ACTIVIDAD CULTURAL

Sábado 30 de Agosto de 2014

Teatro Municipal:
Festival de coreógrafos

Carmen Gloria Larenas Nada más coherente que la Gala del Ballet de Santiago se haya transformado, con el tiempo, en una Gala de Coreógrafos. Marcia Haydée, directora de la compañía, es devota de los creadores, junto a quienes desplegó su enorme calidad artística. El presente Festival de Coreógrafos comenzó con un extracto de "Añañucas", de Mathieu Guilhaumon, director del Ballet Nacional Chileno. Aunque la obra resulta bastante dulzona, el extracto que protagonizan Paola Moret y Valentín Keller resiste. Mucho más interesante es "La Hora Azul", en la segunda parte, también del director y en versión abreviada.

Luego nos reencontramos con el "aire" y movimiento de un estupendo pas de deux de Jaime Pinto: "Trazos". Ágil y creativo, sello de Pinto, vemos a la talentosa Romina Contreras acompañada de Sebastián Vinet, luciendo su enorme talento. Por su parte, Eduardo Yedro propone dos obras: "Ellphlox, espíritu del bosque", que resulta anticuada a pesar del desempeño de Maite Ramírez y Rodrigo Guzmán, y "Retrato", con Natalia Berríos y José Manuel Ghiso.

El momento más alto de esta primera parte llegó con "Mono Lisa", de Itzik Galili, en la interpretación bastante clásica de Alicia Amatriain y un poco entusiasta Jason Reilly, ambos del Ballet de Stuttgart. El creador israelí se ha ganado un merecido estatus en el contexto internacional, con una mezcla perfecta de luz, música y movimiento.

Finalizó la primera parte con la ambiciosa propuesta de la chilena Isabel Croxatto, "Siesta de un Fauno". Ella es una coreógrafa fotográfica: propone imágenes atractivas para la retina, pero no logra un desarrollo en su propuesta dancística ni profundidad. Los bailarines se veían incómodos, algo perdidos, en una obra que se queda en la promesa. Bien el desempeño de José Manuel Ghiso.

En la segunda parte se presentó "Quasi una fantasía", de Demis Volpi. El coreógrafo argentino, residente en Stuttgart, sorprendió con lo más extraño, interesante y desconcertante de la noche. Desplegando un universo, por decir lo menos, raro, no logró emocionar, pero sí descolocar a un público poco habituado a propuestas de esta especie. En un espacio negro, con desconcertantes luces de linternas, circulaban seres de pelos largos, pelucas, trenzas; hombres de cara blanca, ¿pájaros, humanos o seres encantados? Exigió a los bailarines del Ballet de Santiago, incluyendo a Luis Ortigoza, que ataviado con una falda larga de pelos negros, y con la cara blanca, escapa del príncipe.

Casi al final, el pas de deux de "Othello", de John Neumeier, resulta lírico en la interpretación de Alicia Amatriain y Jason Reilly, y el esperado "Bolero", de Maurice Béjart, pone todo en orden. Ya convertida en un clásico, no pierde frescura, belleza y capacidad para cautivar. Sobre la mesa, Friedemann Vogel, del Ballet de Stuttgart, hace un estupendo trabajo de brazos, bien contenido por el grupo de hombres del Ballet de Santiago.

 


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