ACTIVIDAD CULTURAL

Sábado 14 de Noviembre de 2009

 
El arte rescata la aguja y el crochet

Sólo como un arma más para su trabajo. Bien lejos de temas feministas, las artistas de hoy eligen el punto cruz de sus abuelas.  
Daniela Silva Astorga "Lo que más me interesa es cómo uno invierte horas de movimientos sistemáticos. Cada punto representa un trocito de tiempo que se acumula y se nota", comenta Francisca Amenábar (22), alumna de Arte en la UC. Debutó en el bordado porque le gusta la composición pictórica, pero sin óleos ni acuarelas. Tal como ella, muchas creadoras rescatan gestos femeninos y domésticos -casi considerados arte menor- sin querer queriendo. Simplemente usan el bordado, el tejido o la costura como un arma más para sus obras. "Antes eso no pasaba tanto. Al hacer clases me impresionó cómo estas técnicas han ido marcando territorio. Se busca usar labores menos preciadas", dice la artista visual Catalina Bauer.

Eso sí, aquí no brilla el romanticismo de rescatar un acto maternal e íntimo para llevarlo a la esfera pública. Menos la inquietud de poner en escena problemas del género. Aunque excepciones habrá, las artistas de hoy prefieren escaparse de esos temas e ir más allá: que estos puntos se desprendan de su rótulo rosa y se lean, de una vez por todas, como arte.

"Usé el crochet porque quería hacer algo enorme", cuenta Bauer (33). Le pidió a su abuela que le enseñara, y finalmente logró su meta. Ayer abrió, en Galería Die Ecke, la exposición "Chacra", formada por un tejido abstracto de casi 24 metros cuadrados. Crochet y pitilla de nylon en mano, comenzó a trabajar en marzo. La idea no era mostrar conceptos profundos; sí una creación manual intensa. Y no la hizo sola: se asoció con 10 señoras del taller de tejido de La Casa de la Mujer de Huamachuco (Renca). Un espacio que reúne a mujeres con problemas de recursos o de violencia intrafamiliar, pero ella insiste en que no se involucró con esos temas. "El arte feminista está muy manoseado. Es una mala jugada querer ser parte de él, porque ya ha perdido sentido de tanto que se ha hablado de él", sentencia.

Su gran tejido se ve como una zona geográfica que ha crecido de manera desbordada y se notan los relieves de un territorio con muchas vidas: según su personalidad cada mujer tejió círculos a palillo suelto, apretado o poco prolijo. Quizás muchas aprendieron por su cuenta. Por eso poner en el saco de "bellas artes" a una manifestación como el punto cruz o el tejido ha sido debate histórico. Por años ambos, y también el arte textil, han vivido en una frontera difusa. ¿Es artesanía o arte?

¿un Arte menor?

A pesar de que Violeta Parra demostró que las arpilleras son arte (hasta llegó al Museo de Artes Decorativas del Louvre), las manualidades jamás se han librado de los prejuicios. "Pero últimamente el tejido ha tenido un auge. Se valora como tarea compleja. Como ejemplo, las urdidoras primitivas eran elegidas a dedo. Debían ser memoriosas y matemáticas", comenta Ruth Vuskovic, antropóloga e investigadora textil.

"Claro, aún éste es arte menor. Estoy súper consciente, confronto el lado erudito con lo popular de las artes", apunta Valeria Faúndez (24). Ella comenzó a intervenir soportes jamás pensados como "bordables". Y ya ha experimentado harto: coladores, envases plásticos desechables y telas con diseños que alteró. Ahora está atareada con los envases. Uno de Clorinda lo deja como joya decorativa. Suena simple, pero no lo es. Ella aclara: "Genero una contradicción. ¿Cómo un bordado perfecto está en una botella plástica y no en un tapiz? Es súper raro. Mi obra tiene connotación social". Recién acaba de abrir "Playground", un jardín bordado que interviene la terraza de Sala Cero.

Valeria grafica nuestra realidad y lo primero que recuerda es cómo las clases de técnico manual se separaban por sexo. Los niños cosían, las niñas bordaban. "Siempre va a haber un vínculo entre el arte femenino, el feminismo, la manualidad y el arte textil. Existen hombres que toman agujas, pero estamos tan marcados culturalmente, que eso nos sorprende". "Aquí se asume que las mujeres son las que toman aguja e hilo, así que yo prefiero no enfatizar eso con temáticas del mismo corte. Y hay varias de mi generación en la misma parada", dice Amenábar.

 


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