VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 2 de Diciembre de 2006

EN MONJITAS CON MIRAFLORES:
Centenario de una casa emblemática

Este mes cumple cien años la casa de los Puyó León, levantada en el centro de Santiago según los planos de Emilio Jecquier.
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Texto, Soledad Villagrán Varela Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal

"¿Quién está haciendo esta catedral?, preguntaba la gente al ver los enormes cimientos, y calificaban de loco a mi padre por venirse a los extramuros", contaba a Vivienda y Decoración en 1993, la pintora Inés Puyó sobre el conjunto inmobiliario de 3.000 m2 que mandó a construir su padre, el médico Luis Puyó Medina, a principios del siglo pasado.

Emplazado en la esquina norponiente de Monjitas con Miraflores, fue diseñado por Emilio Jecquier ­autor de la Casa Central de la Universidad Católica, la Estación Mapocho y el Museo de Bellas Artes­, considerando en sus planos la inclusión de seis viviendas. La principal en Monjitas 609, destinada a albergar a la familia Puyó, se desplegaba por casi todo el primer nivel y tenía el acceso del servicio por Miraflores.

Las otras, la mayoría en segundos pisos, fueron pensadas para renta, y contaban con el mismo refinamiento de la arquitectura neoclásica de todo el inmueble, con molduras en altísimos cielos, grandes salones y finos parqués.

"Aquí vivieron varios personajes, como el general Boonen Rivera, el famoso doctor David Benavente, don Carlos Lira, que fue un personaje público... Era el barrio más lindo de Santiago, una isla rodeada de verde, entre el Santa Lucía y el Forestal, y con vista al San Cristóbal y, entonces, a la cordillera", continuaba su relato Inés Puyó, cuando le faltaban días para cumplir 87 años.

Ella fue la octava de los diez hijos que tuvo el matrimonio del doctor con Carmen León Luco, y con apenas 15 días de nacida llegó a vivir a esta casa cuando se inauguró el 24 de diciembre de 1906. Para esa fecha el inmueble no sólo sumaba ser el primero en contar con luz eléctrica en Santiago, sino también haber salvado sin rasguños del terremoto de agosto de ese año, que afectó a gran parte de la zona central y destruyó Valparaíso.

Un destino inesperado

Inés ­la mujer de "voz fuerte, ideas precisas, definitivas y gran carácter", según declaraba Sergio Montecino al morir la pintora en 1996­ ofreció los salones de Monjitas 615 a los artistas que, como ella, perdieron sus talleres en la escuela de Arte de la Universidad de Chile tras la reforma de 1968.

- Era un poco como seguir en la escuela, el ambiente, todo. Hubo una continuidad, ni siquiera una transición, porque de allá llegaban los profesores y los alumnos a tomar cafecito acá- , cuenta la grabadora Adriana Asenjo, que llegó a ese espacio en febrero de 1969, tiempos en que preparaba telas para vender a sus maestros y amigos. Con ella arribaron destacados personajes como Carlos Pedraza, Laura Rodig, Aída Poblete, Gregorio de la Fuente, Héctor Banderas, Marta Colvin... Luego llegaría Héctor Cáceres, un damnificado del incendio que asoló a la escuela cinco meses después, Nemesio Antúnez y tantos otros.

- Cuando me dicen que esto antes fue casa, y después instituto, me parece un cuento. Para mí es como si siempre hubiera sido taller- , comenta Adriana, quien lleva tres décadas creando en ese lugar lleno de árboles y pájaros en sus patios interiores, silencioso, calmo, inimaginable para estar en el centro de Santiago.

La pintora Elena Ruiz Tagle, quien tuvo taller allí por más de quince años, recuerda el lugar casi como un templo. "Se encerraban todos como monjas de claustro a pintar, y de repente se juntaban a tomar té, a conversar".

Una imagen más divertida conserva Lucía Pinochet Bravo, otra de sus fieles habitantes. "Se armaba la gran conversación en la pieza de baño cuando Carlos Pedraza lavaba sus pinceles y contaba sus chistes. También nos consultábamos, nos dábamos opiniones", cuenta. A ella le gustaba mirar, desde una ventanita rota del segundo piso, lo que pasaba en los patios de la casa cuando Inés ­quien también tenía taller con ellos­ vivía con su hermana María, varios empleados y su gato Antoine, que debía su nombre a la calle San Antonio, donde fue recogido. "Vivía echado en un sillón de mimbre, con cojín rosado fuerte. Lo alimentaban con filete", recuerda entre risas.

La misma afición tenía Elena "era un goce asomarse por este resquicio, uno se veía trasladado a una imagen de comienzos de siglo". Eso, porque las hermanas conservaban el mobiliario y la ambientación tal cual había dispuesto su padre, y fue así hasta que ambas murieron.

La señora Elba, quien las cuidó hasta el final, administra los talleres de distintos oficios y actividades que pueblan el inmueble, el que hace años conserva en su fachada carteles que anuncian su venta. Algo que ha sido difícil por su estatuto de conservación arquitectónica, y que de concretarse iría en directo beneficio de los herederos: varias instituciones benéficas y la viuda de Hugo León Puelma, sobrino de Inés. Convertirlo en un centro cultural es el destino perfecto para quienes han desarrollado parte de su vida artística aquí, entre los que se cuentan quienes tuvieron clases en los "Talleres 619", con profesores como Samy Benmayor, Bororo y René Poblete.

Para celebrar la centuria de la casona, los catorce pintores que actualmente trabajan en Monjitas 615, tienen hoy venta de taller, y en el hall también se dispusieron obras de muchos artistas vivos que hicieron parte de su obra albergados por estas paredes centenarias, como Ximena Cristi, Mireya Larenas y René Poblete.


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Esta foto de Inés Puyó pintando en la Escuela de Bellas Artes, la conserva la señora Elba Farías, quien cuidó de las hermanas Puyó en sus últimos años.
Esta foto de Inés Puyó pintando en la Escuela de Bellas Artes, la conserva la señora Elba Farías, quien cuidó de las hermanas Puyó en sus últimos años.
Foto:Sebastián Sepúlveda Vidal


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