VIVIENDA Y DECORACIÓN

Sábado 16 de Abril de 2011

 
Al compás de lo antiguo

Enclavada en el cerro El Boldo, en Zapallar, la casa de Margarita Morales tiene una decoración depurada, llena de toques franceses que hablan de un gusto exquisito y de un fuerte apego a las antigüedades.  
Texto, Jimena Silva Cubillos Producción, Paula Parot R. Fotografías, José Luis Rissetti En Zapallar, balneario que conocía bastante bien, estableció su segunda casa Margarita Morales, dueña de las tiendas Orgánica y Merci. "Cada verano, mi mamá se instalaba durante cuatro meses acá, y con mi familia nos reinsertamos en el ambiente zapallarino hace veinte años, cuanto regresamos de Estados Unidos, país en el que vivimos otros quince. Primero tuvimos una casita muy sencilla en pleno pueblo, y después nos radicamos en esta construcción del cerro El Boldo que descubrimos en uno de los tantos paseos que hicimos con nuestros hijos -tiene cuatro, entre 22 y 30 años- cuando eran chicos", recuerda Margarita, ecóloga de profesión que hace once años hizo de la decoración su oficio.

"Me llamaba mucho la atención el cerro porque es la única reserva de especies nativas de la V Región; tiene una diversidad arbórea muy inusual. Aún recuerdo lo fascinante que era recorrer sus laderas y explorar nuevas rutas", dice la dueña, quien un día se enamoró de esta casa enclavada en una de las laderas de El Boldo. Entonces no estaba habitada porque era una de las tres que habían mandado a construir Daniel Blanchard y Teresa Aubert Ossandón, pensando que a futuro serían de sus hijos. "Me costó dar con los dueños, esperé con ansiedad esta casa, incluso estuvo arrendada, pero insistí tanto que al final nos la vendieron hace unos quince años. Mi marido no se podía convencer de que lo había logrado".

Según confiesa no fue su arquitectura -en esencia de estilo georgiano, muy precursora para la época-, ni su tamaño lo que la cautivó, sino el lugar donde se emplaza. Escoltada por peumos, boldos, quillayes, olivillos y bellotos del norte, el sitio incluso contiene un bosquete de peumos, en la parte baja, que ha mantenido intacto. "Siento demasiado respeto por la naturaleza. No me gusta usufructuar de ella con piscinas ni quinchos. Eso no va conmigo ni con mi espíritu. Nada se compara con estar ahí tranquila; es un espacio de recogimiento para conversar, pensar, rezar y filosofar entremedio de los árboles. Estar allí, disfrutando del aire puro, me aleja de todo", explica Margarita, a quien le resultó muy difícil abordar este sitio pedregoso y en pendiente que por un lado, tenía cactus, y por otro, peumos.

Al final optó por conservar su vegetación y estableció un sinuoso sendero que permite ir descubriendo de a poco, con naturalidad, los atributos de esta propiedad que sólo intervino con especies de secano: gauras, lavandas, olivos y laureles en flor, ya que en el sector el agua es escasa y cara.

Por fortuna -dice Margarita- recibieron la construcción en muy buenas condiciones. "Fue diseñada por una compañía americana; tiene excelente distribución, altura interior y una escalera bien lograda que hace más armoniosa la parte social (primer nivel) con la de los dormitorios (segundo). Aunque cuenta con buena aislación -sus revestimientos y pisos son de madera- y es muy cálida y luminosa porque está orientada al norponiente, instalamos calefacción central", detalla la decoradora quien hace dos años además construyó una escalera de raulí para conectar por dentro el zócalo -donde hay una gran sala de televisión y música- con el resto de la casa. "El equipar y decorar cada uno de los recintos ha sido un proceso muy lento, porque también nos fuimos a otra casa en Santiago, y además cambió totalmente la estructura familiar, ya que la mayor de los hijos se casó y dos están estudiando en Estados Unidos. Eso nos llevó a reeplantearnos todo; venimos menos a Zapallar porque ahora hay que congeniar los tiempos con los viajes para visitarlos y también para ir, al menos una vez al año, a Francia, Lyon e Isle sur la Sorgue a comprar cosas exclusivas y antigüedades para Orgánica".

Se trata de una ambientación depurada, con predominio absoluto del blanco y los tonos naturales, con una serie de detalles afrancesados y antiguos, aunque también tiene un par de lámparas muy contemporáneas. El comedor lo armaron con sillas de Philippe Starck, una mesa normanda que pintó al albayalde y una lámpara francesa de bronce con lágrimas de cristal. "Me hubiera gustado que fuera más simple y desnuda, pero inevitablemente fui incorporando detalles y cosas antiguas a la decoración. Ahora estoy evaluando sumar más linos naturales y tal vez, por qué no, un par sillones de cuero avejentados, muy desgatados", dice Margarita, quien este verano espera poder finalmente implementar una pérgola de fierro sobre una terraza de piedra de Combarbalá y también la biblioteca que hace años imagina como parte del living.

 

 

 


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La casa, de dos pisos más zócalo, está emplazada en un sitio pedregoso y en pendiente. En la parte baja se conservó un bosquete de peumos.<br/>
La casa, de dos pisos más zócalo, está emplazada en un sitio pedregoso y en pendiente. En la parte baja se conservó un bosquete de peumos.



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