ARTES Y LETRAS

Domingo 10 de Febrero de 2013

Nuevo volumen Mansiones en la capital
Libro reúne legendarias mansiones al norte de la Alameda

Un relato ameno sobre el Santiago de fines del siglo XIX y principios del XX a través de la historia de los 20 más grandes palacetes que se construyeron en esa época -como La Alhambra, Pereira, Elguín, Edwards y Subercaseaux- reconstruye el libro "Palacios al norte de la Alameda. El sueño del París americano", de reciente edición.  
Maite Armendáriz Azcárate Cada uno resultó ser una novedad, y ¿cómo no? Santiago era una ciudad con sus calles sin pavimentar, un río que se desbordaba y terremotos que destruían. Ver entonces aparecer grandes palacetes de diseños extravagantes y con lujos inimaginables parecía un sueño. Investigar sobre quiénes los construyeron, conversar con quienes los recuerdan, recorrer sus historias y lo que queda de ellas fue el trabajo que realizaron los jóvenes expertos en patrimonio Fernando Imas Brügmann y Mario Rojas Torrejón, autores del libro "Palacios al norte de la Alameda. El sueño del París americano". La obra -editada por Soledad Rodríguez-Cano- cuenta con el patrocinio de la Corporación de Amigos del Patrimonio Cultural de Chile y el auspicio del Banco Bice, bajo la ley de donaciones culturales.

"En este libro intentamos retratar la transformación social que vivió Chile junto con el auge económico que el siglo XIX representó para algunas familias", precisa Mario Rojas. El autor reconoce que en Chile muy pocas casonas merecen denominarse palacios, no obstante por su arquitectura y estilo de vida de sus ocupantes, este adjetivo puede muy bien habérsele dado al palacio Urmeneta, que se ubicó en la calle de las Monjitas, "hasta su torpe demolición, a fines de los años veinte", sentencia.

Recuerda que una similar condición tenía el palacio Concha Cazotte. El libro cuenta la historia de esta impresionante mansión construida en 1876, rodeada de jardines con exóticos árboles, esculturas y fuentes de agua, en cuyas paredes tapizadas de seda se lucían pinturas de Rubens, Barbiere y José Ribera. Y en sus salones brillaban las lámparas de Baccarat, la vajilla de plata maciza y las escalinatas de mármol. El edificio fue mandado a construir por el descubridor del mineral de Caracoles y luego lo compró Enrique Concha y Toro como regalo de matrimonio para su mujer, doña Teresa Cazotte Alcalde. Sin embargo, este palacio de arquitectura morisca sucumbió a inicios de los años 30.

Entre los que sobrevivieron, Mario Rojas destaca el palacio Pereira, que hoy espera su restauración tras largos años de abandono; el palacio Edwards, que sirve a la Academia Diplomática; el palacio Bruna, que en la actualidad alberga a la Cámara de Comercio, y el palacio Elguín, que a pesar de conservar sus lujosos salones casi intactos, hoy está convertido en un local de repuestos de autos, por la falta de interés de instituciones o empresas para ocuparlo.

Testigo de animadas tertulias, también subsiste el palacio Alhambra: "Cuando lo recorrimos -recuerda Rojas-, nos sorprendió la calidad artística que presentaba su decoración, con trabajos de pintura y yesería excepcionales; lamentablemente, muy deteriorados, a raíz del último terremoto. Sé que este gobierno ha entregado fondos para su restauración, algo bueno si pensamos que en los últimos 20 años nuestro patrimonio arquitectónico ha sido relegado a un segundo lugar".

Otro de los palacios estudiados es el Larraín Zañartu, que albergó por años al diario "El Mercurio", hoy remodelado y convertido en un centro comercial. "Creo que la obra del arquitecto Gonzalo Martínez fue un acierto urbano si consideramos que el inmueble se mantuvo inerte por largos años y con peligro de derrumbe".

Hallazgo de personajes

El libro también revela la importancia de algunos personajes hasta ahora desconocidos. Fernando Imas recuerda la destacada vida que tuvo en Francia el matrimonio Blanco Gana y su familia. Esta pareja se codeó con lo mejor de la sociedad francesa; "su hija Teresa se casó en la exclusiva iglesia de La Madeleine, siendo padrinos el emperador Napoleón III y la emperatriz Eugenia de Montijo, quienes le regalaron a los esposos un increíble amoblado negro de salón, decorado en papier maché con escenas chilenas hechas con nácar, que vi hace un tiempo en una casa de antigüedades de Santiago", señala Imas.

Y así como se descubren historias de amor y contratos entre ilustres, los autores develan en detalle el alhajamiento con que se decoraban estos lujosos espacios, los materiales de construcción en su mayoría importados, y hasta los más rebuscados accesorios femeninos que evidencian las modas con que vestían damas y caballeros que los habitaban. Tampoco se omiten los bailes, las comidas y el particular modo de relacionarse.

"Si para una parte de esta sociedad su finalidad era mostrarse y demostrar que tenían dinero, también había otra parte donde el lujo era una necesidad real, parte de un estilo de vida que se relacionaba con el escenario de los grandes palacios y el Santiago afrancesado que se estaba recreando", dice Fernando Imas. Explica que estos palacios servían de escenario no sólo de fiestas y celebraciones, sino también para sellar acuerdos políticos, enlaces matrimoniales, transacciones comerciales.

Al terminar el libro, los autores decidieron viajar a París para llegar al fondo de esta moda que inundó las calles de nuestra capital. Aseguran que en la capital francesa encontraron la analogía perfecta: los Hôtel Particulier. "Se trata de esas fantásticas residencias insertas en la trama urbana, que son parte de barrios, cercanas al comercio, los teatros, el mercado, el congreso, y que tienen vecinos muchas veces no tan aristocráticos, tal como ocurría en el centro de Santiago".

El volumen -diagramado por Ximena Ulibarri- recoge valiosas fotos de época, pero también revela el estado actual de los inmuebles fotografiados por Marcos Mendizábal.

"Fue gratificante ver cómo la gente comenzó a sentir interés por estos edificios, cuando los visitábamos", recuerda Fernando Imas. Asegura que los transeúntes, los mismos cuidadores o vecinos del lugar, empezaron a darse cuenta del real valor de las construcciones que les eran tan cotidianas y, a veces, hasta invisibles. "Esperamos que el dar a conocer esta parte de nuestra historia permita a más personas valorar el patrimonio cultural que nos va quedando", concluye Fernando Imas.

 


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<p> El palacio Bruna fue construido en 1917 (foto extrema izquierda), obra del arquitecto Julio Bertrand Vidal. Hoy alberga la Cámara Nacional de Comercio, Servicio y Turismo de Chile.</p>

 El palacio Bruna fue construido en 1917 (foto extrema izquierda), obra del arquitecto Julio Bertrand Vidal. Hoy alberga la Cámara Nacional de Comercio, Servicio y Turismo de Chile.


Foto:MARCOS MENDIZÁBAL COLECCIÓN IGNACIO CORVALÁN


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