ARTES Y LETRAS

Domingo 1 de Octubre de 2006

GÉNERO HÍBRIDO. Ficción y realidad:
La perturbación del falso documental

Aunque falta un año y 18 días para que George W. Bush sea asesinado, las imágenes del crimen ya existen. Y no se trata de la proyección mental del posible francotirador, sino del falso documental inglés Death of a president.

ESTEFANÍA ETCHEVERRÍA TOIRKENS

Dinero, polémica y temor invadieron la vida del director Gabriel Range desde que estrenó su falso documental Death of a president en el reciente Festival de Cine de Toronto. Dinero, porque Newmarket pagó cerca de tres millones de dólares para llevar la cinta a Estados Unidos. Polémica, porque los anticuerpos de grupos conservadores estadounidenses se han manifestado en contra desde antes de su proyección. Y temor, porque el director ha recibido más de una amenaza de muerte.

Aunque la suma cancelada no ostenta la cantidad de ceros acostumbrados en Hollywood, la cifra no deja de ser importante para una producción que sólo costó cuatro millones de dólares. Junto con el dinero, Newmarket ofreció la experiencia adquirida en la distribución de la polémica Pasión de Cristo. El antecedente no es menor, porque antes de que este 9 de octubre se estrene oficialmente en el canal digital inglés More4, el documental ya ha sido acusado de oscuras intenciones políticas y de incentivar al exterminio real de Bush. El director se defendió de las acusaciones asegurando que retrataba el horror del asesinato y que no creía que nadie sacara la idea de matar al Presidente tras ver su documental. Si Range está tan seguro del poder disuasivo de su filme, es porque se encargó de exponer un escalofriante futuro posible.

El último día de Bush

19 de octubre de 2007. George W. Bush sale de un hotel en Chicago. Desde un edificio cercano dos balas emergen de un arma, esquivan las barreras de seguridad y penetran el cuerpo del Presidente. Agónico, Bush llega al hospital donde finalmente muere. La autoría del crimen se le adjudica erróneamente a un inmigrante sirio, lo que da pie para que el nuevo Mandatario, Dick Cheney, decida invadir Siria.

Si de oídas esta historia pudiera ser poco creíble para alguien, el director de Death of a president se asegura de convencer en pantalla. Para crear la escena del magnicidio, Range intervino una filmación real de Bush con efectos especiales e imágenes digitales. Además realizó entrevistas a actores que interpretaron a miembros de organizaciones pacifistas, funcionarios de la Casa Blanca y agentes del FBI. Los entrevistados también fueron montados digitalmente en imágenes junto a Bush y se recurrió a tomas en distintos formatos, algunas capturadas incluso por cámaras de celulares. Tanta prolijidad con un gran objetivo: armar un falso documental que muestre cómo las libertades en Estados Unidos han sido limitadas desde que la "guerra contra el terrorismo" le otorgó demasiado poder al gobierno.

Si el género cinematográfico al que pertenece Death of a president es algo así como el hijo del documental y de la ficción, del primer progenitor sacó la apariencia y del segundo heredó el corazón. Pero esta idea es sólo una simplificación, porque los límites entre ilusión y realidad no son tan claros. Y aunque lo acusen de mentiroso, este hijo no pretende engañar. El falso documental es más una farsa que un fraude, pues no intenta pasar por verdadero. Siempre se delata a través de distintas estrategias; la más usual es a través de una suma de pequeños datos ridículamente inverosímiles que se dispersan en la cinta.

Como adolescente rebelde, el falso documental cuestiona con su carácter la imagen paterna, porque pone en tela de juicio a la objetividad y veracidad documental. Recreando su retórica, parodia la autenticidad de su representación y confunde las convenciones de lectura cinematográfica. Para ello se vale de múltiples elementos, como entrevistas en tiempo pasado con testigos o especialistas, archivo fotográfico, narrador, exteriores auténticos mal encuadrados y con ruido de fondo. Pero va más lejos, porque se preocupa incluso de lo que omite y sólo utiliza imágenes en las que pueda justificar la presencia de una cámara; como esto no es siempre posible, deja vacíos conscientemente .

Múltiple en sí mismo, el falso documental puede ser de comedia, de terror o incluso drama. También posee más de un nombre. Generalmente se lo llama en su voz inglesa de fake documentary o mockumentary (mock: burla). Este último término nació a mediados de los '80 cuando el director Rob Reiner clasificó así su falso documental sobre una banda de rock This is Spinal Tap, haciendo un juego de palabras con el termino rockumentary.

