VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 7 de Enero de 2012

 
Ciudades para todos

Lejos del concepto de la rampa tipo parche, siempre escondida, hecha exclusivamente para personas con discapacidad, la arquitectura debiera incorporar el diseño universal como una herramienta global que permita accesibilidad para todos. Esta mirada inclusiva pretende, en la medida de lo posible, generar entornos y edificios preparados para acoger a adultos mayores, coches de guagua y sillas de ruedas, por igual. Todo esto sin que se note, porque una buena accesibilidad pasa inadvertida.  
Texto, María Cecilia de Frutos D. Diseñar para todos debiera ser la premisa cuando se habla de arquitectura accesible. Mal concebida como "arquitectura para discapacitados", ésta, por el contrario, plantea soluciones universales, para todos quienes en algún momento estuvieron, están o estarán en alguna situación de limitación física: ancianos, padres que pasean con sus hijos en coche, gente en sillas de ruedas o que utilizan muletas, es decir, cerca de la mitad de la población. Porque lejos de necesitar soluciones exclusivas o especiales, las personas con discapacidad requieren entornos y edificios seguros a los que se les permita llegar, donde puedan entrar y luego hacer uso de ellos libremente, al igual que todos. De eso se trata el diseño universal.

Hace diez años, casi no se hablaba de este tema en Chile. Una ley de 1994 obligaba a los edificios de uso público a tener un acceso y un baño exclusivo, lo que trajo todo tipo de soluciones, unas mejores que otras, que se remitían a eliminar barreras arquitectónicas en la ciudad. Malos ejemplos como rampas muy angostas o que llegaban directamente a una calle; baños especiales usados como bodega; rebajes de vereda a desnivel de la calle; o estacionamientos cerrados con cuerda o bloqueados por un cono, fueron -y siguen siendo- más de los aceptables. En febrero de 2010 apareció la ley 20.422, que dio un salto adelante y estableció normas sobre igualdad de oportunidades e inclusión social de personas con discapacidad. A partir de ahí la accesibilidad se convirtió en parte de la política pública.

"La discapacidad se genera cuando una persona tiene una limitación al hacer una actividad... si esa persona estuviera en silla de ruedas y toda la ciudad estuviera adaptada para ella, no sería discapacitada", dicen Daniel Prado y Juan Pablo Fuentealba, arquitectos de la UC, quienes en 2002 y recién titulados fueron de los primeros en interesarse por la accesibilidad física. Comenzaron por investigar y vieron la importancia de este asunto que no estaba siendo abordado. Sus primeros pasos fueron lentos y con poca llegada: "nosotros ofrecíamos nuestra asesoría a empresas, hoteles, etcétera, y nos decían, "es que acá no trabajan discapacitados" o "no vienen discapacitados", y no se daban cuenta de que llegarían si tuvieran un acceso habilitado para ellos". En Carabineros de Chile sí encontraron acogida y desarrollaron remodelaciones, nuevos jardines infantiles y algunos colegios bajo el concepto de acceso universal. "El desafío fue cómo incorporar el máximo de elementos de una manera "no ortopédica", como una accesibilidad inadvertida, que no se nota porque está bien hecha", explican.

Porque la arquitectura inclusiva no es evidente, trabaja con detalles. Basta con adaptarse a medidas estándar -puertas de mínimo 80 cm de ancho-, proyectar inclinaciones precisas -rampas con no más de 8% de pendiente-, usar materiales adecuados, como antideslizantes. En resumen, diseño simple pero bien pensado y para todos. La punta de lanza siempre es la silla de ruedas -y el símbolo internacional de la accesibilidad-, porque donde cabe ésta entran coches de guagua o carros de supermercado, y el acceso se les hace mucho más fácil a personas con muletas o adultos con dificultad de movimiento.

 

Generadoras de cambios

"Para mí, Santiago está mucho mejor", dice Pamela Prett, fundadora y directora de la Corporación Ciudad Accesible, y madre de dos hijos -de 22 y 27 años- que están en silla de ruedas. "A mí me tocó la etapa en que no había ningún rebaje de vereda. Pero todos los días se van sumando personas con movilidad reducida y descubren que todo es horroroso... Aún hay mucho por hacer". Hace once años Pamela creó el sitio www.ciudadaccesible.cl con el fin de denunciar errores y falencias: estacionamientos mal usados, rebajes de vereda defectuosos, salva escaleras desactivados, etcétera. Pero con el tiempo descubrió que había un desconocimiento tan grande por parte de arquitectos y entidades, que debía partir por informar. Así nacieron varias iniciativas, entre ellas, el Manual de Accesibilidad Universal que hizo en 2010 junto a Andrea Boudeguer y Patricia Squella, dos arquitectas que ya en la universidad se interesaron por el tema. Esta dupla de jóvenes profesionales creó la oficina Boudeguer & Squella ARQ con la idea de asesorar a arquitectos para que ellos incorporaran la accesibilidad a sus proyectos, diagnosticando puntos críticos y guiándolos en los planos, pero dejándolos desarrrollar su obra. Así lo hicieron con el edificio del GAM, de Cristián Fernández y Lateral Arquitectura & Diseño -el primero que se ha construido con estos principios de diseño universal desde sus bases- y con el futuro Teatro Teletón, aún no construido.

"En Chile todavía la accesibilidad está encasillada en la "discapacidad" -dice Patricia-, pero si vas con un coche también estás incapacitado de subir una escalera". Por esto hablan de generar un circuito o ruta accesible, que busca crear las condiciones para poder llegar, entrar y usar el edificio sin interrupciones, como un valor agregado tan elemental como lo es hoy la sustentabilidad.

Los datos confirman que en Chile, 12,9% de la población tiene alguna discapacidad. En Ciudad Accesible hablan de una cada ocho personas, y que además existen 725.311 adultos mayores con limitación de movimiento. Con ese público, los arquitectos ya pueden comprobar la importancia de asumir este tema como parte de sus proyectos. Las opciones son transformar un edificio ya construido aplicando algunas soluciones puntuales; sin embargo la apuesta a futuro tiene que ser incluir los principios de accesibilidad desde el inicio de la obra: el único costo adicional es la asesoría de expertos.

Con la nueva legislación y la creación del Senadis (Servicio Nacional de la Discapacidad), Andrea Boudeguer asumió como jefa del Departamento de Accesibilidad de esa entidad. Ésta se ocupa de que ministerios y organismos públicos incorporen la variable de accesibilidad universal a sus proyectos, por eso, según asegura la arquitecta, en poco tiempo todos los edificios de uso público y que entreguen un servicio a la comunidad deberán, por ley, ser accesibles para todos. Ya partieron, por ejemplo, con proyectos de reconstrucción como el paseo costero de Dichato, o el mejoramiento de playas en Arica. Además, se están haciendo los estudios para incorporar a corto plazo la accesibilidad en la vivienda social. 

 


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Las pasarelas de madera se deben poner hasta donde llega la marea más alta, para que no se las lleve el mar, como en la nueva playa accesible El Laucho, Arica.
Las pasarelas de madera se deben poner hasta donde llega la marea más alta, para que no se las lleve el mar, como en la nueva playa accesible El Laucho, Arica.
Foto:GENTILEZA MOP


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