DEPORTES

Jueves 23 de Septiembre de 2004

Colegio, dulce colegio

Un deportista se forma desde la infancia. Y muchas veces sus intereses chocan con su educación. Aquí, cómo enfrentaron esto Nicolás Massú y Fernando González, según quienes los rodearon.

El hombre del maletín

Vehemente y desordenado, pero muy sociable y buen compañero. Muchos de los que conocieron a Nicolás Massú en The Mackay School concuerdan en que siempre andaba con la risa a flor de labios, esperando el momento para alguna jugarreta. Para uno de sus compañeros, una de las anécdotas más memorables les ocurrió en 6° básico.

Ese año un grupo en el que estábamos Nicolás y yo, le sacamos el maletín a un profesor de arte. Al lado de los pabellones había una quebrada. De pronto, la situación se nos fue de las manos y Massú terminó lanzando el maletín con todas las cosas por la quebrada. Nos querían echar a varios por eso. Finalmente otros empezaron a echarle la culpa al profesor y así nos salvamos, pero quedó la cagada con el maletín, cuenta un testigo de los hechos que no se quiso identificar...

Una mezcla explosiva

Solía aprovechar los pequeños detalles. Si la pelota salía un poquito, el decía que no. Es que para Nicolás era muy importante ganar, no podía ser segundo. Las palabras son de Gonzalo Aguirre, ex profesor de Educación Física de The Mackay School de Viña del Mar, colegio donde Massú cursó sus estudios básicos. Pero quien fue su maestro desde kinder no se refiere a partidos de tenis, como podría creerse, sino que de fútbol, actividad en la que a su juicio, el hoy tenista sobresalía.

Se destacaba como volante. Recuerdo que en 3° básico, en un torneo de colegios ingleses en Santiago, él solo ganó el campeonato, asegura Aguirre. Creo que habría sido mejor futbolista agrega un compañero de curso.

En un colegio donde el deporte oficial es el rugby, Massú no le hacía asco a la ovalada, aunque sus preferencias eran el fútbol - estuvo en las inferiores de Everton, club del que es fanático- y el atletismo. Era un genio para los deportes. Era muy rápido y tenía una gran capacidad aeróbica, recuerda el mismo amigo.

Pero todas sus virtudes en las canchas se diluían en las salas. Massú no era un buen estudiante, de partida porque no le interesaba. Era el típico alumno medio hiperquinético al que le gustaba mucho más el deporte que estudiar, asegura Nicolás Seccatore, otro de sus compañeros. Más que descuidar lo académico, simplemente no le gustaba, acota Aguirre. Por lo mismo no fue tan extraño cuando en 1989 repitió 4° básico.

Llegar a un curso donde la mayoría de los compañeros eran menores generó un cambio. Y Massú se transformó en un líder natural. Era un niñito-desorden, de esos a los que le sobran energías. Y como era mayor, era medio autoritario. Y bueno, los más débiles sufrieron con él, porque también era bueno para las peleas, comenta entre risas un compañero del nuevo curso del Vampiro.

Él tenía su carácter y obvio que sus anotaciones en la hoja de vida, rememora Daniel Aravena, quien durante esa época ejercía como inspector en el Mackay. Es que era muy vehemente por lograr cosas. Tenía siempre claro sus objetivos en los deportes y movilizaba a su gente para lograrlos. Claro que a veces su carácter lo traicionaba, dice Germán González, profesor del área Departamento de Deportes.

El tenis no lo practicaba en el colegio, sino que en Villa Alemana junto a Leonardo Zuleta. Cuando decidió que lo suyo serían las raquetas, el viñamarino abandonó el Mackay en busca de mayores facilidades para congeniar el alto rendimiento con los requerimientos mínimos de estudios. Los resultados le dieron la razón...

El alumno fantasma

El viernes 26 de noviembre de 1999, 21 alumnos del colegio Terra Nova, ubicado en la comuna de La Reina, dejaban atrás varios años entre las sillas y los pizarrones y celebraban su licenciatura de 4° Medio. Pero tal como en la mayoría de sus jornadas escolares, alguien faltaba en la celebración: el alumno fantasma.

¿Quién era? Fernando González, por aquel entonces una joven promesa del tenis. Con 19 años, pululaba cerca del número 400 del ranking ATP, pero ya había ganado el título junior de Roland Garros y el de dobles en el US Open, junto a Nicolás Massú.

Pese a que su madre, Patricia Ciuffardi, quería que su hijo se graduara con sus compañeros, fue imposible. González estaba disputando las clasificaciones de la fase venezolana de la Copa Ericsson, y su cartón tuvo que esperar.

El Feña realizó la mayor parte de su enseñanza básica en el De La Salle de La Reina, donde también estuvieron sus hermanas Patricia y Jessica. Era chiquitito y gordito. Recuerdo que era muy tranquilo, estudioso y en el deporte que lo ponías, era excelente. Estaba en la selección de fútbol, recuerda la inspectora María Luisa Popelka, quien era profesora de Educación Física cuando González estudiaba.

Cuando Fernandito se tomó el tenis en serio, debió buscar un colegio que le diera facilidades, agrega Popelka. Así llegó, en 8° básico, al Terra Nova, donde pronto se transformó en el alumno fantasma.

Lo vi ir como seis veces a clases. Generalmente un rato en la mañana, pero cuando llegaba era bien notorio porque se juntaba harta gente afuera de la sala, sobre todo mujeres, comenta Claudio Karsulovic, uno de sus compañeros de curso. Y añade: Lo veíamos poco, pero cuando venía siempre estaba dispuesto a conversar con todos. Incluso participó de varios partidos de fútbol con nosotros.

Pese a que el Terra Nova era un colegio de régimen tradicional, González tuvo facilidades. Durante esa época el Bombardero iba y venía de Estados Unidos - donde estuvo en la academia de Nick Bollettieri- y cumplía con sus deberes vía fax, Internet y exámenes libres.

Fernandito no tenía solución escolar, estaba mucho tiempo viajando. Conociendo los antecedentes y al papá, convenimos en que había que darle una chance para que siguiera con el tenis. Le ofrecimos colegio y liberarlo de la asistencia total a clases, relata Roberto Cuéllar, uno de los fundadores del Terra Nova, quien conocía a los González por el Club de Tenis de La Reina, donde su hijo jugaba con Mano de Piedra. Así se las arregló para terminar 4° Medio, o mejor dicho zafar, como él mismo ha relatado en diversas entrevistas.

Viva el recreo

Carlos Botelo trabaja en el De La Salle desde 1980. En 24 años ha visto a muchos niños correr por los patios, jugar a la pelota y hacer una que otra travesura. Entre ellos, a Fernando González.

En el pasillo del pabellón había un timbre de recreo. Él pedía permiso para ir al baño, se metía detrás de la puerta, lo tocaba y salía corriendo. Lo hizo varias veces... hasta que lo pillaron, recuerda.

Claro que Botelo no sabía que ese cabro travieso era uno de los tenistas más importantes del país. Vine a saber recién que era él cuando vino a buscar a su hermana menor - Jessica- y le contó lo del timbre. Ahí lo relacioné.

Otra remembranza que guarda es más reciente. Un día vino al colegio, lo saludé y él me saludo efusivamente. Después me dijo que me esperara. Se sacó la polera y me la regaló. Todos en el colegio querían verla, pero al final mis hijas me la quitaron. Eso sí, nos sacamos una foto que todavía tengo.




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The Mackay School, en Reñaca, fue el colegio de Massú en Viña.
The Mackay School, en Reñaca, fue el colegio de Massú en Viña.
Foto:CRISTIAN SOTO


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