CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Domingo 13 de Febrero de 2000


Jaque a la Escultura

Diversas muestras en la capital proponen un recorrido entre la escultura tradicional, las propuestas contemporáneas y las opciones más renovadoras de este lenguaje en el país.
Curiosamente, durante estos últimos meses se han concentrado en espacios capitalinos diversas exposiciones de escultura, a pesar de que durante 1999 fueron otros los lenguajes artísticos que coparon museos y galerías. Sobre si esta disciplina cobra un nuevo o fugaz protagonismo, quizás más vale preguntarse por qué entre las obras exhibidas se divisa un abismo entre la escultura chilena moderna, y las últimas propuestas.

Hito del verano ha sido el II Encuentro de Escultores de Chile que se realizó a mediados de enero, y que continúa con las muestras que están hasta el 28 de febrero en la Plaza de Armas y Centro Cultural Casona del Cabildo (Larraín 8602), con las obras de unos 130 artistas. Además, el Museo de Bellas Artes presenta hasta el 20 de este mes "Maderas y maderas" de Roberto Pohlhammer y Marcela Romagnoli. Hasta la misma fecha, el Centro de Extensión de la UC (Alameda 390) exhibe "Delicatessen"; y la Galería Artespacio reúne los trabajos de 35 creadores en el Parque Américo Vespucio.

Durante la década del 30 la escultura experimentó en el país transformaciones claves. Artistas como Marta Colvin y Lily Garafulic buscaron alejarla de las ideas decimonónicas de la representación, de lo anecdótico y del monumento - donde la figura humana era el gran tema- , y optaron por una expresión centrada en las propiedades sensibles de los materiales que seguían siendo nobles.

Estos cambios se daban aquí, cuando, hacía tiempo, en el mundo habían irrumpido los volúmenes impresionistas de Rodin; la síntesis extrema y el simbolismo de Brancusi; los experimentos objetuales de dadaístas y surrealistas; y el constructivismo ruso con estructuras industriales y formas plásticas autónomas. Todos son aportes de las primeras vanguardias que fueron sacando a la escultura de sus casillas, con repercusiones que en Chile comenzaron a perfilarse entre los años 50 y 60.

Sergio Mallol, Juan Egenau, Humberto Soto, Carlos Ortúzar, Luis Mandiola, Sergio Castillo, Federico Assler, Mario Irarrázabal, Hernán Puelma, Francisca Cerda y Gaspar Galaz, entre otros, aportaron reflexiones más centradas en la concepción y ejecución de la escultura, que en intenciones narrativas, figurativas o alegóricas.

Trozos metálicos, pastas, desechos, objetos encontrados o madera sobrepuesta, eran ocupados para crear los volúmenes que ya no pasaban necesariamente por el modelado o el esculpido, sino por el método constructivo, el ensamblado, la soldadura, o el trabajo impulsivo y directo sobre materiales que son traspasados al metal por medio de la fundición. Ahora importaban las cualidades intrínsecas de la obra, como los ritmos, las proporciones, el dinamismo, las perforaciones y las texturas. La fisicidad del objeto y su presencia.

Más tarde, otros irrumpieron con propuestas que tensionaron uno u otro elemento del lenguaje, como Francisco Gazitúa, Osvaldo Peña, Aura Castro y Patricia del Canto (durante la década del 70); Marcela Correa, Francisca Núñez, Carlos Fernández, Pablo Rivera y Claudio Kocking, en los 80. Incluso algunos se acercaron a conceptos propios de la instalación, el land art y el site-especific, con nuevas instancias que refrescaron la escultura, por la ordenación de los elementos en el espacio, la interpelación al espectador activo, y la presencia de la vida cotidiana en la obra a través de la utilización de objetos corrientes.

Y es que hoy las problemáticas se han extendido al terreno del arte en general. Los lenguajes se topan y los límites han terminado por disgregarse.

Pero aún son muy pocos los escultores nacionales que se atreven en estos terrenos, manteniéndose en temas circunscritos al lenguaje puro. Esto, según artistas y académicos como Patricia del Canto y Pablo Rivera. En su cátedra y su obra, la autora trabaja con una propuesta no nueva, pero que expande la noción tradicional. La escultura-ambiente toma aspectos de la arquitectura, del urbanismo, y de la instalación. Instaura un "sistema holístico" donde permanecen los elementos propios del lenguaje involucrando, además, las características del entorno donde se inserta y la participación del espectador que recorre y piensa la obra. Arte y vida se fusionan. Se cuestiona asimismo el carácter comercial de la escultura, y se prioriza en la investigación y la experimentación, sin que deje de tener importancia el oficio.

Además de algunos complejos escultóricos de Assler, Gazitúa y de José Vicente Gajardo, la autora rescata nombres más jóvenes, como Ana María Wynnecken, Zinnia Ramírez, Cristián Arrué y Norma Ramírez.

Aunque uno de los desafíos de la escultura contemporánea ha sido el diálogo con el espacio público, Patricia del Canto descarta esta problematicidad en las obras que suelen ganar concursos públicos o privados. "Tal posibilidad debiera obligar a otra reflexión, pero siguen siendo esculturas-objetos que apelan más a la contemplación que a la interacción".

Algunos intentos - que pueden pecar por permanecer sólo en niveles conceptuales- se ven en la muestra "Delicatessen". Para su curador, Pablo Rivera, las reflexiones aquí pasan más por lo escultórico que por la idea misma de escultura. Los objetos son autónomos, pero además son susceptibles de ser manipulados y están íntimamente ligados al emplazamiento.

Las operaciones son múltiples, como el vaciado directo, el tejido, el maquillaje, la fotografía, el corte y confección, la tapicería, la taxidermia, la suplantación, la parodia, la manipulación de la escala o la gravedad y la interferencia de lenguajes. Y cuando se habla de espacio, agrega el curador, se entrecruzan diversos estratos de significación: espacios físicos, perceptuales, psicológicos, mentales, narrativos, simbólicos, funcionales, políticos o morales.

Ambos apuntan sus críticas a las posibilidades de ampliar los intentos desde el aula universitaria. Y, sobre todo, a los criterios de valoración y entendimiento del arte mismo, desde el público y los gestores culturales. Porque el que la escultura se haya caracterizado en Chile por su modernismo tardío y falta de arrojo, no pasa sólo por los creadores, sino por todo un circuito que privilegia aún el sentido de ornato y de mercancía en la obra de arte.

Carolina Lara B.




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"Viento" se titula la escultura que expone Cristina Pizarro en la Plaza de Armas, junto a otros siete reconocidos artistas que participan en una exposición enmarcada en el II Encuentro de Escultores de Chile.
Foto:Ricardo Henríquez


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