REVISTA YA

Martes 24 de Junio de 2014

 
Las confesiones de las ex Primeras damas

Marta Larraechea dice que cuando su marido asumió venían preparados "para amores y odios excesivos". Luisa Durán, que el momento en que vio más tenso a Ricardo Lagos fue cuando le dijo "no a Bush" y se opuso a la invasión a Irak. Leonor Oyarzún reconoce que nunca se cruzó con Lucía Hiriart y Cecilia Morel, que no tuvo un rol político, "pero uno puede opinar". Las cuatro ex primeras damas, desde el regreso a la democracia, revisan sus proyectos emblemáticos, los momentos duros al lado de sus maridos y aconsejan a Sebastián Dávalos, su sucesor, el primer hombre en el cargo.  
Por Karim Gálvez. Fotografías: Sebastián Utreras.  A Marta Larraechea y Luisa Durán nunca les gustó que las llamaran "Primera Dama". Firmaban como "Señora del Presidente", pero a poco andar se rindieron. El peso de la tradición del cargo en Chile es fuerte, dicen. Junto con Leonor Oyarzún y Cecilia Morel, son las cuatro primeras damas que ha tenido Chile desde el regreso a la democracia, en 1990.

Orientadoras familiares y asistente social, las cuatro han conocido de cerca el poder, acompañando a los presidentes durante el ejercicio del gobierno. Han recibido a presidentes, ministros y reyes; han sido testigos privilegiados de reuniones políticas y han presidido los directorios de las fundaciones a su cargo:Integra, Prodemu, Fundación de la Familia, Tiempos Nuevos, MIM, Orquestas Juveniles e Infantiles de Chile, Artesanías de Chile y Chilenter.

Se acerca el mediodía y las cuatro conversan animadas en el living de Leonor Oyarzún, en su casa de Arturo Medina, en el límite de la comuna de Providencia y Ñuñoa. En este día frío de junio toman café en tazas de porcelana mientras le preguntan a la "Señora Leonor" -todas le dicen así- cómo ha estado estos días, cómo se ha sentido "don Patricio". Le hablan con cariño. Leonor Oyarzún les responde que está contenta de recibirlas. Es la primera vez que las cuatro se reúnen en su casa para una fotografía.

 Marta Larraechea cuenta de sus nietas y que está en los últimos preparativos para un viaje de 15 días a China al que parte al día siguiente con su marido, por su labor como embajador plenipotenciario. Luisa Durán, que su hija menor, Francisca, será nuevamente mamá en un par de meses. Leonor Oyarzún que el fin de semana la visitó una de sus bisnietas, que ya cumplió siete años. Cecilia Morel, que se embarcará en un crucero con toda la familia. Se ven relajadas y dispuestas a conversar. Leonor Oyarzún comenta con una sonrisa: "Usted vino acá a confesarnos...".

Reconoce dificultades para su instalación como Primera Dama, en 1990, durante el gobierno de Patricio Aylwin.

-Los primeros meses de recuperación de la democracia fueron de preocupación de toda especie, un tiempo de muchas urgencias. La dictadura había sido muy dura. Nos costó, pero teníamos mucha voluntad, nos apoyábamos entre todos. Había oposición de la derecha, pero nos respetaron.

Dice que nunca se cruzó con Lucía Hiriart.

-La única vez que la vi fue durante una ceremonia de egresados de la Escuela Militar en que invitaban al Presidente y a su señora. Estábamos todos sentados y nos mirábamos sin hablar. Yo no me encontré nunca con ella después. Lo que sí fue bien increíble es que cuando Patricio asumió la presidencia recibí una carta muy cariñosa de la señora Margarita Riofrío de Merino, que todavía tengo guardada, deseando éxito a la democracia.

La Fundación de la Familia fue su proyecto emblemático como Primera Dama.

-Había muchas mujeres abandonadas. Necesitábamos crear espacios para la distracción de la familia. Hacíamos unas enormes porotadas... Todo eso fui dejándolo escrito a mi sucesora.

-¿Le dio algún consejo a Marta Larraechea?

-Más que consejo, cada una tiene su temperamento y modo. Me parecía que no podía interferir, uno debe tener un respeto por lo que el otro piensa.

