REPORTAJES

Domingo 18 de Julio de 2010

Causaron gran destrucción ecológica y sus secuelas no se borraron durante décadas:
Las desconocidas historias de los tres principales derrames de petróleo en Chile

El hundimiento de la plataforma petrolífera Deepwater Horizon en Estados Unidos derramó 600.000 toneladas de crudo durante tres meses y recién el jueves pudo ser controlado. En Chile, en la década de los setenta, también hubo vertidos de petróleo en las costas. Los testigos lo reviven.  
CARLOS SALDIVIA "Era una noche gélida, de granizo y viento". Es lo primero que recuerda uno de los rescatistas de los 37 náufragos del petrolero liberiano Napier que el 10 de junio de 1973 encalló en la isla Guamblin (Aysén) y liberó cerca de 30.000 toneladas de petróleo.

Lo relata el cabo Luis Barrientos, que en ese entonces era un operador de El Lautaro, un patrullero de la Armada que llegó al lugar para atender la emergencia. No fue fácil: el equipo rescatista viajó dos días usando cartas de navegación, con ayuda radial de un mercante cercano y de la Base Naval de Puerto Montt.

Luis Mesías era el comandante de El Lautaro. "Al llegar, había una tempestad enorme. Esperé que pasaran tres olas grandes y atraqué. Cuando tiramos las espías (sogas de amarre) para rescatar a la tripulación, pensé que nos meteríamos debajo del Napier, algo fatal. 'El Lautaro' subía y luego bajaba hasta la hélice del petrolero, que salía del mar", relata Mesías, hoy de 74 años.

Casi todos los náufragos eran de procedencia griega. Mesías -que recibió la Medalla al Valor por parte de la Armada de Chile- les dio una sopa cuando subieron a El Lautaro.

El Napier, un poderoso buque tanque, fue el primer barco que causó daños ambientales en Chile: derramó cerca de 30.000 toneladas al encallar en la Isla Guamblin, hoy una Reserva Nacional de la Península de Taitao, Aysén, sector de fiordos, hielos eternos y fauna nativa. La nave viajaba desde Arica al estrecho de Magallanes -aunque su destino final era Brasil- cuando esa noche de junio de 1973 varó y comenzó a hundirse.

La situación de mar era mala: había mucho viento y las condiciones para uso de elementos químicos de neutralización eran inexistentes. "Se optó por lo más rápido: bombardear la nave con misiles para que se consumiera el crudo", cuenta Mesías.

Tras una reunión con científicos de la Armada y la Universidad Católica de Valparaíso, el Ministerio de Defensa ordenó a la Fach el bombardeo. Una flota de Hawker Hunter perforó con balas la cubierta del petrolero y lo hizo explotar con misiles. "El Napier fue bombardeado para incendiar el petróleo e impedir que penetrara en aguas interiores de Chiloé, lo que habría sido nefasto por sus efectos socioeconómicos", afirma Sergio Palma, doctor en Ocenoagrafía Biológica de la Universidad Católica de Valparaíso, experto en derrames.

La historia se repite

Como si fuera un déjà vú, un segundo derrame vino al año siguiente. Según submarinistas de la Armada, éste es un caso de estudio en las universidades de Estados Unidos por el daño ecológico causado.

El 9 de agosto de 1974, el petrolero holandés Metula varó en el estrecho de Magallanes con 206.000 toneladas de combustible. Venía de Arabia Saudita y su destino era Quintero. Chocó con un banco de arena y vertió más de 52.000 toneladas de crudo, cifra que hizo a la Agencia Milenium -una importante consultora europea en temas energéticos- incluirla en la lista de los 30 derrames más nefastos del planeta.

El fuerte viento hizo que el crudo llegara en horas a Punta Arenas. "El Metula entró en el estrecho de Magallanes para evitar el temporal de Cabo de Hornos. En este tramo del viaje existían dificultades que requerían una mayor precaución, debido a la existencia de bancos de arena en el área. El accidente del Metula marcó un hito en la legislación marítima, ya que incluso hasta entonces navíos extranjeros botaban excedente de petróleo en el puerto sin mayor problema", recuerda el entonces subteniente Francisco Le Dantec.

Sergio Palma cuenta que el crudo afectó diversas poblaciones de gaviotas, pingüinos y cormoranes, algas, equinodermos y moluscos que tardaron decenas de años en su recuperación. La Armada evalúa que los efectos en playas de la Isla de Tierra del Fuego perduraron hasta mediados de los años 90. "El daño fue inmenso. En la época, Chile no era parte aún del Convenio de Responsabilidad Civil de 1969 y careció de un arma legal para obligar a los armadores a efectuar una limpieza y a indemnizar", señala el almirante Ricardo Böke, director de Intereses Marítimos de la Armada.

Tras un mes de trabajo para detener el derrame, y ayuda de Holanda y Argentina, tres remolcadores movieron al Metula y pudieron llevarlo a Brasil, donde fue desguazado.

Pero cuatro años más tarde la historia volvió a repetirse en Talcahuano, aunque con un nivel de daño menor. El 7 de julio de 1978, en la bahía de San Vicente, el Cabo Tamar, el segundo buque más grande de la flota mercante nacional, varó con 64.000 toneladas de crudo. Con dos de sus estanques perforados, en cuatro días derramó 12.000 toneladas, cubriendo de negro todas las playas de la bahía, un estero e instalaciones de pesca. "Felizmente y en oposición a lo ocurrido con el naufragio del Metula, al ser el país parte del Convenio de Responsabilidad Civil de 1969 fue posible cubrir todos los costos de limpieza, la que duró varios meses, y pagar las indemnizaciones y demás gastos por los daños, lo que sumó cerca de dos millones de dólares", asegura Böke.

 


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