REVISTA DE LIBROS

Domingo 17 de Junio de 2007


El amor de Fontaine

Aunque lo conozcamos más y mejor por sus novelas, Arturo Fontaine no es un principiante poético. Mis ojos x tus ojos es su cuarto libro de poesía, pero esta vez ha elegido para consumarlo un género que a fuerza de frecuentado se ha hecho cada vez más difícil de cultivar: la poesía de amor. ¿Cómo hacer poesía de amor en estos tiempos escépticos? Una solución es convertir a la amada y a la relación que se tiene con ella en metáfora de la escritura, en la huella de la rima XXI de Bécquer, de los Fragmentos de un discurso amoroso de Barthes o de los poemas de amor de Octavio Paz. Fontaine no la desdeña, no se crea. Hay en su libro por lo menos media docena de textos que la emplean y sin reticencias. Desde el poema 9, escandalosamente ("La lapicera destapada/ cuchillo detenido en el aire/ no se atreve a herir la página que mira"), pasando por el 15 ("Vuelvo con peces vivitos/ a la boca de tus ojos") y hasta llegar al 30, éste algo menos bullicioso ("y entre libros y tantos libros solos/ la única página que entibia tu mano"). Pero tampoco hay en la lírica de Fontaine un abuso de la solución becqueriana. De mayores consecuencias me parece a mí la que da título al libro: la apuesta a la mirada, cualquiera sea el sentido de la "x" entre "mis ojos" y "tus ojos", y que admito pudiera ser perfectamente el de la multiplicación cerrada, el del aislamiento de los amantes en el circuito que va del uno al otro, hasta el extremo de la incomunicación. Pero lo esencial es, en este caso, eso que los ingleses llaman "the gaze", el mirar, y por añadidura el mirar a los ojos. Todos sabemos que en nuestra cultura el mirar es metáfora del poseer, y el mirar a los ojos todavía más. Mirar a los ojos no es sólo contemplar, es entrar. Es meterse uno adentro del otro, sobrepasando la cortina de los párpados, como en el poema 8 ("Tus párpados visten y desvisten a tus ojos") o en el 44 ("Salvo sus párpados/ esperaba desnuda"). Cuando eso es lo que ocurre, el mirar-poseer funciona de ida y vuelta. Desde los ojos de él hacia los de ella, por ejemplo en el primer poema del libro ("Pasan a veces mis ojos por tus ojos/ No te preocupes es lo único que pasa"), o desde los de ella hacia los de él, en el 25 ("me calan hasta alcanzar mis venas duras/ me punzan y me hilan esas Parcas").

Con todo, y reconociendo la potencia de algunos textos brevísimos, como el 44 que cité más arriba, o el 20 ("De morder ganas mías tu ostra viva"), yo me quedo con los poemas más largos de Fontaine. Me conmueve, entre otros, el 35: "Ahora nos doblegamos a ejercicios terminales". Es un poema que duele, y tal vez mucho más por la morosidad en el registro del suceso. Al contrario de los otros, que en general celebran o el nacimiento o la instalación del amor, éste da cuenta de su muerte: "Insisto llorando y te obligo a abrirme en gajos/ a beber tus labios me vas forzando sin querer". Y lo hace narrativamente. Es el momento en que el orden del hastío sustituye a la incandescencia que constituye el tiempo sin tiempo del éxtasis erótico. El momento en que al Fontaine poeta le dobla la mano el Fontaine novelista.

Bonito libro, y más profundo de lo que puede parecerles a algunas lecturas desatentas. Apadrinado por Óscar Hahn y Diego Maquieira, ellos mismos poetas excelentes y que saben bien qué recomiendan y por qué, yo me sumo de buena gana a sus elogios.

Grínor Rojo

Ficha:
POESÍA
"Mis ojos x tus ojos"
Arturo Fontaine
Andrés Bello, Santiago, 2007, 104, páginas, $6.780.


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