El MIM fue el proyecto estrella de Marta Larraechea. La Fundación de Orquestas Juveniles y Sonrisas de Mujer, de Luisa Durán, y Elige Vivir Sano, de Cecilia Morel.

-Con Elige Vivir Sano se me unieron dos vocaciones, la enfermería y lo social. El proyecto surgió no solo como un problema de salud, sino por su impacto en la calidad de vida de las personas, a nivel familiar, económico y de desarrollo del país -dice Cecilia Morel.

Sonrisas de Mujer fue una preocupación durante la campaña de Ricardo Lagos -cuenta Luisa Durán.

-Cuando íbamos a terreno veía la cantidad de mujeres que agachaban la cabeza con vergüenza por la falta de sus dientes. Me preguntaba qué sentido tiene crear programas de capacitación si no iban a poder sacar la mano de su boca.

Las Orquestas Juveniles e Infantiles surgieron luego de un viaje a Venezuela cuando Ricardo Lagos era ministro de Educación. Y cuando Luisa Durán buscaba una casa para las orquestas, se topó con Matucana 100.

-Un galpón con enormes posibilidades para convertirse en un teatro y desarrollar proyectos culturales en la zona. Mi primera misión fue convencer al Presidente. Veníamos de Caleu cuando logré que pasáramos a verlo. Ahí Ricardo me dijo que le parecía posible.

En ese entonces, el lugar acogía a la compañía del actor Andrés Pérez.

-Se lo habían prestado. Le propuse compartirlo, pero él no quiso. Yo lo lamenté mucho. Fue una etapa en que ya estaba muy enfermo. Hasta hoy creo que podríamos haber llegado a un acuerdo... pero no se pudo.

 El MIM de Marta Larraechea también se inspiró en un proyecto venezolano, "El Museíto".

-Cuando se estaba construyendo empezaron a asaltar a los trabajadores y me preocupé. Hablé con los Carabineros que me prometieron un retén móvil, pero yo les insistí que se necesitaba una comisaría. Tanto insistí que cuando la inauguramos, el general dijo: "Aquí entrego esta comisaría, que se ha levantado gracias a la perseverancia de la señora Martita". Eduardo me miró: "Te dijeron catete" -se ríe.

Recuerda que mientras fue Primera Dama le tocó enfrentar negociaciones con Integra, la fundación que reúne a más de 40 mil educadoras de jardines infantiles a lo largo de Chile, y que durante el mandato de Eduardo Frei amplió su jornada de atención hasta las seis de la tarde.

-Me gritaban "Martita, Martita, queremos más platita". También pidieron que luego de su jornada escolar, sus hijos pudieran irse al jardín donde ellas trabajaban para hacer coincidir las salidas. Estábamos en medio de esta conversación en el gabinete cuando de repente se abrió la puerta y entró Catalina, mi hija menor, que venía del colegio a hacer las tareas. Me dije, ¿cómo les voy a decir que no? Sin querer, la Catalina lo logró.

-¿Ha sido difícil su relación con el poder?

-Con Eduardo fuimos desarrollando un radar para ver quiénes se arrimaban cuando les convenía. Cuando uno se aleja de los círculos de poder, vuelve a ser uno, entonces ¿qué sacas con que se te vayan los humos a la cabeza?

-A Eduardo Frei le tocó enfrentar crisis políticas como la detención de Pinochet en Londres y el atrincheramiento de Contreras cuando fue condenado por el Caso Letelier. ¿Cómo vivió usted esos episodios?

-Todos fueron períodos complicados. Pero personalmente el que más me afectó fue la decisión de amnistía en el caso Zamorano Jones. Me costó. Vi a Eduardo cómo se leyó todo con tanta dedicación, cómo consultó con sus colaboradores antes de tomar una determinación. Fue una de las cosas que más me ha impactado.

-¿Y cómo se viven las críticas que se hacen frente a las decisiones que se toman?

-Eduardo es muy tranquilo. A nosotros nos sirvió mucho el gobierno de mi suegro, porque uno ya viene preparado para amores excesivos y odios excesivos. Mi suegra me dio un gran consejo que me ha servido toda la vida: nunca enganchar con las peleas políticas. Me decía, los otros después se ponen en la buena y uno queda picado. Aprendí a mantenerme en un compromiso distante, en el que estaba presente, pero sin enardecerme porque las cosas decantan finalmente. Yo soy sanguínea, pero en esa parte aprendí.

