WIKÉN

Viernes 19 de Marzo de 2004

Ignacio, el Hijo

Ignacio Achurra tiene una historia que contar. Una sobre ser hijo de Patricio Achurra.
Francisco Aravena F.

Tiene 24 años. "Hippie" es su primera teleserie y, en el momento en que esto sucede, el primer capítulo todavía no sale al aire. Al frente tiene a dos famosas actrices de televisión: Francisca Merino y Sigrid Alegría. Las dos famosas, las dos madres, quieren preguntarle algo. Así que él las escucha atento: "Ignacio ¿qué se siente ser hijo de un famoso?".

¿Qué se siente? ¿Qué se siente? Ignacio Achurra está sorprendido. Dos famosas preguntándole a él por la fama. Y él puede contarles una historia con moraleja.

Él puede darles un buen consejo.

SI LA FAMA FUERA UNA ENFERMEDAD, una isapre consideraría la de Ignacio Achurra como una condición preexistente. No tanto por la anécdota de ser hijo de uno de los actores de teleseries más recordados del rubro, sino por el momento en que Ignacio llegó a trabajar a una telenovela. Si hubiera debutado, por ejemplo, en la prematuramente hundida "Corazón Pirata", o en "Piel Canela", o en una exitosa como, por nombrar cualquiera, "Marparaíso", o en una de Televisión Nacional, su bienvenida al mundo de los que salen en pantalla hubiera sido distinta.

Pero Ignacio Achurra se incorporó al elenco de Canal 13 que sucedió a "Machos". Y con "Machos" las multitiendas convirtieron a los actores en modelos publicitarios y los productores los convirtieron en cotizados animadores de eventos. De manera que antes de que la teleserie saliera al aire Ignacio Achurra ya había dado varias entrevistas - al punto de citarse a sí mismo durante esta, la semana pasada- , había sido invitado a programas de televisión y había firmado un contrato para ser el rostro de una multitienda que quiso adelantarse a lo "real" contratando al potencial.

Más aún. Aun cuando "Hippie" - en la que él encarna a Enrique Villar, un personaje secundario- no había salido al aire, Ignacio Achurra ya había experimentado aquello que se ha dado en llamar "los sinsabores de la fama", cuando una incursión a un local de Irarrázaval donde él acostumbraba bailar se transformó en acosos, miradas, "qué te pasa, hippie cu..." y, como guinda de la torta, el robo de su camisa preferida. Y la triste conclusión de que lo que antes criticaba de sus colegas de televisión - que se divirtieran en los mismos lugares- tenía alguna razón de ser.

Días más tarde, cuando la teleserie llevaba dos capítulos emitidos, Achurra fue a comprar un par de cosas al supermercado en compañía de Jorge Zabaleta y Fernando Gómez-Rovira. Los reconocieron. Se tuvieron que ir. Y Achurra le comentó a Zabaleta que aún no se acostumbraba a reaccionar a ese tipo de situaciones. ¿Cómo pedir tranquilidad sin ser prepotente, sin ser poco amable?

Esta vez, Achurra era el que pedía un consejo.

PATRICIO ACHURRA, actor, ex galán de teleseries, figura pública, concejal DC de Paine, candidato a alcalde de la comuna de las sandías, profesor en la telenovela adolescente "16" - de TVN- y en su segunda parte, actualmente en producción, tomó una determinación drástica el mes pasado. Junto a su socio, Eduardo Mujica, cerró su escuela de actuación. La habían abierto quince años atrás, y era la tercera escuela de teatro no universitaria de Chile. Pero en quince años las alternativas académicas se multiplicaron. En quince años las escuelas se multiplicaron, y aquella con el apellido Achurra dejó de ser rentable.

El apellido a veces no lo es todo. Por ejemplo, cuando Achurra, Patricio, piensa en su padre piensa en un señor con otro apellido y un seudónimo: Luis Sánchez Latorre, Filebo, periodista, escritor, Premio Nacional de Periodismo, casado con la madre de Patricio cuando éste tenía cerca de cinco años. Al otro padre, al señor Achurra, lo perdió de vista antes, cuando se fue de Chile, llevándose su apellido al país de las teleseries, México.

Cuando Achurra, Patricio, piensa en sus hijos, en cambio, piensa en Achurra. En Macarena, la mayor, que se convirtió en fotógrafa publicitaria después de trabajar en relaciones públicas de Canal 13 y un frustrado intento por convertirse en camarógrafa de televisión. En Constanza, egresada de la Escuela de Teatro Achurra y Mujica, egresada de composición musical de la SCD, profesora de música y, en palabras de su padre "una extraordinaria cantante".

Y en Ignacio, por supuesto, ese flaco de 24 años que recién hace dos años le pudo ganar en una de las cosas en las que padre e hijo compiten: el salto con garrocha.

SI PICASSO TENÍA RAZÓN al afirmar que en el arte hay que matar al padre, Ignacio Achurra tuvo al suyo a tiro de cañón cuando entró a estudiar teatro a la Universidad de Chile. Pero no se animó a tirar del gatillo.

Ignacio, un tipo enrollado, racionalizador, crítico, autónomo, tenía un gran problema con Patricio en el camino de formar su personalidad: no tenía problemas. No tenía excusas para la rebeldía. ¿Te vas de viaje con tu polola? ¡Qué entretenido, pásalo bien! ¿Te suspendieron en el colegio? Oye, para qué te amargas la vida. Y así. Eso dice el hijo, eso dice el padre. Relación perfecta. Amigos, cómplices, compañeros de juego, de tenis, de salto con garrocha. Pero cuando Ignacio entró a la misma escuela que formó a su padre aprendió a distinguir un teatro de otro teatro - el "culto", por llamarlo de alguna manera, del "comercial"- y, sobre todo, a repudiar ese antro bastardo llamado televisión.

