REVISTA YA

Miércoles 2 de Enero de 2013

Ilustradora infantil
El mundo de Paloma Valdivia

Fue una de las estrellas mejor escondidas de la última Feria del Libro de Guadalajara y reseñada en The New York Times. La ilustradora infantil de 34 años es un genio natural de los libros-álbum para niños. Mexicanos, españoles y neoyorquinos ya la descubrieron. Ahora le toca a usted.  
Por María José Viera-Gallo   Son días de sol, desayuno con frijoles y libros, muchos libros. Paloma Valdivia (Santiago, 1978) se pasea entre las caras más reconocibles de la literatura chilena invitadas a la FIL, como si acabara de arrancarse de una fábula de Lewis Carroll; melena corta, ropa pop-vintage y un aire de "estoy perdida y no me importa". Ella también es "autora", pero infantil. Ha ilustrado un total de 15 libros, entre ellos a la Mistral y su bella versión rimada de la Caperucita Roja, canciones de Violeta Parra y de Víctor Jara (la inigualable Duerme Negrito) y ya suma dos libros álbum de su autoría, "Los de arriba y los de abajo" (Editorial Kalandraka, Barcelona) y "Es así" (Fondo de Cultura Económica, México), hits del género que le han traído una masiva distribución en el continente, traducciones a varios idiomas, premios internacionales, y una aduladora reseña en The New York Times.

Antes de Guadalajara estuvo en Monterrey y en el DF, y en un tiempo más planea irse a Nueva York a escribir su primera novela gráfica. Mientras tanto, vive en Bellavista, junto a su marido catalán y su hijo de dos años, Guillem, tributo al Guille de Mafalda. Trabaja full time en su taller a pocas cuadras de su casa y es parte de la nueva escena de ilustradores y dibujantes reunidos en el colectivo Siete Rayas, que reúne a figuras como Alberto Montt y Francisco Javier Olea.

Cuando le hablas a Paloma del éxito in crescendo que rodea su nombre, sospecha que no le estás contando nada nuevo. "Creo que empecé muy joven a definir lo que quería hacer y eso generó que tenga más camino recorrido".

El "muy joven" no es una hipérbole. A los 13 años ya mandaba sus ilustraciones a concursos. "Siempre fui muy busquilla. Estaba en octavo básico y mandaba sobres después del colegio". Con apenas 18 años agarró su carpeta de dibujos y tocó la puerta de la Editorial Andrés Bello. Vieron sus dibujos, le dieron una portada. La suerte también estuvo ahí, cuando la necesitaba. Siendo estudiante de Diseño en la Católica, la editorial infantil Amanuta la invitó a ilustrar el primer libro de su nueva colección. Con "Kiwala conoce el mar" participó en una bienal de literatura infantil en Eslovaquia y ganó el primer premio. "De ahí no paré más", se ríe. En 2001 se fue a Barcelona a estudiar Ilustración en el EINA. Conoció y terminó colaborando con su maestro catalán, el célebre Miguel Gallardo. El final de su travesía me lo cuenta en México, esta vez de noche y animadas por un par de margaritas.

-Pocos autores chilenos logran publicar en España. ¿Cómo sucede?

-Yo sola no más. Me encanta trabajar y moverme. Aprendí a hablar catalán rápido, para que me aceptaran. Todos los años iba a mostrar mis cosas a la feria de Boloña en Italia, la más grande de publicaciones infantiles. Llegaba con mis maquetas de libros y un speech en inglés memorizado. Me reuní con algunas editoriales en la feria y ahí firmé contrato con Kalandraka y el Fondo.

-Da la impresión de que no te sorprende haber llegado donde estás. ¿Eres segura de ti misma?

-Sí. Quizás porque en mi familia como en el colegio siempre me dijeron que hacía las cosas bien.

-¿Por qué volver a Chile, si tus editoriales están afuera?