Leonor Oyarzún dice con convicción:

-Uno tiene que poner la piel dura no más y no dejarse llevar por el rencor y el resentimiento. Ser Presidente de la República es un estatus especial en que se será criticado para bien y para mal, siempre.

Luisa Durán recuerda cómo afectó a su familia casos como Corfo-Inverlink y la investigación de los contratos entre la consultora Gescam y Codelco, que involucraron a su hermano Hernán Durán.

-Uno lo vive con preocupación, pero también con rabia, porque muchas de esas cosas fueron injustas. Yo sigo pensando que tiene que haber gente de confianza cerca del Presidente. No puede ser una persona ajena. Al final, empieza a suceder que los familiares no pueden tener ningún cargo, porque todo es cuestionado...

Uno de los momentos en que vio más preocupado a Ricardo Lagos fue cuando le dijo que no a Bush y se opuso a la invasión a Irak.

-Fue uno los momentos más tensos. Ricardo nunca ha dejado de dormir bien, pero sentía la tensión. Hablaba con una persona, luego con otra. Yo estaba allí, a su lado, para apoyarlo, pero vivimos una gran tensión frente a una responsabilidad como esa.

Cecilia Morel agradece que su madre y la de Sebastián Piñera no hayan estado vivas cuando su marido asumió, en 2010.

-Habrían sufrido mucho con el lenguaje, la parte dura de la política. Con los ataques, las injusticias, las mentiras, los rumores. En política hay críticas legítimas y otras, mala leche. Lo fui aprendiendo. Al principio me dolía, no en el ego, sino por la pena del esfuerzo que uno hace, por la cantidad de personas que trabajan en pos de un objetivo. Es tan importante sentir que uno construye ladrillo a ladrillo, entonces cuando echan abajo grandes proyectos a uno le duele.

-¿Sospechaba que Elige Vivir Sano sería un proyecto "dormido" durante este gobierno?

-Uno sospecha, pero no tanto, sobre todo viniendo de una Presidenta que es médico. Fue una ley aprobada unánimemente. Hay una mirada ideologizada, una estrategia sistemática que no es casual, de borrar, eliminar, la famosa retroexcavadora. Es como decir, ojalá saquemos del mapa de los chilenos al gobierno anterior, descalificándolo para sostener los cambios que se vienen. Eso me parece muy negativo.

-Siente alterado el ambiente.

-Me preocupa la mentalidad estatista que vemos hoy. El gobierno de Sebastián aportó en mostrar que la centroderecha no es rígida ni cree que todo debe ser privado. Una centroderecha con sensibilidad social y respeto por los derechos humanos. Creo, además, que fue la alternancia necesaria para cerrar el ciclo de la transición.

Siendo Primera Dama dice que aprendió a potenciar su lado político.

-Siempre he sido una persona muy de piel, afectiva, pero tenía un área menos desarrollada, que es la política. Entender no solo lo difícil que es gobernar, sino que responder a las necesidades que hay. Hay que tener claro que uno es un eslabón, no hay que creerse el cuento.

Mantener el espacio

Cecilia Morel reconoce que al principio se preguntaba cómo abordaría el rol en el primer gobierno de centroderecha luego de cuatro períodos de la Concertación.

-Me preocupaba un poco, llegaba un gobierno de otro signo político, no había personas de nuestro sector en el aparato del Estado.

Luisa Durán, ya desde antes de la campaña presidencial de su marido, comenzó a cuestionarse por qué la señora del Presidente también debía asumir si es el marido el elegido.

-Soy partidaria de la defensa de los espacios de las mujeres, pero también entiendo que había muchas personas que esperan que uno aporte. Resulta una explicación casi intelectual decir: "Yo quiero mantener mi espacio". Decidí que me enfocaría a lo que me interesa, que es gestionar proyectos sociales y culturales.

Fue un tema de conversación con Ricardo Lagos.

-Entre nosotros existe un gran respeto por la opinión del otro, entonces compartíamos plenamente lo que pensaba. Sé que cualquier cosa que yo hubiese decidido, habría tenido su apoyo, aunque los dos entendíamos que era muy difícil no participar.

Se impuso ciertos límites.

