EL SÁBADO

Sábado 23 de Agosto de 2014

 
El lado Coliqueo de Beausejour

Su familia materna es de Alto Huilío, un sector donde suele reencontrarse con sus raíces. Sobrino nieto de lonco, el futbolista dice que apoya al intendente Huenchumilla, que lee a Pedro Cayuqueo, que no le cree a Villalobos, que empatiza con Catrileo y con los Luchsinger, y que el conflicto en La Araucanía es un problema de Estado. Esta es la historia mapuche del seleccionado chileno.  
Claudio Gaete Ilustración Francisco Javier Olea Andrés Coliqueo fue el primero de la familia en emigrar a Santiago, desde la comunidad de Alto Hulío, una zona rural ubicada a 27 kilómetros de Freire, hacia la costa, en la región de La Araucanía. Se vino muy joven a vivir a Los Carmelos, en Estación Central, y pronto consiguió trabajo en Standard Electric, y después en Alcatel. Allí crió a su hija Viviana, y entre ambos a su nieto Jean André Emanuel Beausejour Coliqueo.

Hoy, con 30 años recién cumplidos, Beausejour dice que sigue siendo del mismo barrio, que en realidad no siente que se haya ido del departamento donde vivía, en un edificio de blocs, ni que haya dejado la cancha de baby que estaba allí, justo al lado, donde se quedaba a veces de madrugada jugando con sus amigos, "hasta que me agarraban de las mechas para que me fuera a acostar, porque al otro día tenía clases".

Trata de ir todas las semanas para allá. Su abuelo Andrés aún vive ahí y Beausejour lo visita con su hijo de 6 años, Joaquín. "Por las circunstancias de la vida y por lo que es este país, uno tiene que irse a otros barrios, pero lo ideal sería que uno pudiera desarrollarse en el mismo ambiente siempre. Lamentablemente, las oportunidades en Santiago y en Chile solo están en algunos sectores, y uno tiene que emigrar, pero mi barrio todavía sigue siendo parte de mí", afirma.

De regreso tras una década jugando en Suiza, Bélgica, Brasil, México e Inglaterra, Beausejour dice que su traspaso a Colo Colo tiene un simbolismo especial, porque lo conecta con sus ancestros mapuches, algo de lo que se siente orgulloso.

Desde pequeño nunca dejó de visitar a sus tíos, sus primos y sus amigos en Alto Huilío, un lugar alejado, donde hace poco, afirma, instalaron el primer teléfono público. "Tenemos suerte de tener casa allá y para mí ha sido parte de mi existencia, de mi infancia, de mi adolescencia, de mi vida de adulto, ha estado presente en todas las etapas de mi vida".

Sus recuerdos de infancia incluyen salir a las seis o siete de la mañana con su primo Manuel a dejar bueyes, caballos y ovejas para que fueran a pastar. "Para nosotros era una aventura; para ellos, un trabajo. Nosotros decíamos qué lindo ir a dejar a los animales a pastar, pero me imagino que en el invierno era algo terrible. Después de eso tomábamos desayuno en familia: leche, ulpo, tortilla al rescoldo que hacía mi abuela. Luego teníamos tardes interminables con mi primo, en las que salíamos al campo sin hora de retorno, y cuando nos pillaba el hambre lo pasábamos comiendo mora y maqui, o bien nos deteníamos en una casa y resultaba que eran familiares. Recién cuando veíamos que la noche iba creciendo nos devolvíamos a la casa", recuerda.

Hoy mira esa etapa de su vida con nostalgia. Se acuerda de que a fines de febrero, el principal panorama era ver el Festival de Viña del Mar por televisión y que con su tío Félix viajaba cinco horas en carreta para ir a un lugar donde les cargaran la batería, porque no había luz.

La electricidad llegó recién hace unos años a la localidad y su extensa familia ya se ha juntado para ver los partidos de Sudáfrica 2010 y Brasil 2014, en los cuales él se convirtió en el primer chileno en anotar goles en dos mundiales consecutivos. "Es una alegría inmensa, porque ya hacer un gol en un Mundial es un sueño de pequeño, y hacer dos en dos mundiales consecutivos me llena de orgullo y de felicidad, porque sé que la gente que me quiere disfruta con eso. Incluso eso me da más felicidad que el mismo gol", dice.

En Alto Huilío está su tía Fidelina Paillán, quien le prepara sus comidas favoritas. "Me gusta el asado al palo, las cazuelas de ganso, el muday (licor mapuche a base de trigo), todo lo que tenga que ver con mi tierra. Se hacen muchas fiestas y comidas, pero no porque vaya yo, sino porque los familiares reciben muy bien a la gente de Santiago. Además, los niños de la escuela de la comunidad me hicieron uno de los homenajes más lindos que he recibido en mi vida hace tres años".

