ARTES Y LETRAS

Domingo 29 de Septiembre de 2002

PALPITACIONES. Patricia del Canto en el Bellas Artes:
Desde el interior de la escultura

"Una va reconociéndose a través de la obra", dice la artista, quien desde la década del 70 rompe esquemas en el campo de la escultura chilena.
MAITE ARMENDÁRIZ AZCÁRATE

Menuda, de grandes ojos azules, su figura envuelta en un overol azul casi no se ve en medio de esas cinco esculturas, grandes e imponentes, que desde el jueves se exhiben en el hall de entrada del Museo de Bellas Artes.

"Después que nace la idea, uno busca los materiales, las formas; piensa en el diseño y comienza a traducir esas inquietudes tridimensionalmente. Pero sólo cuando se ven expuestas y me apresto a iniciar otras serie, sale a relucir con fuerza aquello que estaba adentro y que yo percibía como entre atisbos, casi palpitaciones".

Desde 1978 es profesora de la Facultad de Artes de la U. de Chile; justamente a través de la cátedra de Escultura va amasando sus conocimientos junto a sus alumnos que la ven trabajar en su taller instalado en un galpón del mismo recinto universitario. Asimismo, desde la década de los 70, Patricia del Canto participa en muestras tanto en Chile como en el extranjero. Su "semilla" reluce en el Parque de las Esculturas de Santiago y como "oráculos de sol y luna" sus obras se levantan en campus de enseñanza superior, a la entrada de edificios o en la Estación de Ferrocarriles de San Bernardo, entre otros espacios urbanos.

La actual exposición, que se extenderá hasta fines de octubre, "In illud tempus", si bien presenta obras de su última etapa, le permitió realizar una verdadera retrospectiva de su historia creativa. En las diferentes series desarrolladas por la artista algo bulle dentro del mismo volumen capaz, a su vez, de proyectar y lograr complicidad en el entorno exterior. "Ese algo está dentro de las formas, yo lo hago aparecer, pero siempre está ahí. Es mi centro, mi herencia, el que se está proyectando".

Comenzó a trabajar con volúmenes virtuales o la anti escultura. Sistémica, porque por lo general sus obras están realizadas a escala humana. "Para mí era importante reflejar lo que pasaba: hacer conciencia de la situación real, social, del contexto de vida que se estaba dando". Las primeras son formas cerradas, realizadas en bronce y aluminio fundido, poliéster con fibra de vidrio y cuero repujados.

"En el formato también fue siendo importante un diálogo más corporal con la forma y el tamaño". Sus volúmenes entonces se abren y muestran el interior vacío. "Las corazas", tituló esa serie donde manos y torsos aparecen entre barrotes muy pulidos.

"La síntesis ha sido un norte que me ha guiado. No recargar es vital." Lo comprueban sus esculturas de principios de los ochenta, pertenecientes a las series "La cosificación" y "Los envases". Aluden a la despersonalización, el ser humano transformado en cosa-envase. "El interior ya no tiene valor simbólico, sino sólo se configura como receptáculo". Son esculturas laminares o de bloque, cuyas bases construidas en aluminio o acero se presentan lineales, abiertas.

Directo y transparente

Al trabajar sus obras rigurosamente dimensionadas y en perfecto ensamble la artista se ha servido de la industria. "Utilizo los elementos procesados como perfiles de acero, espejos, escaleras y ventanas, tal cual se presentan. De la misma manera, incorporo los elementos naturales, el cuarzo, la arena o la piedra; me interesa que permanezcan como son".

Intenta un lenguaje directo y transparente: "Es una reacción tal vez a mis inicios en la pintura, donde de pronto caí en la cuenta de que el cuadro era pura mentira, necesitaba la cosa real, lo que pasaba de verdad con el volumen, con la forma. En el cuadro prima esta barrera de la frontalidad".

De allí el nombre de su siguiente serie: "El muro abierto". Aquí la artista incluso hace desaparecer la tradicional base. Sus esculturas ya no son concebidas en dos unidades, se estructuran en sí mismas. "Pero todavía no son traspasables. En los 90 llegan definitivamente los umbrales, en que uno puede cruzar de un lado al otro".

Es la época en que Patricia del Canto cesa de pulir el acero hasta dejarlo como espejo, "permito que se oxide, que el tiempo haga lo suyo, trabajo buscando su esencia". Incluye trozos de árbol.

Intenta tal vez ir más allá de lo real. "La idea de los umbrales, los templos actuales, es poder encontrar la pureza en las formas arquetípicas, incontaminadas y en el nexo con civilizaciones pretéritas, con lo más primigenio del ser humano". Por eso trata de que las actuales formas sean lo menos sofisticadas posibles.

"En la madera busco entonces que el árbol se reconozca. Cual cirujana me enfrento a sus nudos y grietas; más allá de esconderlas, voy sanando sus heridas".

Y si en un principio sus esculturas intentaban interpelar, hoy invitan a ser un refugio, cobijan.

Así por ejemplo en "Ayllo", obra con que se inicia esta serie expuesta, la artista profundiza el concepto de hacer de cada escultura un lugar en sí, para ello trabaja con troncos importantes, incluye casi todo el álamo del que está hecha. La rodea un espacio de arena.

La muestra finaliza con "Esquife Mágico"; su forma de canoa de los primeros egipcios sugiere tal vez a su creadora las siguientes remotas y misteriosas aguas por las que ya se apresta a navegar.



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"Ayllo". Presente en exposición de Patricia del Canto.
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