-Para mí era muy importante estar al lado de Ricardo en la medida que fuese necesario, pero no estar por estar. Nunca me involucré en ninguna reunión que no tuviera que ver con mi trabajo. En mi casa se hacían reuniones los domingos para planificar la semana y yo me mantenía completamente al margen. Por supuesto, sabía qué cosas pasaban, pero sin participar.

Entre las visitas oficiales que recuerda, "aunque son cortas y no se alcanza a conocer al personaje en su dimensión", destaca a Felipe González, "un líder político interesantísimo", y a la reina Beatriz de Holanda, que vino a Chile en 2003, "quizás no la hubiese conocido en otra circunstancia". Con ella visitó un hogar de niñas con sida, en los alrededores de La Vega, y que dio origen a una anécdota curiosa.

-Ya era un poco extraño esperarla en medio de los camiones de la Vega. Yo estaba parada y de repente se detiene un auto del que salen la reina Beatriz y la princesa Máxima, altas, rubias, con sus sombreros de colores fuertes. Las niñas del hogar estaban completamente fascinadas, y de repente una se acerca a la princesa y le pide que se saque el sombrero para tocar su pelo. Fue un sueño completo para esa niña.

Marta Larraechea recuerda sus reuniones con las "amigas del barrio" como dice a las cumbres anuales que tenía con las primeras damas de América Latina y el Caribe, a las que posteriormente se incorporaron Hillary Clinton y Ana Botella, actual alcaldesa de Madrid y señora de José María Aznar.

-En América Latina es algo dado que la señora del Presidente asuma un rol, se piensa como un proyecto familiar. Las mujeres vamos asumiendo responsabilidades, lo que no sucede en Europa y otros países. A Hillary Clinton le interesaba especialmente cómo se organizaban en nuestro país las juntas de vecinos.

Muchos de los proyectos que Larraechea propuso en Chile con mujeres campesinas surgieron de esos encuentros.

-Se inspiraron en la labor de la entonces primera dama de Costa Rica. Pero no todas estaban de acuerdo en ejercer la función. Durante una cumbre una primera dama pidió la palabra y nos dijo que no nos entendía, que si nuestros maridos querían ser presidentes y políticos era problema de ellos, no nuestro.

-A usted sí le interesó seguir una carrera política en 2000, cuando compitió con Joaquín Lavín por la alcaldía de Santiago.

-Nunca lo pensé antes, pero la alcaldía era algo que me gustaba, porque se gestionan iniciativas. Perdí, pero fui concejal.

Cuando en 2001, Eduardo Frei asumió como senador designado en su calidad de ex Presidente de la República, Marta Larraechea decidió no continuar. "No me gusta que en el matrimonio los dos estén en política".

-¿Qué opina de casos como el de Nadine Herrera, Primera Dama de Perú, quien es criticada por su supuesta participación en las decisiones del gobierno?

-Ella es muy profesional. Yo conversé en las reuniones que tenía con las señoras de presidentes sobre este tema y muchas primeras damas asistían a reuniones de gabinete tomando decisiones con voz y voto. Yo nunca lo haría, pero cada país tiene su propia dinámica.

Cecilia Morel conoció a Nadine Herrera bastante bien durante el gobierno de Sebastián Piñera.

-Ella es una mujer política y ¿por qué va a dejar de serlo? Se formó junto a su marido. Si es una mujer que aporta, me parece bien que converse con los ministros. Tiene un perfil propio que no se puede borrar. Yo nunca tuve ese rol político, pero uno puede opinar.

-Pero ella no fue elegida en una votación popular.

-No me puedo meter en la política de otros países, pero sí me parece que en el mundo moderno cada vez más mujeres tienen su espacio y no deberían dejar de ejercer roles por ser la mujer del presidente.

-¿Y en su caso, usted asumiría un rol político?

-Se ríe-. Mis proyectos han estado ligados al mundo social o fundaciones, pero desde el mundo privado. En eso me veo más.

Luisa Durán no pensó en postular a un cargo político luego de finalizado el mandato de Ricardo Lagos, en 2006.

-Estaba bastante cansada y una vez terminado el gobierno, cuando murió Fernando Rosas, asumí la dirección ejecutiva de la Fundación de Orquestas Juveniles. Ahora soy miembro del directorio de Matucana 100. Hoy me encanta ir y ver a la gente joven que asiste. Y ¡me gusta mucho que no me reconozcan!

