ARTES Y LETRAS

Domingo 11 de Noviembre de 2001

TESTIMONIO. Tertulias santiaguinas del XIX:
El Album de doña Isidora

Hoy, cuando más de cuatrocientos descendientes de Isidora Zegers se reúnen para recordar a esta mujer que marcó la vida cultural chilena, mostramos su sorprendente álbum de visitas, donde los más connotados intelectuales de la época dejaron su huella.
MARÍA DE LOS ÁNGELES COVARRUBIAS C.

"Llegó a esta ciudad la señorita Isidora Zegers, y este acontecimiento efectuó una verdadera revolución en la música vocal. La señorita Zegers no venía sola: traería consigo otra novedad: las óperas de Rossini. Su vocalización brillante y atrevida, su afinación irreprochable y una voz que, sin ser de gran volumen en las notas graves, alcanzaba hasta el fa agudísimo con toda franqueza...". Así habla José Zapiola sobre Isidora Zegers - una europea de origen francés y flamenco nacida en España en 1807- , quien desde el instante en que se avecindó en Chile en 1823, puso todo su talento y energía en cultivar el gusto por la música de la nueva sociedad que la acogía.

Muchos motivos hay para recordarla. Hoy, los descendientes de Isidora Zegers (1807-1869) han querido conmemorar los 150 años desde que el Presidente Manuel Montt la nombrara presidenta honoraria del Conservatorio Nacional de Música. Mientras usted lee este artículo, casi quinientos bisnietos, tataranietos y chosnos, además de autoridades de la U. de Chile, se encuentran reunidos en Casablanca, en una celebración donde la música no estará ausente. Obras compuestas por Isidora Zegers y por autores contemporáneos suyos serán interpretadas por la soprano Patricia Vásquez, la pianista Elvira Savi, y la arpista Asunción Claro, descendiente de Isidora.

Con sus hermanos y sus padres Juan Francisco Zegers y Flora Montenegro, Isidora pisó tierra chilena a los 16 años de edad. Sus dotes musicales ya habían sido reconocidas en Europa. En París se la había escogido para "el distinguido puesto de primera soprano de la capilla real de Luis XVIII, cuya brillante corte no hallaba nada comparable a la frescura de la voz de la Srta. Zegers", cuenta Jorge Urrutia Blondel.

Ya en Chile, Isidora Zegers inició su fecunda y extensa labor cultural, legado donde sobresale la fundación del Conservatorio Nacional de Música. Simultáneamente, comienza a organizar estimulantes tertulias musicales y literarias. Fue en ese marco donde doña Isidora desarrolla una creativa afición, celebrada en el ambiente de su época, pero ya olvidada por las generaciones posteriores: su álbum.

Con espíritu de cronista, Isidora Zegers inauguró un libro de visitas que con el tiempo se convirtió en una suerte de testimonio visual de su época. Firmaban, hacían recuerdos, poesías, dibujos e ilustraciones en este álbum las amistades y personalidades que frecuentaban sus salones. Ya no sólo eran las entretenidas tertulias las que se comentaban en la sociedad santiaguina, sino también la existencia de este álbum, lo que motivó a algunos contertulios a llegar donde doña Isidora con la dedicatoria lista. Con gran esmero, una de sus tataranietas tuvo la gentileza de mostrar este valioso documento a "Artes y Letras".

"Canta, organiza y aconseja"
Acogedora, culta y excelente anfitriona, en las veladas de Isidora Zegers se hablaba de arte y de literatura, se disfrutaba de conciertos de cámara y nunca faltaba un tema de interés que atraía a destacadas personalidades. Entre sus amigos y asiduos asistentes se contaban Vicente Pérez Rosales, Jotabeche, Juan Godoy, Manuel Antonio Tocornal, Andrés Bello, Mercedes Marín del Solar, Ignacio Domeyko, Rodulfo Amando Philippi, Claudio Gay, Rugendas, Monvoisin, Charton de Treville. Siempre eran además bienvenidos los extranjeros, como los políticos argentinos Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre.

El salón de Isidora Zegers era el lugar donde "había que estar". Allí se gestaron iniciativas como el Movimiento Literario de 1842, que daría origen a la Universidad de Chile. "Doña Isidora canta, hace cantar, enseña, organiza, escribe, protege, estimula, aconseja y decide", señala Jorge Urrutia Blondel. "Las dotes características de su canto, poder, dulzura, precisión, brillantez y expresiva energía, aparecieron con su acostumbrado esplendor", decía Andrés Bello en 1841, después de asistir a un concierto en su casa.

Gran entusiasmo puso doña Isidora en su álbum. Entre las firmas y recuerdos de sus amistades y visitas ilustres figuran fotografías de las casas reinantes europeas, políticos, pintores, intelectuales y músicos de su época. En las páginas dedicadas a "hombres célebres", doña Isidora se daba el trabajo de buscar imágenes de igual tamaño, las que explicaba con pulcra letra caligráfica.