 -Gracias a internet puedes vivir en cualquier lugar del mundo y estar aquí. Para mí, es un lugar de tranquilidad emocional que hace que mi carrera y mi vida estén en un buen momento. Nunca me fui pensando que me quedaría afuera tanto tiempo, mi intención era salir para formarme profesionalmente y explorar el mercado editorial en Europa. Pero me quedé seis años. Tuve un hijo y quería a mi mamá y mi círculo afectivo cerca. Tocó la casualidad que en estos años el mercado acá creció. 

-¿Qué libro tuyo marcó un antes y un después en tu carrera?

-Creo que las cosas que pasan van íntimamente ligadas entre sí. Es un éxito que hoy pueda estar contando que logré ser autora de libros para niños e ilustradora cuando en Chile, hasta mis 20 años, jamás había escuchado que este podría ser un oficio. Quiero mucho el libro "Es Así" porque logré responder una duda personal, me tranquiliza y además está pasando a nuevos formatos, como el digital y audiovisual. Ha sido traducido a diez idiomas.

-Antes, salvo digamos los clásicos, nadie sabía quién era el autor de un libro para niños. Hoy son casi estrellas. ¿A qué se debe este boom?

-El boom de la literatura infantil es una realidad. Piensa en la popularidad de los libros álbum. En sus inicios estaban concebidos para niños, y ahora están trascendiendo la edad del público que los consume. Los adultos compran y coleccionan libros infantiles. En Chile siento que el boom surge de la cantidad de buenos ilustradores que han aparecido estos años.

-Paralelamente hay un mercado infantil prefabricado hoy en día. ¿Cómo no contaminarse de todo eso?

-Nuestra generación no alcanzó a criarse con Disney. Yo en mi casa leía libros preciosos. Mi mamá me leía "Naricita", de Monteiro Lobato, los clásicos de los hermanos Grimm, de la editorial Quimantú. Ahora repito lo mismo porque tengo el conejillo en casa.

-¿Cómo recuerdas tu infancia?

-Crecí muy cuidada y querida, con abuela y tía abuela. Mis papás, medio hippies, eran separados y mi mamá trabajaba todo el día como arquitecta. Vivía en una casa enorme con un patio gigantesco. Tengo recuerdos de una placidez máxima, comiendo fruta, bañándome en una tina chica, con estas mujeres contándome historias inventadas.

-¿Escribir es una manera de regresar a esa patria inventada?

-En mi caso, tengo una memoria excesiva. Me acuerdo de muchas cosas de mi niñez. Lo que me gustaba mirar, la manera en que me hablaban, los chistes, cuando los adultos me incorporaban a sus conversaciones. A pesar de ser tan corta, la infancia es un período súper latente hasta que uno se muere. Yo al menos la tengo muy presente todos los días. Pero mis libros no son una oda a la niñez en general, sino una respuesta a mis inquietudes de adulta. Preguntarse cosas es una condición de la infancia.

-¿Qué te preguntas que merezca ser el motor de todo un libro?

-Los libros álbum permiten que en una línea se entregue una reflexión filosófica. Te pongo un ejemplo: Cuando vivía en España había unos carteles de solidaridad hacia los países pobres que decían: "Ayudemos a los de abajo". Me cargaban. De ahí surgió "Los de arriba y los de abajo". Quise hablar de las diferencias entre norte y sur, contando que finalmente son mundos paralelos divididos por una línea imaginaria. Me gusta transmitirles a los niños el punto de vista amplio. -The New York Times destacaba que tus temas coincidían con una ola de literatura infantil que se pregunta por la crisis de identidad,  la soledad infantil... incluso la muerte.