 

El desafío de Sebastián Dávalos

Durante el primer gobierno de Michelle Bachelet, al no haber quien asumiera la gestión de las fundaciones, se creó la Dirección Sociocultural de la Presidencia como una forma de dar coherencia a las políticas impulsadas hasta ese entonces, y aportar sinergia a las fundaciones a cargo de la Primera Dama. Adriana Delpiano, María Eugenia Hirmas, y ahora el hijo de la Presidenta, Sebastián Dávalos, han ejercido el cargo.

Las primeras damas dicen que, al igual que ellas, Sebastián Dávalos tendrá su propia agenda. El gran tema ahora, dice el propio Dávalos, será la inclusión principalmente a los adultos mayores y a los niños y jóvenes con capacidades distintas.

-Mi interés es impulsar programas pilotos, como el de tratamiento preventivo para los adultos mayores y uno para jóvenes con capacidades distintas en que se utilice el arte como forma de desarrollo de sus habilidades.

Las primeras damas también destacan que por primera vez un hombre asuma el cargo y que sea "una persona joven", dice Leonor Oyarzún, pero lo más importante es su cercanía con la Presidenta.

-Como hombre, creo que puede aportar exactamente lo mismo que una mujer. Lo que destaco es que sea una persona de confianza, igual como lo hemos sido las esposas de los presidentes -dice Marta Larraechea.

Sebastián Dávalos se ofreció para asumir el cargo ad honorem. Con su señora, Natalia Compagnon conversaron y ella llevará el grueso de los gastos familiares. Dice:

-Sabía que iba a parecer extraño que asumiera este rol, habitualmente asociado con la figura de la primera dama. En nuestro país nos cuesta desprendernos de los roles de género, pero es machista considerar que se trata de un cargo que debe ser ocupado por una mujer.

María Eugenia Hirmas destaca que sea el hijo de Bachelet. "Me parece que le va a permitir comprender mejor el trabajo de su madre, quien no para nunca".

Adriana Delpiano coincide:

-Muchas veces se habla de la participación en política de los hijos de, las señoras de. Hoy, en que la política no cuenta con gran prestigio, valoro que otros miembros de la familia se motiven. Otra cosa sería instrumentalizar un cargo. No puede pasar que una persona que no ha sido electa suplante o reemplace al Presidente.

-¿No ve conflicto de intereses entonces?

-Puede haberlos si un pariente entra a trabajar directamente, pero es diferente si el familiar llegó por otra vía, haciendo su propio camino. Quizás es un poco como la ley de cuotas, hay que demostrar si se es capaz o no.

Sebastián Dávalos dice que como familia "debo tratar de apoyar a la Presidenta más allá de lo que se le puede dar puertas adentro". Su impronta en estos meses ha estado dada por visitas sorpresa a las fundaciones.

-¿Por qué no optó por ser asesor, como por ejemplo, lo fue Magdalena Piñera en el gobierno anterior?

-Mi perfil es técnico, no político. Vengo de la Direcon, lo técnico es lo que me gusta.

-¿No lo llamaron del gobierno anterior para el traspaso de funciones?

-No he recibido ningún llamado.

Cecilia Morel señala:

-Es verdad que no tuvimos contacto, pero desde que salió elegida la Presidenta llamamos a Javiera Blanco, María Eugenia Paris y Paula Narváez. No una vez, sino varias, y nunca recibimos respuesta de vuelta. Cuando asumió Sebastián Dávalos nosotros ya habíamos entregado todo el material, pero feliz  de que me hubiese llamado. Yo siempre relevé y agradecí el rol de mis antecesoras. Creo que uno aporta a este cargo desde lo que uno es como persona.

"La famosa retroexcavadora Es como decir, ojalá saquemos del mapa de los chilenos al gobierno anterior, para sostener los cambios que se vienen", dice Morel.

"Yo sigo pensando que tiene que haber gente de confianza cerca del Presidente. No puede ser una persona ajena", dice Luisa Durán.

Marta Larraechea sobre sus pares latinoamericanas: "Muchas primeras damas asistían a reuniones de gabinete tomando decisiones con voz y voto. Yo nunca lo haría, pero cada país tiene su propia dinámica".

 

 


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Frente a las críticas que reciben sus maridos, "hay que poner la piel dura", coinciden Cecilia Morel y Leonor Oyarzún.




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