ARTES Y LETRAS

Domingo 4 de Agosto de 2013

DEL INCUNABLE AL IPAD | Sus colecciones salen a la luz:
Las curiosidades y vericuetos que esconden los 200 años de la Biblioteca Nacional

Hace dos siglos, en un Chile naciente y precario, se fundaba la Biblioteca Nacional, por impulso de José Miguel Carrera. "El primer paso de los pueblos para ser sabios es proporcionarse grandes bibliotecas", decía el edicto en El Monitor Araucano. Ahora se inician las celebraciones de su mes aniversario, que tendrán su clímax el 19 de agosto, con una gala y la apertura de una gran muestra en torno a las colecciones que alberga, bajo el título "La memoria que nos une".  
ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ  Escritores en tertuliaTradicionalmente, la Biblioteca ha acogido a los investigadores y escritores chilenos. Varios de ellos se reunían en la sala de "Referencias Críticas" (que resguarda comentarios críticos, recortes de prensa y otros materiales literarios), donde costaba mantener el silencio. Ese espacio fue iniciativa de Roque Esteban Scarpa, quien también impulsó el "Archivo del Escritor", que recopila valiosos originales autógrafos de obras publicadas e inéditas, epistolarios, fotografías y objetos personales de escritores. A este archivo se incorporó el reciente legado de Gabriela Mistral, que ya está totalmente digitalizado. Primeras ediciones y recordadas portadas de autores chilenos como Marta Brunet, Jenaro Prieto y Mariano Latorre son, a su vez, parte del patrimonio de la "Colección chilena". Un ejemplo es la primera edición (en dos tomos) de Casa Grande (1908), de Luis Orrego Luco. Su visión crítica de la aristocracia agotó la novela de inmediato, por lo que se imprimieron nuevas ediciones. En seis semanas se habían vendido seis mil copias.

Revistas: densas y frívolasAunque las revistas se conservaban desde mucho antes, en 1974 se crea la sección "Hemeroteca", que preserva, colecciona y cataloga las revistas en las más diversas temáticas, desde la cinéfila y recordada "Ecran" (en la imagen su primer número, de 1930, con el rostro de Greta Garbo) hasta la reconocida revista literaria Mapocho, editada por la Biblioteca Nacional, con sus recordadas portadas creadas por Mauricio Amster.

Acordes nacionalesPara preservar la producción original de los músicos chilenos se fundó, en 1970, la sección de música, que organizó Alfonso Letelier. Hoy se pueden encontrar allí partituras, grabaciones, carátulas, imágenes y otros materiales relacionados con la música creada y cultivada en Chile. El grupo Congreso y la familia del compositor Juan Amenábar han realizado donaciones recientes.

De el Peneca a CondoritoLa Biblioteca Nacional tuvo antaño una "Sala Infantil" y se pueden ver sus hermosos dibujos en madera, con figuras como la Caperucita Roja, en el espacio que hoy ocupa la "Sala de los Investigadores". Ricos materiales que tienen que ver con la infancia se pueden encontrar en las distintas colecciones, desde las recordadas revistas "El Peneca" ilustradas por artistas como Coré y Elena Poirier hasta los primeros números de Condorito, en 1955, cuando se independizó y dejó de ser una tira cómica en la revista Okey.

Longevos y hermososTinta verdinegra fue usada en el primer documento conocido salido de una imprenta en Chile. Data de 1776, entrega las instrucciones para ganar indulgencia en el Jubileo Santo y su calidad de impresión es deplorable. Ramón Laval lo llamó "el incunable chileno", aunque en rigor los incunables son las publicaciones impresas en Europa en los primeros cincuenta años después de la creación de la imprenta. De esos libros venerables, hay varios en la biblioteca, como la "Crónica de Nüremberg" (1493), "Las Siete Partidas" (1471) o una rarísima edición de la "Nave de los locos" de 1488 (la alegoría de un barco que traslada distintos vicios), cuyos dibujos son atribuidos al taller de Durero.

>> Estas instrucciones para ganar el Jubileo Santo (1776) se consideran el "primer impreso chileno".>>Compras y regalosFue el infatigable Manuel de Salas, primer director de la Biblioteca Nacional, quien impulsó la norma del "depósito legal" (reformulada varias veces) que hoy establece que la Biblioteca debe recibir 15 ejemplares de todas las publicaciones impresas en Chile. Con los años, los 8 mil libros iniciales que tenía la biblioteca se fueron enriqueciendo con legados y compras de colecciones, como las de Andrés Bello y Claudio Gay. Y qué decir de los tesoros legados por Barros Arana y José Toribio Medina, que merecieron salas especiales. Algunos de los documentos más antiguos de la biblioteca (manuscritos, mapas, incunables) están hoy en la sala Medina, que cuenta con condiciones privilegiadas de preservación. Allí está también la lechuza de cerámica que tenía don José Toribio, símbolo de sabiduría, cuyos ojos se iluminan.



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Foto:BIBLIOTECA NACIONAL


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