-No podría escribir sólo historias tipo "las aventuras de..." El tema de la muerte lo trato en "Es así" contando que algunos llegan, otros se van, haciendo paralelo con las estaciones, y otras imágenes y metáforas, porque a mí me sigue despertando preguntas. Los niños deben leer sobre temas complejos, para que después sepan enfrentar las complejidades en su vida. Si un niño se familiariza con la muerte gracias a un libro desde el no sentimiento y la inocencia, es decir antes de que se le muera alguien, después cuando le ocurra, lo va a resistir mejor. 

-Hay un mito que dice que los cuentistas infantiles son personas más atormentadas y oscuras de lo que aparentan sus historias...

-Creo que todos tenemos una personalidad diferente a la que se ve en el día a día, las personas somos seres bien complejos. Aparentemente me veo y me siento muy feliz. Lo curioso es que nunca he soñado un sueño bonito, desde que me acuerdo, sólo hay pesadillas. Encontré hace poco unos diarios de vida de cuando empecé a escribir. Habían muchos sueños escritos del tipo: "Soñé que había muchos perros, todos tenían la cabeza al revés y me miraban"...

Mi segundo encuentro con Paloma ocurre en su taller. El lugar es el reflejo del alma etérea de mi entrevistada: madera, luz, un inmenso Mac y un estante con sus libros. Compartimos dos Coca Light y un brownie de chocolate que olvidamos comernos.

-"Había una vez", ¿te remite a algo?

-A letras capitales fantásticas y un papel en blanco que me cuesta bastante llenar, no porque me falte qué contar, sino porque hay demasiadas cosas que quisiera decir.

-¿Qué es lo más importante para que un cuento infantil funcione?

-Hay demasiados tipos de cuentos infantiles, como hay demasiada música y películas que pueden funcionar para unos y otros no. Los motivos que hacen que un cuento te parezca bueno son sumamente diversos y personales: porque divierten, tienen atmósferas que te atraen, llenan algún espacio emotivo o te remiten a algo. Los que funcionan mejor para mí, son aquellos que me generan emociones, preguntas y al terminar cierran como con un "click", pero tras ese sonido quedó una puerta abierta en la que uno se queda pensando.

-¿Te imaginas a un niño lector especial cuando escribes?

-A mí cuando era chica. Escribo para mí. Respondo mis dudas y me las explico, me sano. Ahora tengo un hijo de dos años y medio, pero en general creo que la infancia es un lugar común para todos, por lo que escribir para un niño en particular es escribir para todos.

 -¿Tiene sentido escribir en un país donde encender la TV es más común que abrir un libro?

-¿Cómo no defender la lectura? Hay un vínculo maravilloso que se genera cuando un adulto lee un cuento a un niño, además de la entretención, hay afecto, tiempo y eso queda en la memoria. Es un espacio sagrado, irreemplazable.

-¿En qué personaje infantil te gustaría reencarnarte?

-"Alicia en el país de las maravillas". Es un cuento tan bello como extraño, toda la obra sucede en un constante cambio. Me fascinan las ilustraciones originales de Tenniel. Este libro ha inspirado a una cantidad impresionante de las más diversas manifestaciones artísticas, sumado a la historia del autor y su contexto le agrega aún más puntos.

-Me imagino que no lidiar con historias adultas también mantiene viva cierta pureza...

-No sé si me considero pura, vengo de un colegio de monjas y esa palabra me suena al mes de María, pero me considero buena persona. Quiero transmitir mensajes positivos.

-A pesar de tus buenas intenciones, Paloma, ¿crees que el lobo puede aparecer en cualquier momento?

-El lobo para mí es que lo que es el mal en las películas de David Lynch. Cuando veo sus pelis, me quedo varias semanas con la sensación de que el mal existe y está en los rincones. Esa cosa extraña que puede surgir cuando todo pinta bien... por suerte siempre puede aparecer un leñador. ya

 


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir
A los 13 años ya mandaba sus ilustraciones a concursos.
A los 13 años ya mandaba sus ilustraciones a concursos. "Siempre fui muy busquilla", dice Paloma.


[+] Vea más fotos    >>
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales