VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 30 de Octubre de 1999

Tropiezo Neolítico

Desde junio de 1998, en el Museo de Arte Precolombino varias piedras quedaron suspendidas sobre el agua y el suelo sin posibilidad de alcanzar el fondo. Es la obra de la escultora Marcela Correa.
El acero de los nueve módulos de 1 m x 1 m ha suspendido la trayectoria de descenso que sugieren las piedras semihundidas o semilevantadas de la brillante superficie de Poza 2.

Las cuatro piedras, recolectadas en la zona de Melipilla, tienen la parte superior cóncava y dan a conocer su anterior y tradicional uso de piedra de moler o mortero. Se desplazan silenciosamente sobre la superficie del metal, repitiendo la gran horizontal del recinto, conviviendo a diario con los funcionarios, los ajedrecistas del pasillo y vendedores ambulantes del exterior, las micros y vehículos de calle Bandera con Compañía.

Cabizbajo, el visitante, con la mirada puesta sobre el suelo, encuentra detenciones y movimientos, reconoce una fuerza centrífuga y una elevación. Desde la secuencia de las piedras talladas se llega hasta al granito mayor, que está al borde, a punto de caerse de la composición.

Un efecto de desplazamiento y detención análogo a un ejercicio gráfico, una tinta china o un dibujo tridimensional que establece silencios y ruidos horizontales, diagonales y oblicuos. Huellas breves sobre un espacio regulado y sobre un tiempo establecido entre pasillo y pasillo de cada sala de exhibición. Esa misma condición informal y cautelosa ha permitido que la escultura se integre y se vaya quedando inadvertidamente entre el camino y la detención de los visitantes... vacío que la escultora Marcela Correa apenas interrumpe en la torsión, manipulación, fragua, soldadura y martillo que involucró la confección de las dos piedras entrelazadas o entretejidas en el otro extremo de la superficie metálica. Las piedras se hunden y posan estáticas, para que la mirada aérea reconozca en el paneo la importancia de las aguas claras y turbias consolidadas en una superficie sin óxido.

Desde el metal enmarcado que fuerza los bordes con el patio de la institución que la exhibe, se ofrece al público una interrupción, una materia atravesada o instalada entre tiempos y lenguas distintas, en el medio de la caminata que une a los mapuches con el arte contemporáneo, al ritual con el tiempo metropolitano.

Poza 2, son objetos posados, depositados y empujados hacia adentro y afuera, donde el asombro y la duda evitan la indiferencia de la memoria étnica y estética. Marcela Correa saca a flote las piedras, y da un golpe bajo a la escultura doméstica, en versión casera o corporativa; es decir, de altura presentable y dirección vertical. Saltan chips, quema el asombro, sobreviene un justo sosiego. Los días de la escultura están asoleados. (Manuel Corrada. Catálogo MNBA, 1998).

Por Ramón Castillo,
licenciado en arte
Fotografías, Patricio Baeza


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