una es el nexo entre la parte antigua y la nueva, y la otra, a la cual se accede desde la única habitación del segundo nivel o directamente desde el jardín, permite captar las vistas del paisaje lejano y descubrir una nueva perspectiva del campo. El modo como están puestas, con grandes pero livianos muebles de fierro o madera y cuero con mullidos cojines, alfombras de fibras naturales, luces indirectas y objetos decorativos de origen artesanal, no hace más que incitar la estadía en ellas.

- Tratamos de crear un casa rica, que favoreciera el descanso y aprovechara todas las ventajas de un clima excepcional, con pocas lluvias y temperaturas moderadas- , indica Horacio. Es más, la vivienda presenta una distribución absolutamente lineal ­sobre 45 metros de largo­, "es una especie de tren". Casi no tiene circulaciones internas, pero sí anchos corredores exteriores, y los recintos propios de estar ­living y comedor­ se sitúan en los extremos.

- El punto de encuentro definitivamente son las terrazas, que tienen un uso intenso. Aunque en otros casos podría parecer poco práctico, para ir de un lugar a otro forzosamente hay que recorrer la casa por fuera, relacionarse con el jardín y el entorno. Es como una procesión; pasa lo propio del modo de habitar colonial.

Fue Virginia Prieto, la mujer de Guillermo, quien con la ayuda del decorador Eduardo Maffei, se preocupó personalmente de ambientar la casa que hoy se utiliza para hospedar a algunos visitantes de la viña. En el living, espacio diferenciado por los cielos altos con vigas de rollizo a la vista, se privilegió el uso de las tonalidades propias de los sofás de cuero que trajeron de México y las de bancas, armarios y mesones de madera muy rústicos. Además de kelimes, tapices y mantas nortinas que aportan notas más cálidas, destacan las puertas-ventanas de pino Oregón patinadas verde, que producen un juego de luces y sombras muy interesante.

Algunas obras de arte y múltiples artesanías llenas de encanto, como cencerros antiguos, collares indígenas, objetos de cerámica, cestería, vasijas de madera, pedazos de puertas antiguas y columnas de iglesias coloniales ­estos últimos empleados para vestir algunos muros­, complementan este informal espacio.

La mayor virtud del comedor, armado en el otro lado de la casa, es sin duda su simpleza. Sobre la mesa de madera, rodeada por sillas de mimbre, destaca una viga donde descansan una colección de cestería y otra de cerámica nortina. A través de enormes ventanales enfrentados, que permiten observar tanto el jardín posterior como el delantero, la luz entra sin mezquindad.

Por su parte, la decoración de los cinco dormitorios ­dos suites y tres piezas dobles­, que también se nutre principalmente de artesanías, refuerza el espítiru acogedor y cálido de esta casa. "Por sobre un lenguaje particular, se plasmaron conceptos propios del lugar, como las fuerte presencia de los espacios intermedios", señala Horacio Schmidt.


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1- Dos escaleras exteriores vinculan el jardín con la terraza del nivel superior.
1- Dos escaleras exteriores vinculan el jardín con la terraza del nivel superior.
Foto:Gonzalo López V.


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