DEPORTES

Lunes 27 de Marzo de 2000


Rafael Salamovich Un campeón de verdad

Fue genio y figura del equipo que en 1937 ganó invicto el Sudamericano de básquetbol. Fue, también, múltiple campeón chileno (con el Internacional) y escribió un récord increíble: jugó con 50 años en una liga local y con éxito. ¿Su estilo? Simple: agarrar la pelota y tirar. Siempre entraba.
"El día en que aparece en los diarios que me habían elegido para jugar por Chile no almorcé ni comí. Tenía algo en la guata. Era una cosa tan linda y grande que me hubieran nominado, que cuando tocaban el himno las cañuelas se me doblaban... Y pensar que ahora los gallos cobran por defender a su país".

Así recuerda Rafael Salamovich, hoy con 85 años, la época en que era genio y figura en la selección chilena de básquetbol. Fue un grande. Estuvo presente, y fue actor principal, en el mayor logro de este deporte en su historia: el título - invicto- que obtuvo en el Sudamericano de 1937 el equipo dirigido por el porteño Jesús Magaña.

"Los mejores recuerdos que tengo son los del Sudamericano del 37. Se jugó en Santiago y Valparaíso contra Perú, Argentina, Brasil y Uruguay en dos ruedas. Ibamos perdiendo encuentros y yo hacía puntos desde la mitad de la cancha", rememora emocionado.

Pero su historia deportiva se inició seis años antes, cuando con sus compañeros del Liceo Amunátegui convirtió sus primeros dobles. "Era flaco y me costaba hablar, por lo que siempre estaba solo. Cuando me puse a jugar, y a ser el mejor anotador en casi todos los partidos, me llené de amigos. Mi técnica era simple: agarraba la pelota y tiraba... Siempre entraba", recuerda con nostalgia.

Luego, ya mayor, pasó a la quinta división del Internacional, el club que se convertiría en su casa durante 19 años. Con ellos ganó ocho veces el campeonato de Santiago, por aquellos años, junto al de Valparaíso, el más importante del país.

Y sus méritos suman y siguen. Fue seleccionado chileno entre 1937 y 1942, participando además en los sudamericanos de Perú, Uruguay, Argentina, Brasil y Chile en 1942, donde siempre inscribía su nombre entre los grandes anotadores.

"Los viajes no eran como ahora. En 1939, cuando fuimos a Brasil, tomamos el tren a Los Andes un día en la noche. De ahí abordamos otro tren que nos llevó a la localidad argentina de Punta de Vacas donde, debido a que el camino estaba cortado, tuvimos que tomar autos que nos trasladaron a Mendoza, desde donde abordamos un tercer tren hasta Buenos Aires. Allí, por la mañana del tercer día, nos subimos a un barco a vapor que nos llevó a Montevideo, donde hicimos nuestro último transbordo hasta el buque "Asturias", que nos dejó en Río de Janeiro para jugar el torneo. Sólo desde Uruguay a Río nos demoramos tres días. Imagínese".

Fue, además, el primer jugador chileno en recibir ofertas para demostrar sus habilidades en el extranjero; clubes de Estados Unidos y Brasil querían contar con sus servicios, como consignan los diarios de la época. "No me fui porque era una época distinta y las mamás eran muy importantes. Era tonto grande, de 21 años, y el barrio y la casa me tiraban demasiado. Por eso no me fui".

Luego de actuar en distintos escenarios decidió en 1950 que le había llegado la hora del adiós. Abandonó la competencia, pero nunca dejó de jugar "amistosos" y cuidar su estado físico.

Su vida se encontraba dedicada al cuidado de la farmacia que tenía en Matucana cuando recibió una oferta que no pudo desechar. El Maccabi, un cuadro que actuaba en la segunda división, le pidió que volviera a vestirse de corto para iniciar la operación ascenso.

"Era 1965, yo tenía ya 50 años y hacía 15 que había dejado de jugar por mi querido Internacional. El club Maccabi me fue a buscar. Ganamos el ascenso tras jugar clásicos en todos los partidos. Ahí me retiré definitivamente". Esa temporada fue elegido el basquetbolista del año por el Círculo de Cronistas Deportivos. Toda una hazaña.

OTROS TIEMPOS

El básquetbol ha cambiado mucho en estos tiempos, pero Salamovich cree que él se habría podido parar ante los gigantes de la NBA. "Claro que en la defensa habría estado complicado, porque pesan como una tonelada y, ¿cómo se ataja a un animal de esa magnitud? En mi época había grandes clásicos, con Famae, Olea, Unión Española. Ahora no hay básquetbol, ¿dónde se juega? En Santiago había 10 equipos en primera, 10 en ascenso y cada uno tenía cinco divisiones con ocho a diez jugadores... Eran mil jugadores que actuaban en Santiago, por eso había público en los partidos".

Humildemente propone, en estos tiempos de crisis de la Dimayor, "una gran reunión con ex jugadores, ex dirigentes y quienes están en la actualidad, porque hay que hacer algo para que esto no se muera".

"Imagínese que una vez estábamos en la farmacia en el barrio Matucana cuando llegó el cura de la iglesia San Saturnino, que está en la Plaza Yungay, diciendo que iba a organizar un torneo de parroquias y quería que el Internacional defendiera a la suya. Salió el torneo, iba una cantidad enorme de gente a los partidos y ganamos nosotros, en definición con el Olea, que defendía a la parroquia San Rafael de Avenida Matta, ¿usted cree que eso se podría hacer hoy?, la gente perdió el interés".

Cuenta que nadie les pagaba un peso por jugar, aunque el público que repletaba los estadios ("jugábamos ante más de ocho mil personas"), cancelaba su respectiva entrada. "Dónde se iba la plata yo no sé, después me ha dado vueltas eso por la cabeza. La competencia duraba todo el año, pero ahora simplemente no hay básquetbol".

Por Juan Esteban Codelia




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Rafael Salamovich muestra sus grandes trofeos: la colección de recortes de diario que dan cuenta de su grandeza dentro de la cancha.
Rafael Salamovich muestra sus grandes trofeos: la colección de recortes de diario que dan cuenta de su grandeza dentro de la cancha.
Foto:Mauricio Palma


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