NACIONAL

Sábado 22 de Octubre de 2011

Pueblo rural de Zapallar estuvo 40 años sin párroco:
Nuevo cura de Catapilco reconstruye los lazos con los feligreses

El lugar de 1.786 habitantes, famoso por el sacerdote que postuló a la Presidencia en 1958, desde hace seis meses tiene un nuevo párroco residente.  
HERNÁN CISTERNAS ARELLANO Aunque el pueblo rural de Catapilco tiene historia propia, que se remonta a la época prehispánica con los primeros asentamientos indígenas, su nombre saltó a la fama en 1958, cuando el cura párroco local, Antonio Zamorano Herrera -que había abandonado los hábitos dos años antes- se presentó como candidato independiente a la Presidencia de la República, postergando en 12 años la elección de Salvador Allende.

Los 41.244 votos que obtuvo entonces, particularmente en Valparaíso, Aconcagua, Talca y Linares, fue el margen que separó a Allende de Jorge Alessandri, ratificado por el Congreso Nacional como Presidente para el período 1958-1964.

Aunque desde entonces Catapilco se ha asociado permanentemente a la figura del cura, durante cuatro décadas el poblado de 1.786 habitantes careció de un sacerdote residente.

Recién hace seis meses la localidad volvió a tener párroco propio con la llegada del presbítero Pedro Vera Imbarak, sacerdote diocesano de 63 años, quien comparte su labor pastoral con la creación literaria y el dibujo.

El trabajo del padre Vera no ha sido fácil. Basta conversar con los residentes en Catapilco para darse cuenta que lo más compleja ha sido recuperar la confianza de una comunidad que se sintió abandonada durante 40 años.

La marca de Zamorano

No fue suficiente que una vez a la semana acudiera al pueblo un sacerdote de otra localidad a oficiar misa, dice Clara Mondaca: "para un bautizo, matrimonio o funeral había que ir a buscar curitas a otras partes, con un costo que no siempre podíamos pagar. La gente echaba de menos los tiempos del padre Zamorano, el cura de Catapilco".

Para Julio Fernández, un catapilcano que camina lento por un problema pulmonar debido al cigarro, "el nuevo párroco tiene que bajar los cobros, en especial las sepulturas del cementerio. Aunque fue un cura 'diablazo', la gente recuerda todavía los tiempos de Antonio Zamorano, a pesar de que el pueblo se dividió en un bando que lo apoyaba y otro que lo rechazaba".

Para Julia Zamora, que reside en San Luis 159, donde estuvo la escuela parroquial creada por Antonio Zamorano, la desconfianza que se generó en contra de los clérigos se debió a que "los que venían de fuera nunca los pudimos conocer bien".

María Inés Fernández, que se detiene en la puerta del templo para conversar con el nuevo cura, agrega que "esto es distinto. Cuando hay mayor disposición hay mayor confianza".

El padre Pedro Vera, que toma con humor las bromas que recibe de sus amigos, afirma que Catapilco debe confiar en que él no irá a ninguna elección popular. "Yo ya fui elegido por Dios para servir como sacerdote, y estoy feliz en esto".

Tras dejar su labor pastoral, Antonio Zamorano fue regidor por Zapallar y diputado por Quillota-Valparaíso, antes de ser candidato presidencial.

Recelo y prejuicios

Vera reconoce que la prolongada ausencia de un sacerdote residente en Catapilco privó al pueblo de un servicio religioso como ellos querían. La presencia esporádica de un cura les impedía participar y asumir la vida cotidiana de la comunidad.

"Se acostumbraron a trabajar solos, a sobrevivir a su manera en aspectos básicos de la Iglesia. Miran con recelo la presencia del párroco. Cuando me acerco a conversar con jóvenes, lo primero que salta son los prejuicios contra los curas. Aprecio cierta agresividad. Para poder trabajar en Catapilco necesito la cooperación de la gente de aquí".

Para reconquistar a los fieles, Pedro Vera está impulsando la formación de grupos eclesiásticos en torno a comunidades neo-catecumenales, una tendencia al interior de la Iglesia de la cual él es un antiguo sostenedor.

Previo a su arribo, la parroquia de Catapilco registraba 20 bautizos y 7 matrimonios en 10 años. Desde que llegó suma ya 20 bautizos y 2 matrimonios.

 Antigua hacienda y estaciónDe las cuatro localidades de la comuna de Zapallar (Zapallar, Cachagua, La Laguna y Catapilco), este poblado es el único que no está en la costa sino en el valle agrícola interior, entre la vía férrea y la Ruta 5 Norte, a 138 km de Santiago y 87 km de Valparaíso.

En la época colonial sus terrenos formaban parte de la Hacienda de Catapilco, de 30 mil hectáreas dedicadas básicamente a la ganadería. A fines del siglo XIX el mayor desarrollo del pueblo se logró con la construcción del embalse de Catapilco, que reactivó la agricultura, y la instalación de Catapilco Mining Co, dedicada a la explotación de yacimientos de oro en el cerro El Blanquillo.

Ya a principios del siglo pasado, la estación de Catapilco en el ramal norte era el punto de encuentro de los veraneantes que viajaban a los balnearios de Zapallar y Maitencillo.



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Al padre Vera le preocupa el fuerte consumo de alcohol en los jóvenes del pueblo, el embarazo adolescente y los conflictos familiares. Quiere colaborar con el municipio de Zapallar para desarrollar programas que ofrezcan otras alternativas.
Al padre Vera le preocupa el fuerte consumo de alcohol en los jóvenes del pueblo, el embarazo adolescente y los conflictos familiares. Quiere colaborar con el municipio de Zapallar para desarrollar programas que ofrezcan otras alternativas.
Foto:TOMÁS FERNÁNDEZ
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