ARTES Y LETRAS

Domingo 21 de Abril de 2002

TEATRO. El Tony Caluga:
Ríe, payaso

En 1994, tres años antes de su muerte y a pocos días del estreno de la obra biográfica "Las siete vidas del Tony Caluga", Abraham Lillo Machuca, icono de la cultura popular chilena, contó parte de su historia en el circo.
JUAN ANTONIO MUÑOZ H.

¡Momentito, momentito! Más educación. Usted se encuentra frente a una persona muy importante. ¡Tenga cuidado!

- ¿Importante? ¿Me va a decir que usted es importante, con esa facha?

Nombre: Abraham. Edad: 78 años (en 1994). "Hijo de carpintero Lillo y lavandera Machuca". Estado civil: casado. Profesión: "Pelusa, Machuquita, Tony Caluga".

Don Abraham es chiquito. Viste terno gris y corbata bordada.

- Pero si vino hasta con boina...

"Es que este sitio es de la Embajada de Francia (Vicuña Mackenna casi esquina Carabineros de Chile), así que tengo que ponerme en onda", responde, mientras observa el lugar escogido para un homenaje que proviene del mundo del teatro: la obra que Andrés del Bosque tituló "Las siete vidas del Tony Caluga" y que estrenó en abril de 1994.

Es tiempo del ensayo general y esto lo tiene conmovido.

Conmovido por la idea y porque a poco andar el espectáculo aparece la figura de su mujer, que murió de repente, sin preguntarle a nadie.

"Me van a hacer llorar. Chillán me la dio, Chillán me la quitó", comenta en voz baja el Tony Caluga. "María Teresa San Martín se llamaba mi esposa. Mi cuña, mi pedestal. Llegó a amaestrar perros boxeadores, que fueron atracción en Hamburgo. Se me fue el año 80".

"Tres años llevan estos niños con el sueño de llegar al triunfo con esta obra. Ese de allá - indica- es Andrés del Bosque, el escritor y el que dirige. Sabe más de mí que yo mismo. Ha hurgueteado todo. Hasta han aprendido acrobacias. Eso se llama juventud; no como yo, que llevo 78 años a la rastra".

- Pero a la rastra, nada.

"Porque me cuido, pero igual me siento un poco cansado. Ya no estoy para el trasnoche. Me ha pillado una diabetes que me tiene acomplejado. Dicen que es por la dolce vita".

- ¿Tuvo mucha dolce vita?

"Pero si yo no supe mucho de eso... yo no conocía zapatos. Ni chalupas tenía. Creo que era mejor, porque no daba diabetes".

Cómplice y calladito, como atrayendo para contar un secreto, dice que lo de "Tony Caluga" surgió "por curiosidad".

"Se vendía la caluga en las góndolas, en los parques. Primero me llamé Machuquita, como los toreros que toman el apellido y lo usan de nombre artístico. Pero un día decidí ponerme Tony Caluga; desde el año 31 que es así".

Nada de todo eso - como tampoco nada de la buena plata que un día ganó ni de la vieja casa-castillo del barrio Matucana- podía preverse cuando Lillo Machuca era un pelusa más, que hacía lo que podía cerca de los grandes teatros.

"¡Cuántas cosas vi! Zarzuela en el Coliseo, ópera en el Municipal. Escuchaba cantar a los tenores y me aprendí "Recondita armonia", de "Tosca", y la cantaba y me daban plata. Me tenían buena... Eso me fue haciendo un actor improvisado".

Lo descubrió un ciclista, Manuel Gallardo, que le dijo "cabro, tú tienes talento" y se fue a trabajar a Graneros, "donde recitaba parlamentos y cantaba parodias. Yo tenía cualidades de actor bufónico, de payaso. No tenía ni peluca ni maquillaje, no conocía las chalupas tampoco...".

Un peso, le pagaron. Fue su primer sueldo.

Carta obligada

Muchas más que siete son las vidas del Tony Caluga.

Tony de campos, niños, ciudades y lupanares. Atendido por masas y mozas, y vitoreado en el Caupolicán. "Hoy (en 1994) son diez los Calugas, encabezados por el Caluga Junior. Es que Abraham es un nombre multiplicador. Bíblico", dice orgulloso y divertido.

- No le faltó trabajo, don Abraham. ¿Se olvidó un poco de la familia?

"Es que cuando uno se hace hombre particular, uno se va apartando. Mi padre trabajaba y mi mamá también. De modo que no hacía tanta falta como hijo de necesidad".

Pronto confirmó su anunciado talento e ideó un maquillaje sencillo, una peluca colorina y un traje verde, con los pantalones un poco cortos. "Un poco más cortos que los que usa Oscar Zimmermann (el actor que lo representó en la obra). Pero no importa, no todo tiene que ser igual. No puede ser igual en el teatro".

- ¿Cuándo el Tony Caluga lo dejó a usted contento?

"Llegué a dictar cátedra como payaso reconocido en el Caupolicán, el año 41. Desde entonces, fui carta obligada, año a año".

Pasaron los días y las carpas, y las personas. Entre estas últimas, el gran señor Corales (Dalberto), que le enseñó que no todo era ropa y cosmético sino también alma. "Si no hay alma, no hay payaso". Se paseó por todo Chile, Argentina, Uruguay, Paraguay y seis estados de Brasil.

- Recuerda a Chalupa, Chorizo, Pipiripí, Pirigüín...

"Eran profesionales de verdad, payasos muy buenos, que entregaban lo que sabían, sin egoísmo. Estoy contento porque a los 78 todavía sigo haciendo mis dos rutinas; la gente me aprecia. Trabajo con mi hijo, el Caluga Junior, pero todos sus chiquillos le han salido acróbatas".

El billete grande

Cantada por Leoncavallo ("I Pagliacci"), dramatizada por Heiremans ("El tony chico"), pintada por Picasso y hecha teleserie por Vicente Sabatini ("El circo de las Montini"), la vida del circo parece no tan llena de colores. "Hay miserias, envidias y pelambres", confirma el Caluga, "pero todo se olvida en la pista".

"El circo es bonito mientras funciona la fantasía, cuando está todo saliendo bien y la rutina resulta. Pero eso cambia al pensar en que hay que mantener la familia y la elegancia de la fuente de trabajo".

- Por eso debe ser que luchó por las leyes que favorecieran a los artistas. Algo que le venía en los genes, ya que su padre, en los tiempos de Recabarren, participó en las luchas sociales y el teatro obrero...

"Yo mismo peleé por la Ley Previsional de los Artistas, que se consiguió el año 52".

- ¿Tiene futuro el circo?

"El circo hay que mantenerlo. Pero estoy seguro de que no se va a acabar. A pesar de los grandes adelantos de la televisión y de los medios de comunicación, el circo prevalece porque tiene un gran capital. ¿Sabe cuál es ese capital? Los niños. Mientras haya niños, habrá circo. Ellos van por diversión; y los grandes, por reminiscencia. Ya ve, no hay Fiestas Patrias sin volantines y circo... Bueno, también chicha y empanadas. Un poco de dolce vita no le hace mal a nadie".

- ¿Usted considera que le fue bien en esto?

"Conocí el billete grande, sabe. Quise al circo y lo quiero. Es que junto a las cosas malas también hay mucho de humanidad en la gente que trabaja para esto. Somos compañeros de una misma causa y nos ayudamos. Cómo no voy a querer al circo cuando de qué otra manera iba yo a poder conocer a tanta gente importante, a tantos valores... Pedro Aguirre Cerda, Arturo y Jorge Alessandri, Eduardo Frei, Allende y Pinochet, por qué negarlo, si estamos conversando con franqueza".

Saludado por niños y viejos. Conocido en La Carlina y en Los Siete Espejos. Reverenciado por obispos y presidentes. Era lógico que el Teatro Circo Imaginario le hiciera un homenaje.

"Ojalá que al público le caiga bien, y que venga gente a verlo. Es un homenaje a un hijo de pueblo que ha destacado como artista. ¿Y por qué no pues...? Un hijo de pueblo lleno de vida, que cantaba parodias y que era bueno p'al cañón. Hice harta bohemia".

- ¿No me dijo que de dolce vita, nada?

"Bueno, un poco... Con Coloane, Neruda, Caroca, Altamirano, Eduardo de Calixto y otros más, andábamos por ahí por Bandera, cerca del Hércules... Eran los tiempos en que por Bandera corría el tranvía hacia el Sur....".

Dice Sur y se pone nostálgico.

"Vengo llegando de Pinto, cerca de Chillán. En Chillán encontré a mi esposa. Chillán me la dio, Chillán me la quitó. La conocí en Brasil con Libertad...".

"¡Silencio en la sala! Más educación. Usted se encuentra frente a una persona muy importante".

El payaso está llorando.

CITAS

Teatro en la carpa

Abraham Lillo Machuca murió el 17 de julio de 1997, a los 81 años de edad. Sus restos fueron adornados con su tradicional maquillaje. En esa oportunidad, Andrés del Bosque hizo una reflexión que sirve para definir mejor su opción por investigar acerca de la vida del Tony Caluga. Así declaró: "(Abraham Lillo) nos enseñó, porque como clown fue capaz de abarcar y contener el oficio actoral. Fue un gran actor que se hizo a sí mismo, sin escuela".

Juan Andrés Piña, en su artículo "El circo a escena" ("Artes y Letras", 9 de septiembre de 2001) dio cuenta de cómo la presencia del circo se ha vuelto cada vez más fuerte en el teatro. Decía también que esta suerte de moda no tenía mucho que ver con la estética de algunas obras que tomaron al circo como tema dramatúrgico. Lo de hoy en cambio, viaja por dos vías. "La primera es", escribe Piña, "que una serie de compañías de todo el mundo ha asumido las características propias del espectáculo circense en sus puestas en escena, integrándolas como expresiones propias que potencian la expresividad de lo que ese montaje quiere narrar: vestuario, acrobacias, música en escena, historias que ocurren en espacios aéreos, pistas circulares, utilería desbordada...".

Como segundo tipo de esta figuración del circo en el teatro indicó el montaje de espectáculos al interior de una carpa, "con sus personajes y estilos más característicos, pero que superan la representación tradicional, básicamente ligada al mundo infantil".


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Don Abraham Lillo junto a Óscar Zimmermann, quien lo representó en
Don Abraham Lillo junto a Óscar Zimmermann, quien lo representó en "Las siete vidas del Tony Caluga".


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