REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 9 de Noviembre de 2014

 
En busca del rey de Tierra del Fuego

A dos horas de Porvenir se puede ver muy de cerca un inusual espectáculo de la naturaleza: una colonia de pingüinos rey que se han instalado en Bahía Inútil. Así es la experiencia.  
POR Olga Mallo, desde la región de Magallanes. Joan y Martin Kane dejaron las luces de su natal Upper Manhattan para esto: avistar pingüinos rey, unas aves que suelen vivir en islas subantárticas, pero que han hecho una excepción en esta bahía a orillas del Estrecho de Magallanes.

Desde Porvenir (capital de la Provincia de Tierra del Fuego, donde viven 5 mil personas) son dos horas de viaje por tierra para llegar al Parque Pingüino Rey, un traslado que completamos -a pesar de que no hay letreros que anuncien este sitio- gracias a Mauricio Arteaga, nuestro experto conductor, nacido y criado en la "Isla Grande", como le llaman los locales.

Para hacer esta visita reservamos nuestra hora varios días antes, siguiendo el protocolo de la familia Fernández, los dueños de San Clemente, la estancia de 8 mil hectáreas donde está el parque.

Hace algunos años, los propietarios sorprendieron a personas que se acercaban a las aves sin cuidado alguno, y más de una vez hubo denuncias de personas que echaban algún ejemplar en el maletero de su auto. Los Fernández decidieron resguardar el lugar, suprimieron el paso de su ganado por este sector y se asesoraron con especialistas sobre las reglas de control de visitas.

Por eso ahora, además de registrarse con anticipación, no se puede sobrepasar los veinte visitantes por día, y hay que respetar sin excusa los cordones que delimitan la distancia de acercamiento a los pingüinos: 20 metros en condiciones normales, y 50 metros cuando están incubando. Eso además de mantener silencio mientras se está en el sector de avistamiento.

Cecilia Durán dejó la administración del hotel que le pertenecía a la familia Fernández en Puerto Natales para irse a Tierra del Fuego y dirigir junto a su marido Alejandro este proyecto, donde también colaboran sus hijas Aurora y Alejandra, quienes ayudaron por ejemplo a construir el sendero y a elaborar los folletos del parque.

El día de nuestra visita, Cecilia nos recibe en el domo donde se pagan los 12.000 pesos que cuesta la entrada (y que se reinvierten en el cuidado del parque), y hace una pequeña charla con la historia de esta reserva privada que abrió en septiembre de 2011, un hito que coincidió con los primeros apareamientos y nidificaciones observados, que explican que ahora se hable del sitio como una "colonia". Es decir, como un sitio donde los pingüinos viven de manera permanente.

La población de ejemplares en el parque es de unos 80 individuos, aunque es imposible verlos a todos en tierra ya que siempre hay algunos en el mar capturando alimento. Sucede que esta raza de pingüinos tiene una singularidad: son expertos buceadores, capaz de sumergirse a 300 metros de profundidad por hasta ocho minutos. A veces pueden llegar a 500 metros bajo el mar, algo que ningún otro pingüino puede hacer.

Desde los miradores logramos contar un grupo de 15 adultos y dos recién nacidos.

Lo de los polluelos no es un tema menor. Con un periodo de reproducción más lento que otros de su especie, si el pingüino rey pierde su polluelo, tendrá que esperar dos años para la próxima camada de una única cría por pareja. La temporada de apareamiento va de noviembre a abril, seguido por una incubación de 55 días. Cuando alcanzan el mes de vida, forman guarderías donde se protegen mientras sus padres pasan el invierno buscando comida. Esto hace que, entre la puesta del huevo y el término de la crianza pasen 16 meses.

Cuando nos aproximamos al grupo, vemos un adulto con su polluelo que parecen posar. El pequeño es casi tan grande como su padre, pero su plumaje es distinto: solo cambiará su tono café el siguiente verano y entonces aparecerán los magníficos colores del pingüino rey adulto, con el característico naranja de su garganta. Además, con su metro de estatura, únicamente el pingüino emperador lo supera en tamaño (aunque no en colorido).

Cuando ya estamos en el parque, y luego de los trámites de llegada, nos acercamos a la distancia permitida en un silencio tan respetuoso que solo se rompe con el sonido de las cámaras fotográficas. Los pingüinos rey ni se inmutan. Se ven concentrados en algo que pareciera ser una formal reunión de amigos, mientras el padre que está en el frente se acerca al pequeño ejemplar en algo muy similar a un arrullo. Joan y Martin, ambos fotógrafos aficionados, dicen que este espectáculo de pingüinos sobre la pampa es difícil de superar. "Cambiaría Manhattan por esto mañana mismo", dice él.

Como es posible que haya más pingüinos en la playa, y solo con permiso excepcional de los encargados, seguimos una especie de sendero que lleva a la orilla del Estrecho. La ruta no está acordonada (los turistas solo llegan a los miradores que ya hemos visitado, y no pueden venir a esta zona), y debemos hacer equilibrio sobre un gran tronco para cruzar el río Marazzi. Cuando finalmente llegamos a la playa, en un banco de arena a unos trescientos metros vemos algo que pareciera ser un pingüino. Con los binoculares confirmamos que son dos. Nos detenemos ahí, observando a la distancia. Las aves comienzan a moverse, se meten en el agua, vuelven y, en vez de continuar su marcha hacia la estepa para reunirse con el resto de la colonia, dirigen sus pasos hacia donde estamos nosotros, inmóviles, con el zoom de las cámaras al máximo. Continúan acercándose. Seguimos estáticos y mudos hasta que llegan a nuestro lado.

Sabemos que una de las características de los pingüinos emperador y rey es su inmensa curiosidad. Nos vieron y han venido a investigar. Nos arrodillamos para estar a su altura (esto les da más confianza). Uno de los pingüinos se acuesta sobre su vientre, como retozando. Joan y yo hacemos lo mismo, en posición comando. Luego nos sentamos. El otro pingüino, que parece ser la hembra porque es un par de centímetros más pequeña, permanece de pie y no para de observar a los extraños. Nosotros retomamos nuestras cámaras, lentamente como pidiéndoles permiso, y ella posa. Nos mira. Y así estamos en esta increíble y silenciosa interacción por dos horas

Es imposible sentirse más cerca de un animal salvaje.

Luego de un buen rato, les damos las gracias -literalmente, sin pudor, en voz alta- y regresamos al otro lado del río.

 Hágalo ustedDificultad: Fácil. Se puede llegar en auto desde Punta Arenas, cruzando en ferry. Los senderos son sencillos de recorrer, están bien delimitados y no hay obstáculos.

Equipo: Binoculares, para observar estas aves con detalle, y ropa de abrigo adecuada para la zona austral.

DónDE: El Parque Pingüino Rey está en el sector Bahía Inútil de Tierra del Fuego, en el kilómetro 14 de la Ruta Y-85, a un par de horas de Porvenir. www.pinguinorey.com



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<p>Protegidos. En este parque existe una población de 80 pingüinos rey, y solo se permite la entrada de 20 visitantes por día.</p>

Protegidos. En este parque existe una población de 80 pingüinos rey, y solo se permite la entrada de 20 visitantes por día.


Foto:JOSÉ MIGUEL CÁRDENAS
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