VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 27 de Agosto de 2005

Decoración
Un Eterno Fin de Semana

Desde principios de año, Paula Valdés y su familia viven en una amplia casa en Chicureo. Decorada por ella misma con muebles de líneas contemporáneas y otros que recibió en herencia, señala que no le teme a las mezclas y que la estética debe ser también acogedora.

Texto, Soledad Salgado S. / Producción, Carolina Ovalle N. / Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

Atrás quedaron los días en que los hijos de Paula Valdés se pasaban la tarde pegados al televisor. Ahora no les ve ni la sombra. "La calidad de vida ha mejorado mucho. A nosotros nos encanta que hagan deporte, que jueguen en la calle sin peligro, a la antigua. Lo pasan increíble", comenta. Después de esa declaración queda de manifiesto que entre las principales motivaciones para trasladarse a Chicureo estaban sus hijos de 13, 8, 6 y 5 años. Además el loteo escogido, La Hacienda, cuenta con cancha de golf, ideal para su marido que alterna el trabajo con una fuerte pasión por ese deporte. Sólo a ella le ha costado un poco acostumbrarse a dejar su ajetreo urbano debido a la distancia, pero comenta que llegando el fin de semana, no le dan ganas de salir y que goza su casa al 100%.

Se cambiaron en diciembre del año pasado, pero cuando llegaron era tal el tierral, que Paula tomó a los niños, dejó las indicaciones pertinentes y se fue a la playa hasta que finalizaran las instalaciones. En marzo ya tenía la casa armada. Como es mujer organizada, y además de ser fotógrafa está realizando proyectos de decoración, mandó a hacer algunos muebles, compró otros y distribuyó mentalmente los objetos de la casa anterior.

- Me encantan las mezclas. Cuando me gusta un adorno siento una cosa medio estomacal, ansiedad por tenerlo, y me las arreglo para ponerlo en la casa. En los muebles, eso sí, trato de comprar cosas buenas, que no me aburran fácilmente y que no pasen rápido de moda. Para elegir cuadros soy absolutamente moderna.

En el living, por ejemplo, hay varios muebles de la tienda de Patricia Vargas, como unos sitiales que retapizó con una tela listada blanco con negro que compró en Buenos Aires. En esa misma ciudad se enamoró de dos sillones de madera y gamuza diseñados por Eugenio Aguirre y se los trajo en avión. Sin miedo a los contrastes, mezcló elementos orientales como un mueble chino de la desaparecida tienda La Compañía, con una banqueta realizada por Clara Gil y dos sofás capitoné tapizados en seda rústica que mandó a hacer. Incluso hay objetos que pertenecieron a su madre, como las alfombras persas y una mesita lateral redonda; además de objetos comprados en anticuarios y otros traídos de un viaje a Cuba.

Uno de los muros del comedor se pintó rojo, aportando fuerza y dinamismo a la ambientación. Este espacio está compuesto por sillas de cuero, una mesa de cristal y una lámpara de líneas muy finas que da una agradable luz.

Para los dormitorios de los niños eligió muebles sencillos y de madera, acorde a sus edades. Uno de ellos tiene una cama nido para cuando invita a sus amigos y el otro, un modelo cuja. En ambas piezas se advierte un gusto por los medios de transporte, pues mientras en la del menor destaca una colección de autos, tractores y aviones, en la del mayor hay varios posters de autos Porsche que Paula le mandó a enmarcar.

En las habitaciones de las niñas, en cambio, todo es blanco y rosado suave. Camas de fierro en las que caen velos de gasa y una serie de muñecas antiguas que ha ido comprando con el tiempo, dan un carácter muy femenino.

El color inunda la sala de estar de los niños, un espacio pensando para ellos. "Aquí pueden hacer lo que quieran, pero en los dormitorio no", comenta. En el lugar, una alfombra con círculos en diferentes tonos, de la tienda Wool, es protagonista. La acompañan dos chaise longue de felpa roja, que viven llenas de peluches y juguetes, y una cómoda de La Compañía que ayuda a mantener el orden.

En el dormitorio principal, la dueña de casa optó por colores crudos en las cortinas y por una cama de cuero que está vestida con una piecera de piel, que trajo de Buenos Aires. "El problema en este espacio era cómo poner la gran cantidad de libros que tiene mi marido sin que se viera pesado. Por ello mandé a hacer un mueble blanco decapado, con repisas de vidrio, que ocupa casi toda la pared", cuenta Paula.

Los libros también aparecen en el escritorio, que es más bien una sala de estar multifuncional para reunir a la familia a la hora del estudio, ver una película o simplemente conversar. Todo en una armoniosa y cómoda mezcla de beige y naranja.

Como una manera de aprovechar el aire libre en los meses cálidos, Paula armó en la terraza tres ambientes: uno de estar donde destaca una mesa de centro de Rafael Hurtado, otro de contemplación con una serie de jarrones azules sobre una mesa decapada blanca, y un comedor, con una mesa que era de su hermana, ideal para los almuerzos primaverales.

Ambientes amables y cómodos que demuestran la importancia que su propietaria da a una estética acogedora.


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Foto:Sebastián Sepúlveda Vidal


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