ARTES Y LETRAS

Domingo 8 de Agosto de 1999

Lira, Zamudio y Acuña:
Tres Exposiciones y Recuerdos

La belleza posible del deterioro, químico y físico, de la materia constituye el fundamento de la obra de Paz Lira. Enrique Zamudio en Galería Arte Actual y Mariana Acuña en Galería del Cerro.
Por Waldemar Sommer

La vitalidad visual de la materia en descomposición, las apariencias nuevas del material en estados alterados, la belleza posible del deterioro y sus consecuencias azarosas constituyen el fundamento de la obra de Paz Lira. Sus abstracciones que apenas suelen aludir a signos - la médula vegetal, el torso humano, la Cruz- aprovechan las texturas de esos cambios físicos, los colores propios de su desintegración química. A estos últimos se suma con destreza cromatismo artificial, sin hacer perder naturalidad al conjunto. En tal sentido, los mejores resultados se obtienen cuanto menor sea el contraste de coloraciones. En cambio, las gamas negruzcas, cual capas superpuestas de esmog y mugre urbanos, hallan complemento hermoso en las oxidaciones blanquecinas. Los acordes mejor entonados, en general, parten de ocres, tierras, sienas, grises, negro y blanco rebajados.

También influye muchísimo en los aciertos el tamaño de las piezas expuestas en Galería Isabel Aninat. Así, las composiciones grandes y, en especial, los relieves cruciformes ostentan una pesadez que suele tornarse abrumadora. Esa tosquedad global hace pasar inadvertida la concurrencia armoniosa de la mancha, de las variaciones de superficie, de los cuerpos ajenos pero integrados firmemente: conchas, restos de alambre, vestigios de fierro. Es lo que sucede con los doce metros de extensión de "Raíces". Si bien este acercamiento plano a una instalación muestra algún detalle atractivo, la intemperancia cuantitativa se traduce en monotonía, cuando no en efecto de sucesión de paños tendidos.

Tampoco falta en la exhibición un par de peligrosos encuentros entre figuración y abstracción, a través de formas oscuras, que sugieren un roquerío, y del manchado no figurativo. Cabe preguntarse, en cambio, por los trabajos más valiosos. En el subterráneo de la galería: "Fierro", "Radium"; asimismo, aunque con presencia de verde azuloso, "Cobre" e "Interior" - como cráter volcánico que se abre con exuberancia de pétalos de rosa- . En el piso principal tenemos "Fósil" y "Estrato", que se apoderan de los adecuados marcos en metal oxidado y los hacen suyos. Tres trabajos muy atractivos se apartan un poco, argumentalmente, del resto de lo expuesto: los "Soporte Vital". Ellos dejan ver una especie de excrecencia rectangular, donde aparecen huellas protagónicas bien precisas: restos petrificados de vegetales y animales.

Zamudio y Acuña

Ante todo fotoserigrafías sin color e impresas con calor sobre fierro esmaltado, en formatos cuadrado y rectangular, de los dos años últimos, presenta Enrique Zamudio en Galería Arte Actual - U. Católica- . Como acostumbra el artista, las imágenes fotográficas emergen intervenidas con aguadas de pigmentos grises en intensidad diversa - sucios y densos, en la vista metropolitana- como la memoria interior que lanza sus fogonazos reconocibles.
Esta vez, en las obras mostradas se advierte un mayor apego a lo real. Salvo el lirismo de antes, cuajado en los dos "Paisajes" de colinas a la luz de la luna y bajo claroscuro fuertemente marcado, se opta ahora por una objetividad, delatada por el predominio fotográfico directo. Esto lo notamos a través de dos temas, cada uno de los cuales rescata nuestra flora nacional o el rincón ciudadano marginal. Respecto al segundo de éstos, la serie "Vistas (Santiago en progreso)", consta de seis visiones en probable crecimiento numérico futuro. Ellas se duplican de acuerdo a un ritmo visual sobre el muro. El mayor o menor manchado y su distribución en cada unidad establece las necesarias variaciones. Recoge bien este expresivo mosaico la periferia capitalina y sus moradores en plena actividad habitual.
El otro conjunto serial es "Herbario", políptico de 22 cuadrados con escenas de la naturaleza silvestre y sus especies autóctonas - cactus, palmeras, espinos- , con "marinas" costeras, protagonizadas por huiros, rocas y el mar. Acá, cada imagen se reitera dos o tres veces, sujeta en cada ocasión a distintas oleadas de grises superpuestos. Si alguna vista resulta grandiosa - la vegetación marina típica, mostrada de frente con el océano encina y una corriente de aguas abajo- , su compás visual general no queda establecido claramente, faltando una mayor agilidad dinámica.

De esos mismos paisajes salvajes se ofrecen, en papel, grupos menos numerosos del año anterior. También cuelgan unidades solas, con tela de algodón o papel como soporte, a veces bastante intervenidas con pigmento - en una oportunidad, azul- . Dentro de este sector destaca un interesante panorama de Santiago bajo las luces y sombras del anochecer, sin duda fotografiado desde lo alto del Edificio CTC.

Cuadros abstractos y gráfica pictórica - figurativa y, por momentos, con collage- en menor formato, nos propone Mariana Acuña en Galería del Cerro. En las pinturas, de textura levemente áspera, la composición general y la organización misma de las manchas revelan una estructuración insuficiente. Así, los planos resultan confusos y las formas, blandas. Más satisfactorio surge el color.

Convence mejor la segunda vertiente de la autora. Constituye ésta mosaicos de una especie de depósito sensorial. Ella cuaja estampas con personajes reconocibles. Tenemos, entonces, graffitis de escritura, textos de periódico, dibujos espontáneos de figuras precolombinas y rupestres - los equinos, su mejor rescate histórico- , reproducciones pegadas del Oriente exótico. Logros de este grupo son "Viaje de bisontes", "Plano oriental", "Varanasi". En el resto, sin embargo, acechan riesgos de monotonía.

In memoriam

Dos fallecimientos recientes afectan las artes nacionales. Uno corresponde a Gustavo Carrasco, dibujante eximio y diestro ilustrador, además de competente profesor universitario. También al ámbito de las universidades - Austral de Valdivia y, en especial, U. de Chile y su Museo de Arte Contemporáneo- asociamos el nombre de Alberto Pérez. Si bien nos dejó una obra pictórica muy ligada al informalismo y el arte povera, para varias generaciones de artistas nacionales fue Pérez Martínez el más profundo, sagaz y brillante maestro de historia del arte universal que ha existido en nuestro país. La amplitud de sus conocimientos y la inquietud comunicativa de una personalidad tan definida como la suya quedó felizmente volcada en una serie de ensayos de amplio vuelo. Entre otros, "El sentimiento del absurdo en la pintura" - de 1970 y sobre El Bosco- , "La soledad en dos pintores chilenos" - de 1992, con Carreño e Yrarrázaval como objeto del estudio- , "Clasicismo y conciencia de finitud existencial en la obra de Miguel Angel" (1965).


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