VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 30 de Junio de 2012

 
Renace el viejo cuartel

Dañado por el paso del tiempo y el terremoto de 2010, el Cuartel General de Bomberos de Santiago protagonizó una restauración total.
TEXTO, MARÍA CECILIA DE FRUTOS D. | FOTOGRAFÍAS, JOSÉ LUIS RISSETTI  Desde 1893 ocupa una de las esquinas más transitadas del centro de Santiago, en la intersección de Santo Domingo con Puente. Es vecino de Correos de Chile, de la Plaza de Armas, de la Catedral, de la Municipalidad y además limita por detrás con el Museo Histórico Nacional. Pero el Cuartel General de Bomberos nunca había sido protagonista de este circuito cultural, hasta ahora. En mayo abrió sus puertas por primera vez al público para el Día del Patrimonio y mostró orgulloso sus instalaciones recién restauradas a los cientos de visitantes que llegaron.El Intendente General del Cuerpo de Bomberos de Santiago, Luis Alberto Ovalle, llevaba cinco años tratando de pintar la fachada de esta construcción, Monumento Histórico desde 1983, pero no había logrado obtener los fondos. Fue a causa del terremoto de 2010 que no hubo más opción que arreglar los daños estructurales que había sufrido -no se cayó gracias a los refuerzos que se hicieron después del de 1985- y de paso, se decidió que era momento de modernizarlo por completo.Desde la década de 1970 el lugar alberga a la Superintendencia, la Secretaría General, la Tesorería General, la Intendencia y la Comandancia. Pero el hacinamiento, la falta de luz y las fallas de funcionalidad del inmueble se hacían evidentes luego de décadas de uso. Con la gestión de Luis Alberto Ovalle, la coordinación del arquitecto Raimundo Irarrázaval y el proyecto que desarrolló la oficina de Sergio Andreu, también bombero, se consiguió un minucioso plan de restauración y reorganización de los espacios interiores que apuesta por la transparencia y la amplitud, aportando con toques contemporáneos que no rompen con su espíritu original. Fue clave la asesoría patrimonial de Amaya Irarrázaval, "para ver hasta dónde podíamos llegar sin afectarlo y saber cómo recuperar los detalles", cuenta Ovalle.El Cuerpo de Bomberos de Santiago nació en esta esquina en diciembre de 1863 luego del incendio de la Iglesia de la Compañía. Se instaló en el antiguo cuartel de Húsares, en terrenos que habían sido la Quinta Inés de Suárez, y pronto surgieron ahí las primeras Compañías. Años más tarde esa construcción se demolió y a fines del siglo empezaron los trabajos del nuevo edificio, según el diseño del alemán Adolfo Möller. De estilo neoclásico y tres pisos, incluía una torre de 37 metros, conocida como "la paila", donde se colgó la campana más grande de la ciudad, que anunciaba los incendios de Santiago. El primer piso estaba destinado a guardar los caballos y los antiguos carros -desde 1985 son locales comerciales- y por el lado de la calle Puente tenía departamentos que se arrendaban para financiar a la institución. A medida que creció la ciudad, aumentó la necesidad de abarcar sectores más extensos por lo que las Compañías se trasladaron poco a poco hacia distintos puntos, y en 1972 lo hizo la última de ellas. A partir de entonces, el cuartel quedó destinado a labores administrativas, ceremonias oficiales, sesiones del directorio, tareas operativas y reuniones que diariamente, desde las seis de la tarde, reciben a gran cantidad de voluntarios.-Con el tiempo, el edificio se había escondido debajo de la suciedad y del deterioro; por eso era necesario rescatar la fachada, para volver a mostrarlo a la ciudadanía. Queremos incorporarlo al circuito histórico de Santiago, y que sea un símbolo y un hito en la ciudad -cuenta Ovalle.La intervención intentó dañar lo menos posible la arquitectura original y potenciar al máximo sus bondades, como su altura interior, el ancho de los pasillos y la luz natural. Para abrir ciertos recintos botaron algunos muros de barro y dejaron sólo las vigas de roble a la vista; y en vez de cubrirlas, instalaron paños de cristal templado con conectores de acero inoxidable. De esta manera se logró la transparencia que se quería, pero además los corredores quedaron iluminados naturalmente y las oficinas adquirieron todas las misma calidad. Rescataron en lo posible las maderas originales de puertas y ventanas, las balaustradas y los distintos tipos de parqué de raulí que se repartían por oficinas y salones, así como los entablados de roble americano, lingue, raulí y otras "maderas de color", muchas veces tapados por placas de cholguán y alfombras. -Se rehicieron las lucarnas que había en pasillos y halls con vidrio vitral, tomando como referencia unos vestigios que había en el lugar y según los coloridos que se usaban en la época -cuenta Amaya Irarrázaval. Según dice, hubo que recuperar las molduras de yeso del interior pero sobre todo la ornamentación de la fachada, que volvió a tener protagonismo con un rojo colonial fuerte para que destaque durante bastante tiempo y no se camufle nuevamente detrás del smog, los cables y los letreros de los locales del nivel de la calle, que a futuro y a pedido de la Municipalidad de Santiago, se uniformarán para respetar la dignidad patrimonial del cuartel.  

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El edificio en sus inicios tenía departamentos para el arriendo. Ahora forman parte del Cuartel, como estaciones de trabajo abiertas.
El edificio en sus inicios tenía departamentos para el arriendo. Ahora forman parte del Cuartel, como estaciones de trabajo abiertas.


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