REVISTA YA

Martes 25 de Junio de 2002


Recorrido por Madrid: Dos días con Carolina Herrera Jr.

La hija de la diseñadora venezolana Carolina Herrera se ha transformado en inspiradora e imagen de sus perfumes. De sus gustos y nariz nacieron las versiones masculina y femenina de 212 y Chic, su nueva creación. Cosmopolita y nómada, Carolina Herrera Jr. decidió radicarse en España, donde produce un documental de toreros. Dice que le gusta más vestirse que hablar de moda, comenta su soltería y cuenta que es amiga de la chilena Leonor Varela.
Texto Juan Luis Salinas T., desde Madrid Fotografías Chema Moya y Juan Luis Salinas T.

La lluvia primaveral que cayó intermitente la tarde del viernes y la madrugada del sábado sobre Madrid, regala un día luminoso y algo acalorado. Falta poco para las once de la mañana. Por los largos ventanales del restaurante Bauzá
- ubicado en la calle Goya, cerca de Serrano, un sector de tiendas con nombre de diseñador internacional- el cielo se refleja profundamente celeste. Su luz se desprende sobre el bar, donde esperamos la llegada de Carolina Herrera Jr., hija de la diseñadora venezolana del mismo nombre y actual cerebro creativo de sus líneas de perfume.

Aparece sonriente y a paso lento por las escaleras. Delgadísima y pálida, luce más sencilla de lo esperado: con un jeans azulino raído, una blusa sin mangas y calzada con unas merceditas (zapatos bajos) grises. Su único detalle de elegancia es un bolso rojo a medio cerrar, con las iniciales CH. Saluda, mira fijamente y por un momento el celeste de sus ojos medio dormilones brilla con la luz que se cuela por los ventanales.

"Disculpen la demora, pero estos días han estado complicados. Llegué hace tres noches de Sevilla, donde produzco una peli. Estoy en plena remodelación de mi nuevo departamento en Madrid y no dormí bien. Es extraño, pero mirar esas cosas tiradas, me produce una combinación entre incomodidad y acogimiento. Tengo una mezcla de angustia por el desorden y la felicidad, porque pronto estará perfecto. Hoy me levanté temprano y mi auto está afuera, lleno de materiales de limpieza para seguir trabajando... desde limpiadores líquidos hasta una aspiradora", dice antes de obsequiar, a diferencia de los españoles, no dos, sino un beso en la mejilla.

Repentinamente, antes de iniciar la entrevista, Carolina se queda mirando al fotógrafo, quien le indica el lugar escogido para retratarla. En su rostro refleja una mueca de sorpresa. Sin avergonzarse, lanza su primera gran confesión: no me gustan las fotos. Dice que no sabe cómo enfrentar un lente. Para tranquilizarla, le comentamos que no tomarán más de diez minutos y que el resto de las imágenes, cuando recorramos la ciudad, serán sin poses, como fotografías de paseo. Se tranquiliza, pero mira a la cámara con cierto recelo.

"Frente a una cámara fotográfica pierdo toda mi personalidad. Me cohíbo, me siento más insegura que lo normal, me siento fea. Aparece todo lo peor de mí. Me da una mala leche horrible. No me gusta sentarme y tener que posar. Sonreír y obligarme a parecer perfecta. Si no me conoces personalmente y me ves en una foto, me imaginas como una amargada".

Resulta increíble escucharla decir eso, luego de haberla visto convertirse en mujer acompañando a su madre en anuncios publicitarios. Partió hace más de una década, de espaldas, envuelta en una lujosa tela, apoyada en una columna, promocionando la primera fragancia de Carolina Herrera. Luego salió sonriente en las imágenes para el lanzamiento de 212 y en las que adornan el recibidor de la exclusiva tienda CH de calle Serrano. Porque ella es su heredera y la encargada de la línea de perfumes, como el recién creado Chic, para mujeres cosmopolitas y soñadoras.

- Pero igual eres figura social. Apareces en páginas de la revista W sonriendo para la cámara.