Directores de culto

A pesar de lo marginal que pudiera parecer, el falso documental cuenta con directores superestrellas. Orson Welles no sólo se destacó por su pronto auge -La guerra de los mundos, El ciudadano Kane-, enorme ego y abrupto frenazo. En 1973, dirigió el falso documental F for fake. Otro grande involucrado es Woody Allen, quien suma un par de exploraciones por el género, de las cuales la más destacada es Zelig. La película de 1983 investiga el caso de un hombre que podía convertirse en lo que lo rodeaba. El protagonista aparece junto a personajes históricos y es analizado por intelectuales de la talla de Susan Sontag.

Hasta explicaciones públicas en televisión tuvo que dar Peter Jackson (El señor de los anillos) después del estreno en 1995 de su falso documental La verdadera historia del cine. En él, Jackson descubre viejas cintas del (supuestamente) verdadero pionero del cine: Colin Mckenzie. La historia se construye a partir de comentarios de expertos, escenas de las latas encontradas, testimonios, fotografías e imágenes de la expedición hacia la zona donde Mckenzie habría filmado Salomé. Algunos creyeron, otros dudaron. Los que entendieron que era una farsa se dividieron en dos grupos: los que alabaron la genialidad y quienes querían linchar a Jackson. Hasta disparos le ofrecían al director en furiosas cartas publicadas en medios neozelandeses. ¿A qué se debía tanta rabia? A que, según ellos, había dañado al verdadero documental, había insultado a la audiencia y, sobre todo, que ya no podrían volver a confiar en nada de lo que vieran en televisión. En vez de valorar el nacimiento de su nueva percepción crítica, querían volver a la inconsciencia o al menos exterminar al que se atrevió a meter la ficción en un perturbador disfraz de realidad.

Un insólito caso chileno

Si el periodista Erick Bellido confirmaba lo sucedido, sería un notición; pero si descubría que era un engaño, se transformaba en golpe. Un par de documentalistas habrían encontrado en Queilén dibujos de cabezas infantiles y malformaciones que estarían relacionados con un crimen descubierto en 1985. Ese año se habían hallado siete cráneos de recién nacidos. La justicia investigó el caso, la prensa siguió los hechos. Finalmente, la confesión de una partera reveló que las calaveras eran de "niños diablos" (con cachos, seis dedos y cola) que el padre Bruno Kulczewski asesinó. Tras la declaración, el caso se cerró porque hace años el cura había muerto colgado de una viga de la iglesia. Con esta información, Bellido intenta contactar a dos asociaciones que mencionan los documentalistas: el Comité por la Verdad de los Niños de Queilén y la West Deutsche Rund Funk pero descubre que ninguna existe. Luego va a la Biblioteca Nacional para corroborar la información en los diarios y revistas, pero los ejemplares están incompletos. Entonces acude a coleccionistas y averigua que los medios nunca trataron el crimen. El periodista insiste y trata de contactar a la partera, pero descubre que ella, el cura y todos los entrevistados eran falsos. El periodista intenta conversar con los documentalistas, Pedro Peirano y Álvaro Díaz, pero se niegan a hablar. Así, publica el artículo "Los hijos del Trauco" el 20 de marzo de 2005.

La historia de la investigación del periodista es real, pero los hechos que reporteó son los que dan forma a Los Dibujos de Bruno Kulczewski, uno de los pocos casos de falso documental chileno. Bellido lo vio y se lo creyó. Pero no fue el único. Peirano cuenta que muchos cayeron: "Incluso familiares nuestros que estaban advertidos de que no era tan verdad tenían sus propias teorías sobre lo que había pasado. Yo estoy casi seguro que pasó, a pesar de que sé que es grupo".

Este falso documental de 2004 se basa en entrevistas, un supuesto archivo de imágenes elaborado con una vieja cámara de televisión, y una estructura narrativa simple que imita la de los reportajes "viejujos, más o menos ochenteros".

A partir del próximo año, las pantallas de TVN compensarán la falta de falsos documentales chilenos en "Último minuto". Producido por Nueva Imagen y conducido por Mónica Pérez, el programa estelar exhibirá una serie de producciones que explorarán el futuro posible. Qué pasaría si Chile sufriera una crisis energética total, grandes catástrofes naturales o un atentado terrorista de magnitud, son algunos de sus temas.


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A partir de esta ficción y del lenguaje documental, la cinta reflexiona sobre las consecuencias de la
A partir de esta ficción y del lenguaje documental, la cinta reflexiona sobre las consecuencias de la "guerra contra el terrorismo".
Foto:EFE


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