ARTES Y LETRAS

Domingo 3 de Octubre de 2004

EXPOSICIONES. Galería Patricia Ready, MAVI y Sala Gasco:
Acertijos pictóricos

Arturo Duclos en la Galería Patricia Ready, Marcela Romagnoli en el Museo de Artes Visuales y noveles dibujantes.

WALDEMAR SOMMER

Arturo Duclós da rienda suelta a su ironía equívoca, en Galería Patricia Ready. A través de los cuadros actuales exacerba la ornamentación barroca y ese orientalismo kitsch que se vuelve caricatura del arte chino. Y el expositor lo consigue, asimilando a su pintura el procedimiento gráfico de la impresión que transfiere imágenes recolectadas desde fuentes diversas. Con inventiva inagotable alcanza a unificar, una vez más, lo unificable. Eso se traduce en que, sin mayor inconveniente, lleguemos a asociar lo inasociable. Sobre la suntuosidad de los soportes textiles, por ejemplo, aviones, jarrones y cómic; o pistolas, dragón, palabras en inglés y rostros de razas diferentes; o hasta vísceras de la anatomía humana.

Se juega en estas obras del período 1999-2000, mostradas antes en el extranjero y no en Chile, con la exuberancia del brocado de fondo, con su efecto tornasolado, con la saturación del diseño barroquista. De esa manera, el soporte pasa a competir, de igual a igual, con las figuras, supuestamente, protagonistas del cuadro. Este último, además, suele hacer del rombo su artificioso formato o bien epicentro suyo. Acaso el momento irónico más punzante del conjunto pictórico corresponda a la parodia del bordado chinesco, con sus pajaritos sobre el más amanerado de los ramajes -Rombo (Mistify).

A menudo y sin texto alguno, aves diversas, peces, flores y signos chinos diminutos se despliegan, como tapicerías tradicionales, encima de la sensualidad de telas ya floreadas, ya cubiertas de líneas entrelazadas o paralelas. Eso sí, en Azufre, el exceso de imágenes y su heterogeneidad daña la unidad formal y su capacidad de sugerencias.

También encontramos, en la presente ocasión, tres pinturas sobre papel. Más simples que los lienzos, ellas se ubican dentro de la órbita productiva mejor conocida del autor.

Parejas

La pareja humana resulta el exclusivo protagonista en mármol, bronce y madera de la amplia exhibición de Marcela Romagnoli en el Museo de Artes Visuales. Domina ahí el anhelo de transfigurar la relación entre hombre y mujer. Y eso se lleva a cabo mucho más por intermedio de la quietud contemplativa del amor que a través de la mutua acción posesiva. Con frecuencia hallamos, así, a ambos personajes como si durmieran el uno dentro del otro. Los volúmenes broncíneos en menor formato, sin embargo, se impregnan de un expresionismo, propicio a figuras más reconocibles y en actitudes de mayor violencia. Eso no impide que sean de bronce los integrantes repetidos, alrededor de otro en blanca piedra de Carrara, que constituyen un grupo pleno de sosiego físico y anímico.

En cuanto a las grandes piezas en leño, se advierten en ellas rasgos bien digeridos de Pohlhammer, el fallecido maestro de esta joven escultora. Desarrollan compases de curvas y de superficies muellemente redondeadas. Asimismo, mórbidos emergen los mármoles, las obras más poderosas y audaces de la exposición. Estos calces de cuerpos en generosas dimensiones parecieran recoger aquella tradición escultórica nuestra que se remonta a Garafulic y Vial. No obstante, la amplia masa marmórea de Entrefuerzas encarna, acaso, la vía más personal y ambiciosa de Romagnoli. Al mismo tiempo, pareciera abrirse paso hacia su futuro. Propone él un verdadero descalce corporal y anímico, subrayado con vigor por su sector en bruto y por imperfecciones de terminación. En pleno centro antiguo, Sala Gasco presenta dibujos de cinco artistas nuestros. Molesta la manera rebuscada e incómoda con que el montaje identifica las obras de cada uno de ellos. En general, predominan aquí la prescindencia del color, el trazo voluntariamente desmañado y la búsqueda de una expresividad grotesca. Parecen correr por cuenta de Mario Navarro las imágenes más personales y el despliegue lineal más diestro. Su rayado sobre vidrio ennegrecido determina figuras simples, elementales, cargadas de tensión irónica. Curiosamente, al mundo germano aluden, de modos distintos, Claudio Herrera y Rodrigo Ortega. El primero interesa, antes que por sus fragmentaciones con formas poco reconocibles, por un paisaje urbano -obliga a recordar a Anselm Kiefer- con color y nombres escritos. Ortega, más conceptual que imaginativo, rescata y manipula dos veces un gran letrero con un lema típico de una Alemania beligerante.

Las majaderas aglomeraciones narrativas de Alvaro Oyarzún recurren a la historieta cómica, saturando en su mejor momento el soporte. Observado este trabajo desde la distancia, su pintoresquismo agobiador adquiere apariencia abstracta. En el caso de Paul Beuchat, la misma desigualdad temática entre desnudos académicos y láminas con signos, se da también en sus aciertos. Así, respecto de los primeros, junto a ciertas figuras atractivas asoma algún despiste lineal. Entretanto, de los argumentos insistentes y a menudo obvios de César Gabler, preferimos el despegue surrealista de su tinta y lápiz de color en Déjame jugar con tu osito.




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En las piezas de leños de la obra de Romagnoli se advierten rasgos de su maestro Polhammer.
En las piezas de leños de la obra de Romagnoli se advierten rasgos de su maestro Polhammer.
Foto:Gonzalo López


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