"Esa imagen debe haber sido hace 25 años, porque desde el '97 que no vivo en Nueva York y las pocas veces que he estado allá no me aparezco por lugares trendy (a la moda). Voy a sitios pequeños y me reúno con mis amigos. Nada de fiestas grandes".

- En esa foto social aparecías con una rosa en el pelo, un faldón y una puntilla de encaje...

"Quizás, pero es de hace muchíiisimo tiempo... el chal y la rosa me suenan como de cinco temporadas atrás. Como recicle, moda vieja. Ni siquiera vintage".

Ahora lo suyo es la sencillez. "Me demoré diez minutos en arreglarme", asegura, desordenando su pelo.

Se presenta una mujer madura, pero en un momento de la conversación confiesa 33 años. Creció en Nueva York, donde desde niña vio cómo el negocio de su madre se convertía en una de las marcas más sofisticadas de los '80. Conoció a la gente influyente de la época. Como un amigo de su padre, Steve Rubell, dueño de la legendaria Studio 54. También a Madonna, de quien habla más tarde, en el Mercedes que nos lleva a sus lugares favoritos: "Era una chica demasiado regordeta que acompañaba a Steve a todas partes. Cuando veo sus logros, no puedo dejar de admirarla".

Carolina estudió primero Ciencias. Quería ser bioquímica para trabajar en un laboratorio de investigaciones donde estuvo seis meses y que abandonó por los documentales. "Siempre me había gustado el cine, pero llegué a él por casualidad. En una fiesta, estaba sentada y vino a mi lado un director independiente que no conocía. Comenzamos a hablar y le conté de mi gusto por las películas. Me invitó a trabajar con él. Me dijo que no podía pagarme, pero acepté. Fue mi mejor escuela. Empecé repartiendo guiones y terminé como asistente de producción. La cinta se llamó "Nadja", trataba de vampiros y tuvo éxito en los sectores independientes".

- Hoy estás como productora de un documental sobre toreros que dirige una amiga ¿Cómo surgió?

"La idea nació porque su padre fue torero. Decidimos hacer una historia sobre un señor que en la treintena deja su vida normal y embarca a su familia en la consecución del gran sueño que tiene desde los veinte: convertirse en torero. Lo mezclamos con las narraciones de niños que desde que tienen uso de razón quieren torear. Nuestra idea es demostrar que la pasión no tiene edad".

- ¿No has intentado torear?

"No, porque le tengo mucho respeto. Es algo que hay que hacer con mucha elegancia en los movimientos. Además, ver enfrentarse a una bestia de media tonelada a un torero de sesenta kilos es algo que hay respetar".

Lleva en Madrid más de seis años. Al principio venía a preparar todo desde Los Angeles (su primera casa, donde se independizó a los 27 años), pero lentamente se enamoró de este país, de sus costumbres y su gente. Viaja en el tren rápido AVE entre Madrid y Sevilla, pero reconoce que su centro de operaciones siempre ha sido la capital española. Ahí se ha paseado por varios departamentos en sectores céntricos y otros más populares, como el que muestra en Lavapiés, barrio lleno de inmigrantes y pequeños mercadillos de ropa. Está cerca de la filmoteca, uno de sus lugares favoritos para ver cine.

- ¿Pero sólo ves películas de arte?

"No discrimino si es Hollywood o un documental culto. Hace días fui a ver "Jóvenes salvajes", que es la peor del último tiempo. Igual dudo... no sé si iría a ver "Blade".

- Ahí trabaja una actriz chilena.

"¿Leonor...? Leonor Varela. La conozco y me cae fenomenal. Es bella y simpatiquísima. Una de las mujeres más guapas que conozco, ¡tiene unos ojos...! Supe que su padre murió hace un tiempo y me habría gustado llamarla. Cuando vivía en Los Angeles la veía muchísimo, ella salía con Billy Zane, quien era amigo de uno de mis novios.

- ¿Ahora tienes novio?

"No".

- ¿Y por qué no, si eres tan guapa?

"¿Tú crees...? Gracias. He tenido muchos y siempre he estado enamorada. Pasé con novios desde que tenía 16 a los 28, sin parar. Ahora estoy sola, pero te advierto que soy enamoradiza. Lo curioso es que no tengo un prototipo ideal, pero mientras menos músculos tenga, mejor. Un poquito defectuoso, mejor, y tampoco fashion boy. Soy muy independiente y me encanta cuidar a mi novio".

