REVISTA DEL CAMPO

Lunes 6 de Noviembre de 2006

UN SUEÑO CUMPLIDO
Mi propia medialuna

El bichito del rodeo cuando entra, lo hace en serio. Tanto así que no son pocos los corraleros que las construyen en sus campos.

Juan Pablo Salgado S.

Las medialunas están a lo largo de todo Chile. Son abiertas al público que llega atraído por el deporte huaso. Pero, hay corraleros que son tan hinchas del rodeo que no trepidan en construirse la propia en sus campos. Con todas las de la ley. Ahí se juntan fines de semana con amigos, hacen pichangas, y algunos sueñan con que algun día recibirán como invitados a los que pelean por clasificar para el Champion. Dos de ellos - el abogado Álvaro Baeza y el empresario viñatero Gonzalo Silva- cuentan sus historias.

Entre viñas, polo y rodeo

Imagínese viñas, un cerro, un río, una cancha de polo y un bosque de eucaliptos. Todo bien junto. Y ahí, justo en medio del bosque, una medialuna. Parece una descripción sacada de un cuento. Pero no. Es el entorno que tiene la medialuna de la viña Casa Silva, obra de Gonzalo Silva, en Angostura, a cinco kilómetros de San Fernando.

"Obviamente que uno ve lo suyo con otros ojos, pero todo el mundo dice que tiene un encanto especial. Por la viña recibimos muchas visitas del extranjero y todos han quedado maravillados".

A Silva le han gustado siempre los caballos. Nació en San Fernando y reconoce que es fanático del rodeo desde que tiene uso de memoria. "Mi abuelo siempre me fomentó este tema. Jugué polo, y todavía lo hago, pero ahora estoy más dedicado a atajar. Y este año me ha ido bastante bien, ya tengo una collera completa con Luis Huenchul. Es primera vez que llego a los clasificatorios por las mías, es muy emocionante".

Él fue uno de los que más defendió la idea de construir la medialuna. Siempre trabajó por eso y le dedicó mucho tiempo. Su hermano Mario Pablo, también hincha de los caballos, lo ayudó.

En un principio, las graderías eran más chicas. Hoy la medialuna cuenta con caseta para jurados, para las cantoras, buenos corrales y las tribunas pueden recibir más público. Todos se esfuerzan para que cada año, para el rodeo de la viña que le da inicio a las actividades del corral Doña Dominga, todo esté impecable.

"Hacemos nuestra tradicional pichanga. Se juntan los amigos y la familia, y todo termina con un gran almuerzo. Igual la usamos nosotros. Por lo menos una vez al mes corremos. Además, organizamos un rodeo que mezcla a poleros con corraleros, es súper simpático".

Y Silva es enfático. Quiere que la medialuna siga así: para los amigos, la viña y la familia. De rodeos oficiales, ni hablar.

Para 8 mil personas

En marzo de 2004, Álvaro Baeza empezó a tomar clases de rodeo con José Manuel Aguirre. Ocho meses después, en noviembre, estaba
inaugurando su medialuna. El lugar escogido fue al lado de su campo, doce kilómetros al sur de Santo Domingo, en el corazón del Humedal El Yali, un lugar declarado reserva de la biosfera. Ahí, hay diez hectáreas donde, además, está su criadero, El Convento.

La gente estaba tan entusiasmada que se ofreció a trabajar gratis con tal de poder ingresar sin costo a los rodeos. Y hasta hoy, son muchos los que tienen pase liberado.

"Mi relación con el rodeo viene desde chico, por la familia de mi madre. Quedé marcado para siempre. Por eso, cuando me consolidé en mi profesión y tuve la posibilidad de hacer lo que quería, tomé la decisión", dice el abogado.

Caben alrededor de ocho mil personas, lo que lo convierte en uno de los escenarios más importantes del país. Eso sí, no todas en graderías comunes, gran parte puede instalarse en una "gradería de pasto", en la que se tiene una panorámica privilegiada.

"Cuando la construí, lo hice para aportar. Para mí lo ideal es que haya 30 pisos como el de Rancagua, para evitar accidentes. Por eso, lo quise para la mía. Es de una estructura sólida, con concreto y fierros, pero la forré en madera, porque le tengo cariño a las medialunas antiguas. Le estoy devolviendo, a través de ella, lo que la vida me dio en mi infancia".

Tiene objetivos altos Baeza.

"La meta es ser sede de un clasificatorio. Tiene un buen casino, entra mucha gente, el picadero es muy grande y, si se da, haremos pesebreras para recibir 400 caballos. Pero la decisión no pasa por el dueño de la medialuna, sino que por la Federación y la Asociación".

Mientras tanto, seguirá esperando hasta ver a las mejores colleras de Chile correr en su arena.



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La clásica
La clásica "pichanga" de la viña Casa Silva, donde los invitados pueden vivir un rodeo.


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