Le decían que había que desgarrarse en el escenario y él se desgarraba. Que había que empelotarse, y él se empelotaba. Él y sus compañeros estaban en proceso de inmersión en la intensidad de los primeros años, cuando una carrera se llama "forma de vida" y los profesores se llaman "maestros". Pero él se apellidaba Achurra, y Achurra era un galán de teleseries.

Achurra, Ignacio, sintió "cierto rechazo, cierto resquemor con este hijo de galán, de este circuito odiado". Y él mismo estuvo en la cuerda floja. "En algún minuto dije si es tan buen actor ¿por qué no hace buen teatro? Incluso le dije a mi papá: ¿Por qué no actúas en obras buenas? Tratando de redimir esa imagen, para que estos h... vean que tú puedes hacer un Shakespeare a toda raja. Y papá, como buen viejo, sabio, me dijo: Porque no tengo ganas, poh".

Una vez Ignacio estaba en una clase con un profesor al que ahora desprecia. El "maestro" les estaba encomendando la tarea de comentar una obra de teatro. Un compañero preguntó "¿puede ser cualquier obra?" y el profesor contestó que sí, pero de teatro-teatro, no como... Y ahí nombró una obra en la que actuaba Patricio Achurra. "A mí me dolió mucho, mucho", recuerda Ignacio. "Me hizo mucho daño. Me acuerdo que quedé muy destruido. Me sentí humillado". Lo peor, lo que más le dolió, fue que a pesar de ser un "puntudo", bueno para alzar la voz, dirigente universitario de izquierda incluso, Ignacio Achurra no dijera nada. "Estaba tan picado, y nunca encontré qué decirle. Ese fue un trago muy amargo".

Ignacio Achurra quería vivir en el teatro, pero el teatro no era cómodo. No le interpretaba. Era algo asociado al sacrificio, algo que se hacía pendiente de la evaluación de los maestros, a la exigencia.

Hasta que al final de ese viaje, Achurra terminó dibujando su propio itinerario. Achurra descubrió el placer cuando descubrió el teatro popular, y fundó con otros amigos la Compañía de Teatro Patriótico-Interesante. Y vio que lo que había hecho era bueno, cuando dirigió con su grupo "La epopeya de Juan el Crespo" - una adaptación colectiva de un cuento de Óscar Castro- y ganó el premio a la mejor dirección en el Festival de Nuevos Directores de la Universidad de Chile. Cuando ganaron un Fondart para itinerar con la obra, en febrero pasado, por la Octava y Novena región.

En ésta, la era de la reafirmación, quedaba espacio para la reivindicación del apellido. La que llega cuando en el pasillo del canal tantos compañeros le dicen que admiran a su padre. Y también esa en la que sus compañeros lo felicitan por estar en televisión y le piden que avise "si sabes de algo".

¿Y QUÉ LE CONTESTÓ Zabaleta ese día en el supermercado? "Es que Zabaleta es un divertido... nada, me contestó algo que no puedes poner", me explica.

¿Y qué le contestó Achurra a Sigrid Alegría y Francisca Merino? Les contó una historia.

"Mi papá siempre ha sido muy aterrizado. Jamás se ha sentido mejor que nadie por ser conocido ni mucho menos", explica. "Pero yo de niño... A mí nunca me explicaron. Nunca me sentaron y me dijeron: mira, tu papá es común y corriente. Yo lo único que sentía era que cuando yo decía que era Achurra los más grandes querían jugar conmigo a la pelota, las viejas del bazar de mi colegio me regalaban dulces, me hacían pasar primero en las colas, las profesoras me querían más a mí. Todo porque era Achurra", dice.

"A mí eso en mi infancia me causó hartos problemas, porque yo me sentía especial. Yo me creía un poquito la raja. Nadie me explicó, y uno cuando es chico no entiende. Y eso empezó a hacer que yo, con mi círculo cercano de amigos, me empecé a quedar super solo. Yo no era muy querido en mi curso".

Ignacio Achurra, director de teatro, hombre enrollado, orgulloso de su capacidad de autoanalizarse, era un niño enrollado también. Ha sido siempre así, dice, siempre de pensar cómo tiene que ser para ser mejor. En la vida y en el trabajo. Y esa vez, cuando pasó a sexto básico, cuando lo cambiaron de colegio, pensó en cómo tenía que ser para ser mejor. "Me dije ¿sabís qué? Vos seguís siendo así y no te va a querer nadie en la vida".

Cuando en primero medio entró al colegio Notre Dame, aunque todavía tenía "una actitud bien puntuda", según Felipe Jiménez, compañero y amigo, comenzó a aprender más cosas sobre las relaciones sociales. "Yo diría que fue la primera vez que yo sentí que amigos me querían".

Así que, para Alegría, Merino o quien quiera escucharlo, éste es el mensaje de Achurra, Ignacio, famoso, hijo de famoso. Es lo que le dijo a su hermana menor, hija del segundo matrimonio de su madre, Ximena, hermana de famoso, 12 años. "Lo primero que hice fue sentarla y decirle: tus amigas te van a pedir autógrafos míos. Disfruta, pásalo bien. Pero por favor no cometas el error que cometí yo", dice que le dijo. "Tú no eres más ni menos por eso".


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:Juan Francisco Somalo


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales