EL SÁBADO

Sábado 5 de Agosto de 2000


Los Grimaldi hoy: No todo lo que brilla...

El tiempo pasa y hasta los jóvenes más inquietos envejecen y se calman. Después de haber alimentado a la crónica rosa durante un cuarto de siglo, pareciera que las vidas de los príncipes de Mónaco han llegado a puerto. Final feliz, pensarán algunos. Pero las cosas tienen matices y esta felicidad hiela las sonrisas de quienes viven de la millonaria máquina publicitaria, que informa sobre la agitada vida de la realeza. Por eso la situación se está complicando en ese diminuto país de casi dos kilómetros cuadrados.
por Marcia Scantlebury

En un espacio encantador, donde todo pareciera ser mar, sol, palacios y gente linda, transcurre la existencia de los treinta mil monegascos, cifra que se duplica todas las mañanas con la llegada de los trabajadores pendulares franceses e italianos, y que se triplica a mediodía con la invasión turística. Y también el turismo se ve afectado por la serenidad de la familia Grimaldi que, obviamente, no vende periódicos ni responde mundanas curiosidades.

Su alteza, el casi octogenario Rainiero, anda mal de salud y en el último tiempo, según las malas lenguas, pasa largas horas en tareas tan importantes como seleccionar el modelo de motocicleta que utilizarán los quinientos policías que vigilan su reino. Alberto, el príncipe heredero, es motivo de crónica sólo porque a los 42 años todavía no encuentra esposa. Y porque es difícil saber si realmente la busca.

Mientras tanto, después de un matrimonio equivocado con el hombre inadecuado (Junot) y un matrimonio por amor concluido trágicamente (Stefano Casiraghi), a los cuarenta años, la trayectoria amorosa de Carolina ha culminado en un matrimonio que habría llenado de orgullo a su madre, Grace Kelly. Sobre todo si fuese verdad que ella tenía la práctica costumbre de hojear el almanaque del Gotha para identificar a los mejores partidos en el mercado, pensando en su primogénita.

Su matrimonio con Ernst de Hannover le permitió acceder al grupo ultraexclusivo de los "nobles de la barbacoa". Los mismos que el príncipe Carlos invitó el mes pasado a Highgrove, al aristocrático picnic con que se festejaron los sesenta años del ex rey Constantino de Grecia. Carolina estuvo presente, pero a pesar de su linaje los Grimaldi son la dinastía soberana más antigua de Europa, el motivo de su invitación al evento fue más bien el parentesco adquirido a causa de su estrepitoso matrimonio literalmente "real". De hecho, durante sus primeros cuarenta años, ante la consternación de su madre, jamás había sido convocada a encuentros de este tipo, en el que participan reyes, algunos en el exilio y nobles del máximo nivel heráldico, muchos primos entre ellos.

Ahora la llaman la nueva reina de Marienburg, que es el nombre de su residencia oficial. Este castillo del ochocientos fue mandada a construir por Jorge V, el último rey de Hannover, para su esposa María. En un imponente estilo neogótico, son notables sus torres y puentes levadizos, y son tantas las habitaciones (alrededor de 160), que hay algunas que ni siquiera el dueño de casa conoce.

Carolina ha pasado a ser de rica a riquísima. Su vida transcurre entre Londres, Montecarlo, Nueva York y su suntuoso yate, Pache, en el cual enfila rumbo al Caribe o a Estambul. Amortizado el dolor por las pérdidas trágicas de su madre y su esposo, pasa por un buen momento e incluso ha confesado a sus amigos sus intenciones de tener otro hijo.

Escándalo de portada

La escasez de noticias sobre amores turbulentos, matrimonios múltiples, traiciones, divorcios y embarazos de los Grimaldi, está poniendo nervioso a los medios sensacionalistas, que siguen escudriñando en basureros, patios traseros y ojos de la llave.

Sin embargo, en estos días consiguieron un escándalo de portada: durante un paseo por la feria mundial de Hannover, el aristocrático príncipe Ernst protagonizó una ernestada, al orinar en público en la fachada de madera del pabellón de Turquía.

Agrava la situación el hecho de que el gesto tenga antecedentes, ya que este no es sino la repetición de una escena captada por los fotógrafos, el año pasado, junto a la fachada del hospital donde nació su hija Alexandra.

El marido de Carolina, quien se ha caracterizado por sus poco heráldicos modales con los fotógrafos, también fue acusado de abusar del alcohol y de frecuentar un ambiente donde se consumen drogas. Y en la misma noche de su exhibición de incontinencia urinaria, sufrió un desmayo en otro acto público y tuvo que ir a un servicio de urgencia. Por último lanzó toda suerte de insultos y groserías a una redactora del periódico alemán Bild, la que lo demandó por este arranque.

Pero en estos días a los Grimaldi les llueve sobre mojado y un huracán nada frívolo amenaza seriamente a uno de los pilares de la economía monegasca: las finanzas. Mónaco siempre ha tenido todo lo que se necesita para atraer a gente con plata. Y está claro que dinero no le falta: sesenta bancos discretísimos custodian alrededor de veinticinco mil millones de dólares.

Se trata de billetes atraídos a este lugar porque ahí no se pagan impuestos y nadie hace preguntas impertinentes sobre el origen del billete. Sin embargo, este singular atractivo se ha convertido en un boomerang, ahora que Europa ha desencadenado una guerra discreta pero efectiva contra los paraísos fiscales y los lugares donde van a dar las platas de dudosa procedencia.

Ya le tocó a Liechtenstein, donde, por presión de la Unión Europea, un puñado de sospechosos de lavado de dinero fueron a dar a la cárcel. Se sabe también que los investigadores tienen sus ojos puestos en Luxemburgo. Y no puede excluirse la posibilidad de que más temprano que tarde le toque a Mónaco.

La señal de que algo está pasando vino cuando se hicieron públicas las rentas y riquezas privadas de su alteza. Y a raíz de esto se supo que él recibe cada año del gobierno veinte millones de dólares, para sus gastos personales y los de su familia. Luego alguien se ocupó de sacar las cuentas de lo que hay en los bolsillos de Rainiero y concluyó que él posee en total una cantidad 75 veces mayor.

Lo grueso está representado por 110 departamentos ubicados en los lugares más hermosos del reino. Uno de mil metros cuadrados era ocupado por el banquero Edmond Safra, quien murió en diciembre pasado en un incendio doloso. Además, el príncipe posee en Francia un magnífico castillo con un bosque, una mansión en los Alpes franceses, la tercera colección de estampillas más rica del mundo y una serie de autos antiguos. Dispone de un millón doscientas mil acciones de la Sociedad de Baños de Mar, de la sociedad propietaria del Casino, del Hotel de París, de decenas de otros bienes inmuebles y negocios como el jardín zoológico. Y recibe un porcentaje de lo que se obtiene por la venta de los objetos turísticos que llevan el emblema del principado.

Este cerco que la revista italiana LEspresso atribuye a los franceses pareciera estar destinado a hacer entender a Rainiero y sus sucesores que alguien comienza a aburrirse y querer cambiar las reglas del juego en este paraíso financiero, donde el 86 por ciento de los residentes son extranjeros, hay seis mil sociedades de personas y mil cuatrocientas sociedades inmobiliarias. Se trata de los canales clásicos por donde circulan monedas de cualquier origen y destino. Y LEspresso asegura que en los bancos de Mónaco hay de todo, incluso una jamás cuantificada cantidad de oro y de valores (dólares y esterlinas), depositados hace sesenta años por los nazis.

Mientras tanto en París, el Ministerio de Finanzas creó un Servicio de Residentes Monegascos, nombre anodino detrás del cual se esconde una aguerrida patrulla de funcionarios que pasan por el microscopio la vida y bienes de cualquiera que lleve plata a Mónaco. Fueron ellos los que detectaron la pista que condujo al secuestro de cincuenta millones de dólares, provenientes del tráfico de droga y depositados en este y en otros trece países.

También son ellos los que siguen atentamente las movidas con olor a lavado de dinero de un grupo de italianos, desde la noche en que Domenico Ioculano, un calabrés de cuarenta años domiciliado en Mónaco, fue asesinado con seis tiros, incluido uno de gracia en el garaje del rascacielo donde vivía.

Un informe de la policía francesa aseguró que organizaciones criminales italianas habrían "puesto sus ojos sobre el casino para lavar dinero sucio". Y aunque se sabe que el palacio, mezcla de estilos liberty, barroco e imperio, no es hoy la fuente de ingresos que fue hace medio siglo (en Europa hoy hay dos mil casinos), continúa contribuyendo con un cuatro por ciento a los ingresos estatales.

Sin darse por aludido, Rainiero III, príncipe soberano de Mónaco por gracia de Dios, promulgó en estos días la ley 1.222, que establece que ningún residente puede ser extraditado por reatos fiscales y financieros.

La otra Charlotte

De acuerdo a los expertos en mercadotecnia, lo que necesitaría con urgencia este principado de cuentos de hadas es una renovación de su imagen de isla feliz donde todo lo que brilla es oro. Sin embargo, por el momento, sigue proyectando las consabidas imágenes donde sólo cambian los protagonistas. Y en la actualidad, la bajada de perfil de Carolina ha significado que los faros se estén encendiendo sobre su hija Charlotte, tan atractiva como su madre y con una extraordinaria semejanza con la bisabuela de la cual heredó el nombre.

"Ha nacido una estrella", tituló Paris Match, refiriéndose a una muchacha que parece sintetizar todas las cualidades indispensables para hacer soñar. Y una vida que no es de envidiar, aunque esté circundada de privilegios. Porque su futuro ya está hipotecado. Antes de los catorce años, la bella muchacha ya es una estrella perseguida y espiada por los paparazzi y la prensa sensacionalista ha comenzado a especular sobre sus hipotéticos romances.

Aficionada a la hípica, el tenis y la natación, esta adolescente, que tiene la manía de vestirse de lila, ha empezado a ver su nombre continuamente asociado al del futuro rey de Inglaterra, el hijo de lady Diana, ya rebautizado Guillermo el Conquistador. Esta insistencia majadera de la prensa rosa, que no pierde la esperanza de que se enamoren y se casen, a diferencia de lo que sucedió con Carolina y el príncipe Carlos, enervaría a cualquier adolescente normal. No obstante, a Charlotte pareciera que le resbala y se ha mostrado impermeable a esta aburrida cantinela, avalada por astrólogos que pronostican que amará a hombres brillantes y se casará con un soberano reinante.

Según la revista Il Venerdi, hojeando el árbol genealógico de los Grimaldi se llega a la conclusión de que son las figuras femeninas las que destacan por su anticonformismo y fuerza de carácter. Y Charlotte en particular es un nombre que ha caracterizado a personajes muy potentes. La madre de Rainiero, bisabuela de la encantadora señorita Casiraghi que se le parece como una gota de agua, era la hija de una lavandera argelina.

Luis II, el príncipe soldado que se había enrolado en la Legión Extranjera, durante una campaña en el Sahara, tuvo una relación amorosa con una lavandera de Costantina: Juliette Louvette. De esta nació Charlotte Louise, quien fue reconocida de inmediato por el padre, pero creció en Algeria.

Finalizada la I Guerra Mundial, como la dinastía de los Grimaldi corría el riesgo de extinguirse, la graciosa jovencita de rasgos exóticos fue llamada a la corte. La entregaron en matrimonio al noble Pierre de Polignac, al que no amó jamás y del cual se divorció rápidamente. Pero antes echó al mundo dos hijos: Rainiero, actualmente en el trono, y su hermana Antonieta.

De los retratos de Charlotte Louise, duquesa de Valentinois, princesa de sangre mixta, y también ella muy criticada por su comportamiento poco convencional, emerge un parecido impresionante con la nieta Carolina y, por lo tanto, con su homónima bisnieta Charlotte.

Sin embargo, existe otra hijastra del mismo nombre cuyas andanzas parecen inigualables. Se trata de la princesa Charlotte Catherine, consorte del príncipe Luis I que reinó hasta fines del seiscientos. Dama caritativa en su patria, en París se convirtió en la amante del Rey Sol, condujo una vida extremadamente disoluta que incluyó pasiones tempestuosas con hombres y mujeres. Antes de morir a los cuarenta años, pidió y obtuvo que su corazón fuese enterrado en el Convento de la Visitación en el principado.

Sus súbditos, que la consideraban una libertina impúdica y adúltera pública, consideraron el suyo un gesto sacrílego. Un siglo más tarde, la urna fue transferida a la capilla privada del Palacio Real. Y desde entonces sobre los descendientes de la casa Grimaldi se cierne una sombría leyenda: ninguna de ellas será nunca feliz en amores, por lo menos hasta que ese corazón impuro sea custodiado en la iglesia de los príncipes. Se trata de la maldición de Charlotte, la cual Carolina ya ha sufrido en todas sus versiones, pero a la cual, evidentemente, no le concede ninguna importancia. Porque, si fuese así, habría elegido otro nombre para su primogénita.





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La bajada de perfil de Carolina y la mala salud de Rainiero ha significado que la atención noticiosa se centre sobre Charlotte.
La bajada de perfil de Carolina y la mala salud de Rainiero ha significado que la atención noticiosa se centre sobre Charlotte.
Foto:Gamma


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