Fascinados por la reciente aparición de la fotografía, se hizo costumbre en aquel entonces incluir en las cartas retratos de personas famosas. La relación epistolar con amistades del Viejo Mundo se constituyó para doña Isidora en una rica fuente para su álbum. Se aprecia también la galería de las "Mujeres célebres" y la de las "Mujeres libres de pensamiento", donde incluye a madame de Montespan y mademoiselle de la Vallière, ambas amantes de Luis XIV, entre otras conspicuas cortesanas.

Hay otra página más piadosa dedicada a las "Madonas" de Rafael, Murillo, Botticelli. Muchas otras con diversos motivos, como una serie de gauchos, la galería de obispos y príncipes de la Iglesia, la familia Bonaparte, a Carlota y Maximiliano, emperadores de México. Lugar destacado ostentan los navegantes y conquistadores de América, y la "galería militar", donde con todo el esplendor de sus uniformes se aprecia a San Martín, O'Higgins, De las Heras, Viel, Borgoño, Freire, José Miguel Carrera, Manuel Bulnes, y por sobre todo a Guillermo de Vic Tupper, primer marido de doña Isidora, muerto en la batalla de Lircay.

No faltan tampoco en el álbum hitos de la sociedad santiaguina como el baile de fantasía en la casa de Manuel Antonio Tocornal, en 1862, y donde se ve a Diego Barros Arana disfrazado de convencional de la Revolución Francesa y a Domingo Fernández Concha de Edgardo en la ópera Luisa Miller, entre otros muchos que lucen trajes de reyes, princesas, mosqueteros y bufones.

Muchas páginas hay dedicadas a la familia y amistades. El talento artístico era un don familiar, que se demuestra en bellos dibujos y acuarelas de los hijos y nietos de doña Isidora. El álbum custodia también obras de arte de gran valor. En una de las últimas páginas se aprecia una delicada llama pintada por Ignacio Domeyko. Contiene dos dibujos de Claudio Gay, fechados en 1862 y 1863; cuatro obras de Rugendas, otras de Monvoisin y de Charton de Treville, y un famoso retrato de don Andrés Bello realizado por Blondeau.

En cuanto a las dedicatorias, reproducimos parte de una muy simpática de Jotabeche: "Por negocio a Santiago he venido, he perdido: algunos artículos de mi pleito, algunos reales a la malilla, mi sombrero en un baile, la cabeza en un almuerzo de amigos, (...) He ganado: la amistad de varias personas con cuyas relaciones me honraré siempre, varias noches de tertulia en un salón confortable a la vista de la alegre estufa sumido hasta los hombros en la blanda poltrona de don Jorge (Huneeus, marido de Isidora), (...) Pero hay todavía una ganancia que bastaría para compensar todas las pérdidas, mi humilde nombre ocupa una página en este álbum. Dios bendiga a su dueña".

Con toda esta riqueza y variedad, el álbum de doña Isidora Zegers permite revivir y relacionar en forma gráfica el acontecer de Chile y del mundo de la segunda mitad del siglo XIX.

62 años de vida
A los dos meses de llegar a Chile, Isidora conoció a Guillermo de Vic Tupper, proveniente de la isla de Guernsey en el Canal de la Mancha, con quien se casó en 1826. Se sucedieron luego años difíciles para Chile, entre sublevaciones y revueltas que desencadenaron en una guerra civil. Los Tupper Zegers no estuvieron ajenos. Y el 17 de abril de 1830, en la batalla de Lircay, el joven coronel Tupper - de sólo 30 años de edad- murió asesinado.

Desolada, viuda de sólo 23 años con tres niños pequeños, Isidora debió enfrentar otro golpe. Su padre Juan Francisco Zegers, oficial mayor de la Cancillería, cargo en que había reemplazado al abate Camilo Henríquez, fue destituido. Isidora volcó su tesón y talento musical a la enseñanza en un colegio que fundó su propio padre. Pese a sus penurias, continuó con sus tertulias y fue en su propios salones donde conoció a Jorge Huneeus Lippmann, proveniente de Bremen y representante comercial de casas inglesas y alemanas, con quien se casa en 1835. Finalmente, Isidora fue madre de nueve hijos (tres Tupper y seis Huneeus), de donde proviene su abundante descendencia.

Aun cuando su composición musical no fue abundante, ni sus obras de "gran significación", "son siempre finas, sobrias y compuestas con bastante corrección de escritura", señala el libro "Historia de la Música en Chile", de Samuel Claro y Jorge Urrutia Blondel. Hay que tener en consideración que a excepción de una canción con letra en castellano, todas las demás canciones y obras para piano fueron escritas antes de llegar a Chile, vale decir, cuando aún era adolescente.

Pero su obra fundadora es señera y muy larga de enumerar. Incluye, entre otras iniciativas, la Sociedad Filarmónica de Santiago y de Copiapó, la revista Semanario Musical y, por supuesto, el Conservatorio Nacional de Música. Todas obras de esta mujer de baja estatura que se definía a sí misma como "una mujer extraordinariamente pequeña".




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CHARTON DE TREVILLE.-  Nada menos que esta obra, titulada
CHARTON DE TREVILLE.- Nada menos que esta obra, titulada "Cordillera y valle", pintó el artista en el álbum de Isidora Zegers.


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