- ¿Nunca te has cuestionado tu soltería?

"Prefiero estar sola hasta los cincuenta para casarme con un hombre que realmente me ame, aunque sólo viva dos años de verdadera felicidad. Eso busco: verdadera felicidad. Tengo amigas que se casan por la edad, yo quiero hacerlo por amor. Pero no escribas eso, no vayan a pensar que estoy desesperada...".

Entre Madrid y Nueva York

Carolina prepara todo para instalarse en un departamento propio, cercano a la Plaza Mayor. Cuando llegamos ahí, pide que no lo fotografiemos. Como buena neoyorquina, planea tener un perro para pasear diariamente.

"Crecí con perros y en departamentos. Me acostumbré a los paseos por el parque con mi padre, paseando mi perro. Es algo que produce nostalgia".

- Toda tu familia está en Nueva York, ¿cómo se las arreglan para verse regularmente?

"Aunque no viajo para allá, igual nos reunimos y vemos mucho. O mi madre viene o yo la acompaño a alguno de los países que debe visitar. Hace poco estuvimos juntas en México y ahora iba a acompañarla a Chile (en mi anterior visita me encantó Santiago y Los Andes inmensos), pero tuve problemas con mi trabajo acá y lo cancelé. Con mi hermana Patricia también, ella es editora de moda en Vanity Fair y tiene que viajar mucho a Europa".

- ¿Patricia está más relacionada con la moda, no debería aparecer en las promociones con tu madre?

"Es su mundo. Como trabaja en un medio especializado, prefiere mantener distancia del negocio de mi mamá, por asuntos profesionales. Yo aparezco y soy la imagen de los perfumes, pero no tengo directa relación con las colecciones de moda. Para todos los desfiles de temporada de mi madre es poco lo que ayudo. Llego el día antes y no veo nada hasta que salen por la pasarela. Como vive en Nueva York, mi hermana Patricia la visita, revisa la ropa, le da su opinión y la entrevista por trabajo. Pero, sabes, mi relación con el diseño de sus colecciones es bastante escasa".

- ¿Nunca lo intentaste?

"No tiene que ver con mis planes. Ahora, algunas veces, le he dado mi opinión. Cuando ella me pregunta qué puede hacer con un vestido que está preparando. Entonces le digo lo que pienso y me escucha, pero ésa es mi máxima colaboración".

- ¿Tu relación con la moda es nula?

"Me encanta la ropa y vestirme bien, pero no entiendo todo el concepto tras ella. No me gusta hablar como si supiera de las inspiraciones, los cortes de cada colección, porque ni idea. Sin embargo me gustan los vestidos de mi madre, igual como me gusta Marni, o Prada cuando no es trendy y es más clásico. También me encanta Marc Jacobs".

- ¿Hay detalles que te molestan?

"Los jeans de diseñador son una horterada (ordinariez). Si me voy a comprar un pantalón, prefiero uno normal a unos llenos de letras grandes en los bolsillos. Si me compro un par de jeans de más de 400 dólares, de seguro los cuelgo en la pared".

- ¿Sales mucho en Madrid?

"No, casi nada. Me gusta estar sola o prefiero las fiestas de amigos; la próxima semana tengo la de una amiga y espero divertirme. Hace meses que no voy a bailar. En una discoteca sufro más de lo que me divierto. Bueno, a menos que me agrade alguien y esté esperando que aparezca".

"Me gustaría saber qué podrías escribir de todo este recorrido que hicimos juntos".

- Que me encantaron tus ojos celestes.

"Por favor, no me avergüences".

sus favoritos en Madrid



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¿Verdadero o falso?: Carolina dice que la cámara fotográfica la intimida; que se siente fea y saca lo peor de ella.
¿Verdadero o falso?: Carolina dice que la cámara fotográfica la intimida; que se siente fea y saca lo peor de ella.
Foto:Chema Moya y Juan Luis Salinas T.


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