VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 17 de Agosto de 2013

 
Valparaíso con otros ojos

Bajo la guía del historiador Vicente Mesina Hurtado, el puerto revela su rica trama urbana, original del siglo XVI, y los cerros Santo Domingo y Arrayán, donde aún quedan en pie ranchos de adobe y casas de balcón corrido de época colonial. Una invitación a recorrerlo de otra forma.  
Beatriz Montero Ward Fotografías, Viviana Morales R.

Recorrer una ciudad con alguien que la conoce de verdad, que lleva años estudiándola, investigándola y sondeando sus secretos es, sin duda, una experiencia fascinante, muy semejante a la de observar una obra de arte siguiendo atentamente las indicaciones de un experto. Una visita guiada da la oportunidad de ver lo que jamás se ve; de fijar la mirada en detalles desconocidos, y detenerse frente a cosas de apariencia insignificante, pero de enorme importancia.

El historiador y profesor Vicente Mesina conoce Valparaíso como la palma de su mano y por lo mismo caminar con él las calles del plano y las de los empinados cerros es una oportunidad para descubrir una ciudad muy distinta a la que nos revelan los libros turísticos y las postales con lindas imágenes de los ascensores y las elegantes casonas de los cerros Alegre y Concepción. Seguir sus pasos es adentrarse en un Valparaíso profundo, con huellas visibles de sus más de cuatrocientos años de historia.

La Plaza Sotomayor, con una fuerte carga patrimonial y patriótica, con su Monumento a los Héroes de Iquique -inaugurado en 1886- y el conjunto de edificios que la rodean, representativos de la arquitectura del siglo XX, es el punto de partida. Desde allí, tomando la calle Serrano, llamada antiguamente La Planchada, Mesina hace una primera parada en el número 543, donde está el Palacio Rivera (ex Subercaseaux Browne), cuya construcción original data de 1860. "Este edificio, con su rica escalera de ónice y todos sus decorados interiores, nos da cuenta de la manera de vivir de una familia patricia de la década de 1870. Una familia santiaguina que se construye un palacete para venir a veranear", explica el historiador. A su juicio, este inmueble con fachada de estilo veneciano proyectada por los arquitectos Ettore Petri, Arnaldo Barisson y Renato Schiavon para su segundo propietario Guillermo Rivera, representa muy bien el espíritu glorioso que primó en el puerto durante la segunda mitad del siglo XIX. "Se sentía cómo palpitaba el capitalismo a medida que el Imperio Británico convertía esta ciudad en uno de sus centros de distribución", puntualiza.

El viaje continúa hasta la Plaza Echaurren, ex plaza mayor y donde primitivamente estaba la casa del gobernador. Allí Mesina hace notar un edificio de estilo Neoclásico de 1870 cuyos planos se le atribuyen a Fermín Vivaceta, y frente a él, en el otro extremo, uno de departamentos levantado en 1906. Más allá, a un costado de la plaza, señala el Mercado Puerto, construido entre 1922 y 1924 y clausurado después del terremoto de 2010. "Desde aquí uno se interna a la zona, que tal como decía la arquitecta Ángela Schweitzer, es la cuenca de origen de la ciudad", dice. Y para internarse es necesario tomar calle Almirante Riveros y caminar hasta encontrarse, primero con el Callejón de La Matriz, mencionado en actas de ventas de bodegas de 1640-1660, y luego con la iglesia de La Matriz, cuya primera construcción data de 1559. "Este es el sector comercial más antiguo del puerto y el primer espacio público abierto, donde la gente se reunía a socializar", comenta el profesor.

Subiendo por calle Santo Domingo, que ya aparece en el plano del ingeniero y explorador francés Amédée François Frezier de 1712, se accede a la Plaza Santo Domingo, un sitio pequeño, pero de enorme importancia pues "es la última de las plazas conventuales en formarse, en 1724. Primero estuvo en manos de los jesuitas y luego de su expulsión, en la de los dominicos", advierte el historiador. Desde allí, trepando por unas angostas escaleras de adoquines, ahora verdosos con el húmedo musgo del invierno, se accede hasta calle Juvenal donde es posible apreciar la más importante de las doce o catorce casas de balcón corrido que aún quedan en pie en el puerto. Se trata de un tipo de construcción con un balcón similar a una galería o balaustre, típico de la arquitectura popular española, que fue muy común en Valparaíso entre 1805 -cuando comienzan a levantarse viviendas de dos pisos- y 1843 -cuando se prohíben después del gran incendio. "Esta perteneció a una familia acomodada, emergente, que sube a construirse una casa con gran vista al cerro. Una casa bonita, moderna, como las del plano". Cruzando un estrecho callejón, sombreado incluso por el balcón, se llega a una pequeña plaza con linda vista a la bahía y desde la cual se llega al antiguo camino a Santiago, por el que subían las carretas y mulas cargadas hasta fines del siglo XVIII. Siguiendo esa ruta, en Justiniano 1 y 3 hay otra casa de balcón corrido, en mal estado pero con sus pilares originales. Frente a ella, en cambio, se puede observar un rancho colonial de adobe, muy similar a los muchos de ese tipo que todavía existen en los cerros Santo Domingo, Toro y Arrayán, los más antiguos poblados.

Desde aquí el recorrido continúa por Márquez, pasando por la colorida población Quebrada Márquez, un conjunto de vivienda social levantado en el gobierno de González Videla, entre 1946 y 1949, hasta rematar nuevamente, pero más arriba, en Almirante Riveros, donde en el 267 se halla otra casa de balcón corrido, que a diferencia de las otras tiene balaustrada de fierro hecha de manera industrial. Allí también hay un buen mirador desde el que es posible apreciar una panorámica del plano y distinguir la famosa manzana 87, con forma de riñón, donde según Vicuña Mackenna estuvo el Estanco viejo (aduana).

El circuito de Mesina sigue por un sendero peatonal hasta Carampangue, avenida por la que se baja hasta rematar en el edificio de la Aduana, levantado en 1855 y cuya arquitectura denota la influencia norteamericana post colonial. Frente a él está la plaza con el monumento a Guillermo Wheelwright, fundador en 1838 de la Pacific Steam Navigation Company. Durante la Colonia este sitio servía como fondeadero de los barcos, hasta que en 1848 se rellenó con material del cerro Artillería. "Toda esta zona recorrida, tanto en el plano como en los cerros, es el núcleo primitivo, el más antiguo del puerto. Las construcciones con más años están aquí", aclara Mesina.

 


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En la plaza Sotomayor, el antiguo edificio de Correos, hoy sede del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es considerado el primer símbolo de arquitectura Moderna en Valparaíso.
En la plaza Sotomayor, el antiguo edificio de Correos, hoy sede del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, es considerado el primer símbolo de arquitectura Moderna en Valparaíso.


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