Fidelina Paillán es esposa de Humberto Coliqueo, tío de Beausejour e hijo de Juan, el lonco de la comunidad. De allí viene su abuelo Andrés.

Cuando habla de su familia y de Alto Huilío, el deportista sonríe con los ojos. "Para el lado que voy tengo parientes. Ellos seguramente no me ven como el futbolista, me ven como el sobrino que va en las vacaciones y disfruta. No me dan una connotación más importante por mi trabajo y es algo que a mí me parece bien".

"Lamentablemente, el pueblo mapuche, muchos de ellos, vive en condiciones precarias, reducidos a muy pocas hectáreas y en condiciones que no son las adecuadas, sobre todo con el clima tan duro en el invierno. A mí me gustaría que tuvieran acceso a muchas más cosas, a las que uno puede tener en la ciudad. No las tienen, aunque al menos ha habido avances, como el agua potable, la luz eléctrica y el teléfono".

La describe como una zona tranquila, lejos del conflicto de La Araucanía. "Yendo hacia Puerto Saavedra y Nueva Imperial hay zonas donde existe más ánimo de recuperación de tierras".

-¿Cree que hoy hay un mayor apoyo a la causa mapuche?

-Siento que la gente que apoya las causas, y no le estoy quitando para nada mérito, lo hace porque es ondero. Es ondero apoyar a los mapuches, es ondero que no haya represas. Todas son causas muy válidas, pero a veces siento que después de la marcha las personas se van para la casa y se olvidan. Creo que es bueno que mucha gente apoye, pero que lo haga con cosas concretas. A mí me gustaría poder hacer cosas más concretas aun, siempre hay algo por hacer.

-¿Le gustaría ser vocero, por ejemplo?

-No me siento capacitado para ser vocero de una lucha tan grande. Creo que todos tenemos que luchar y hacer fuerza y causa desde nuestra trinchera, y no lo digo solo porque tengo la posibilidad de salir en los medios hablando cosas que a lo mejor a muchos les parecen mal o bien. Lo digo desde mi postura de ciudadano, de llevar con honor el apellido mapuche.

-Pero al ser usted una figura pública reconocida, tiene más fuerza lo que diga.

-Es complicado meterse en otras áreas, porque a lo mejor uno no está metido de lleno y no sabe todas las necesidades. Mi punto de vista puede ser muy distinto de lo que pueden pensar otros, y lo que yo pueda pensar que es bueno, a lo mejor para otros no es suficiente. Desde mi trinchera trato de apoyar con lo que yo creo que es necesario.

-¿Piensa que otros deportistas de origen mapuche, como Marcelo Salas, han tenido un rol más pasivo?

-No sé, las veces que lo he escuchado él siempre ha sentido orgullo, nunca lo he visto renegar de su lado mapuche. Todo lo contrario. Pero además es un tema súper personal, no estoy capacitado para estar dando cátedra sobre quién asume el ser mapuche de una forma u otra. Todos lo asumimos de distinta manera y no me siento con autoridad moral para juzgar a nadie.

-¿Le ve solución al problema de reivindicación de tierras mapuches?

-Creo que ya es bueno que se esté hablando con un poco más de seriedad. Ya es bueno que hayan puesto a una persona como (Francisco) Huenchumilla en la Intendencia, que le está tocando en la oreja a muchos y por ese motivo ha tenido tanta gente que se opone.

-¿Usted lo apoya?

-Sí, totalmente, sobre todo cuando dice que este no es un problema político, sino de Estado. Esto es algo que ha generado el Estado, porque independiente de los gobiernos, el Estado chileno se ha manejado muy mal con el tema mapuche. Todos los gobiernos lo han manejado como un problema político delictivo y por eso se ha aplicado la Ley Antiterrorista, pero en realidad es un problema de Estado.

-¿Qué piensa de la forma en que este Gobierno está llevando el conflicto mapuche?

-Todos los gobiernos lo afrontan como un problema político y al hacerlo así le van agregando la ideología de derecha o de izquierda, según el Gobierno. El de Piñera fue mucho más represor con el movimiento mapuche. Bachelet, en cierta medida, también fue represora en su primer Gobierno. De hecho instauró la Ley Antiterrorista y lo digo con un poco de dolor, porque siento que en muchas cosas yo soy partidario y adhiero a las ideas de Bachelet. Voté por ella en las últimas elecciones y siento que no se manejó todo lo bien que nosotros hubiésemos querido.

-Y en este segundo Gobierno, ¿cree que ha cambiado?

-Sí, por lo menos en ideas como la reforma tributaria, la reforma educacional, de salud. El poner a un intendente más identificado con la zona de La Araucanía, me parece que es el camino que muchos chilenos queremos, que la cancha se empiece a igualar para todos.

-¿Qué opina de la violencia que se vive en La Araucanía?

-Es imposible no empatizar con las víctimas de los dos lados. Al final, todos terminan siendo víctimas de cómo ha enfrentado el Estado este problema. Tuve la oportunidad de escuchar el caso del señor Urban y es imposible no empatizar con el dolor que han vivido sus hijos, quienes también se han criado en esas tierras. O con el caso de la familia Luch-singer. Cómo no ponerse en el caso de ellos. Y también en el de Matías Catrileo, que ha pasado a ser un mártir. Al final, todos son víctimas del sistema.

-¿Hay parientes suyos que han sufrido la violencia?

-No, pero sí tengo amigos y amigos de mis hermanos que están pasando por esto. Muchos han tenido que abandonar sus carreras en pos de un ideal, de una lucha, pero no están en ninguna CAM ni nada por el estilo. En todo caso, no han sufrido violencia física.

-¿Y por qué cree que el conflicto surgió con más fuerza en los últimos años, si es un problema que se arrastra por más de un siglo?

-Para mí hay hartos factores; el primero pasa porque las generaciones de ahora tuvimos la gran suerte de no ser portadores de los miedos de las generaciones anteriores, de la dictadura. Concretamente por eso. Y porque en dictadura no se podían hacer estas cosas. Y generacionalmente, el mapuche está accediendo a cosas a las que antes no podía o a las que tenía muy poco acceso. Hoy, el joven mapuche tiene la posibilidad de estudiar, de ser empresario, está diversificado en todas las áreas de Chile.

-¿Cree que ha disminuido la discriminación hacia los mapuches?

-El chileno es clasista y del clasismo derivan todas las otras cosas. Y el racismo no es la excepción. Pienso que no ha disminuido para nada el racismo; es más, creo que en algún sector de la sociedad hasta se ha exacerbado.

-¿Dónde?

-En el sector más de derecha de la sociedad. Uno lo ve con la gran oposición que hay hacia el intendente. En esos pequeños detalles se ve el ánimo de que todo siga tal cual está, que a los latifundistas del sur no se les quite un centímetro o, si les va a quitar, que se les pague cien mil veces el terreno que el Estado les regaló; entonces, no veo por dónde se quieran cambiar las cosas.

-¿Qué opina del estereotipo de que los mapuches son flojos y buenos para tomar? ¿Le molesta?

-El que dice eso no comprende lo que es el mapuche en sí. Es una caricatura. Los mapuches entienden la naturaleza de una manera muy distinta a como la entiende el resto. El mapuche no solo explota la tierra, sino que la naturaleza la ve como a un par, y el que no entiende eso difícilmente va a poder tener una mejor opinión.

-¿Usted ha sido discriminado?

-Seguramente, pero no me he dado cuenta. Cuando uno tiene las convicciones claras, las discriminaciones no te dañan. Es más, a veces miro con más pena a la gente que discrimina y a lo mejor me pasa más seguido de lo que creo y no me doy cuenta tampoco, no le doy importancia. Nunca le di la importancia, porque los cimientos estaban fuertes. En mi casa me formaron con esa idea, que ninguna ofensa es más grande que las convicciones que uno pueda tener.

Fútbol versus estudios

-Antes de ir al Mundial, se compró un libro de Pedro Cayuqueo.

-Me compré un par de libros. Me complica que lo que yo lea sea noticia. También me llevé otros libros de Lanata y un par de personas me tildaron de facho. Siempre me gusta tener los dos lados del espectro y saber bien las cosas. A Pedro no tengo el gusto de conocerlo, he leído varios de sus libros y me parece que desde su plataforma, desde su trinchera, él está colaborando, como seguramente lo hacen otros en lugares mucho más complicados.

-¿Le gustó Solo por ser indios?

-Son más que nada relatos. No digo que no me gustó, pero me gustó también el otro que leí de él, que me pareció muy interesante, que es una recopilación de relatos mapuches de Argentina como de Chile. Las realidades que está viviendo acá el pueblo mapuche son iguales o peores a las que sufren los mapuches al otro lado de la cordillera.

-Usted lee diarios, revistas, libros y opina de actualidad. Para muchos es un futbolista atípico.

-No sé. ¿Cómo debería ser un jugador? Todos nos desenvolvemos en diferentes ambientes y uno es el reflejo de eso. No se le puede exigir a un futbolista, que tuvo precariedades de todo tipo en su formación, cosas que no son exigibles. No comparto mucho lo de atípico. Sí me interesan cosas que mi familia me fue traspasando. Uno no puede quedar ajeno a lo que está pasando en el país, no puede estar ajeno a lo que está sufriendo un compatriota, esas son cosas que van más allá de ser futbolista o no.

-¿Este tema se conversaba en su casa?

-En general, en mi casa, en la mesa siempre se ha hablado de todo, desde fútbol, pasando por política, por todas las cosas. Siempre hemos sido una familia bien opinante, en general.

-¿Su abuelo le enseñó a jugar fútbol?

-Sí, entre mi tío y mi abuelo. En el sur hay una gran tradición de torneos a nivel de comunidades y mi abuelo tenía fama de ser animador permanente de esos campeonatos como jugador. Él ahí tuvo la semilla del fútbol, que después fue traspasada a mi tío Carlos Coliqueo, quien jugó en las divisiones inferiores de Audax, pero después se fue a estudiar al Instituto Nacional. Mi abuelo jugaba en el Alianza, el equipo de la comunidad. Seguramente como cualquier otro papá, fue a él al que le tocó enseñarme y en los partidos de su empresa yo era la mascota. Lo mismo con mi tío. Ahí veo que el fútbol estuvo metido desde siempre en mi vida.

-¿Cuándo decidió dedicarse al fútbol?

-No hay un momento en que yo lo decida, porque ya estaba tan impregnado en mí que era parte del día a día. En ese momento tenía dos obligaciones: estudiar y el fútbol. La obligación lo digo porque en mi familia siempre me inculcaron que el estudio estaba por sobre el fútbol y yo tuve esa negación de decir que el fútbol estaba por sobre el estudio.

-¿Discutía con su mamá sobre eso?

-Sí, con mi abuelo y con mi mamá. Eran discusiones eternas, porque me decían que el fútbol era, y ahora estoy de acuerdo, algo totalmente incierto, que uno tiene que tener una cuota de suerte muy grande y que lo más seguro que tiene la gente humilde para salir adelante en este país es el estudio, la educación. No hay otra forma.

-¿Y qué les decía usted?

-Lo discutía también con mi abuela, Lorenza Collipay, pero lo hacía desde mi ignorancia, porque para mí el fútbol era diversión, no lo veía como un trabajo. Lo discutía desde esa plataforma, para mí representaba juntarme con mis amigos, estar en las divisiones inferiores, todo era un juego en comparación con el estudio, que representaba ser más metódico. Fui de promedio 5,5 y 6,0. Era relativamente buen alumno, tuve una buena Prueba de Aptitud Académica, especialmente en Historia, que es lo que más me gustaba, excepto la contada por (Sergio) Villalobos.

-¿Por qué?

-Porque creo que él está pegado. Villalobos se masificó al amparo de la dictadura, y no lo podría validar como un historiador veraz de lo que realmente pasó y de lo que ha sido el mapuche en sí.

 El lado haitanoDe niño le decían "Coto" o "Coti chico". El apodo viene por Jean Coty Beausejour, su padre, de origen haitiano, quien cuando vino a estudiar a Chile en los 80 conoció a la madre de Jean. Nunca se casaron y él dejó el país para trabajar para las Naciones Unidas. No han sido relaciones fáciles y es un tema que a Jean no le gusta profundizar.

-¿Aprendió francés creole, como el de Haití?

-No, el contacto que tuve con el francés fue porque viví en Suiza y en Bélgica, pero no por mi papá.

-¿Se ha reencontrado con su padre?

-Sí.

-¿Mantiene el contacto con él?

-Sí, no tanto como me gustaría. Vive en Chile ahora, yo estaba viviendo afuera y ya era medio complicado tener contacto. Ahora espero tener mucho más.

-Su mamá jugó el rol de madre y padre, ¿cómo le forjó el carácter eso?

-Lo que pasa es que yo eso no lo veo como un karma ni como un peso. Para mí son las circunstancias que a uno le ha tocado vivir, como muchos niños hijos de madre soltera, es algo que para mí no ha representado una carga. Al tener a mi abuelo presente, había una figura paterna y, aunque no hubiese existido, sé que uno se tiene que adecuar a las circunstancias que le toca vivir. Quedar lamentándose por lo que te hubiese gustado tener, es perder el tiempo.



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