WIKÉN

Jueves 23 de Enero de 2003


En las huellas de Brecht

El teatro tiene una visita ilustre que viene de Alemania. Es Martin Wuttke, primer actor del Berliner Ensemble, una compañía fundada por el propio Bertolt Brecht.
Verónica Guarda.

Pudo haber pasado una tarde de 1932 en el Romanische Café de Berlín. Pudo ser que Hitler se haya reunido con el poeta Antonin Artaud, fundador del teatro de la crueldad.

Pudo ser. La carta en la que Artaud recuerda el encuentro que tuvo con Hitler, que escribió mientras estaba en un manicomio francés, existe. Lo que no se ha podido comprobar es si sólo se trata de un delirio suyo o si esa tarde de 1932 fue real.

Como sea, el resultado de estas posibles coincidencias es un monólogo insólito, "Artaud recuerda a Hitler y el Romanische Café", interpretado por Martin Wuttke, actor del Berliner Ensemble, la compañía que el propio Bertolt Brecht fundó en 1949. Esta es la última obra en la que Wuttke trabaja con este equipo, ya que desde hace un tiempo está dedicado a su nuevo grupo teatral.

Esta no es la primera vez que el actor visita Latinoamérica. Antes, en 1997, lo hizo con otra gira, en la que él también estaba a cargo del rol principal. Pero esta vez, desde un escenario de cristal, en el que está prácticamente encerrado, Wuttke, interpretando a Artaud, divagará, se hará preguntas, enfrentará al führer como si fuera un artista también, ironizará sobre la sociedad alemana de la Segunda Guerra y hará reír. Seguramente hará reír, porque a pesar de que la obra está hablada en alemán, los subtítulos y el histrionismo del actor ciertamente ayudan a entender esta historia de un encuentro que pudo ser.

Sentado con un cigarro en la mano en un hotel de Santiago, Wuttke comenta que el viaje de más de 20 horas lo tiene un poco cansado. Pero que almorzar a los pies de un cerro (el San Cristóbal) y no congelarse en el invierno alemán lo tienen contento. Y con ganas de hablar.

"Yo recién me incorporé al Berliner Ensemble después de la caída del muro de Berlín. En una época en la que este teatro había cambiado estructuralmente. Antes de la caída, pasaron muchas cosas. Yo mismo he tenido que leer en los libros la historia de esta compañía que vi por primera vez cuando tenía unos 13 años. En esa oportunidad pude ver la obra "La resistible ascención de Arturo Ui". El rol principal lo tuve yo más tarde en la última puesta en escena que realizó Heiner Müller antes de morir".

- ¿Qué pasó con la compañía durante los años de la unificación alemana?

"Lo que pasa es que la compañía tuvo varios cambios en distintas etapas. Primero con la muerte de Brecht, con el que se acabó una era de importante apogeo. Después de eso todavía quedaban discípulos del fundador que ya tenían entre 50 y 60 años cuando yo entré. Más tarde, en los noventa, el Berliner pasó de ser un teatro estatal a una empresa privada con subvenciones del Estado. A algunos les costó adaptarse a esos cambios, porque después de todo, este teatro tiene sus fantasmas y espíritus antiguos rondando desde la época fundacional".

- Usted fue discípulo de Heiner Müller, uno de los dramaturgos alemanes contemporáneos más importantes. ¿Cómo fue esa experiencia?

"A Heiner Müller lo conocí en un bar. Mucho antes siquiera de pensar en trabajar juntos en algo. Desde el primer momento me sentí frente a una persona extraordinaria, que podía ayudarlo a uno a orientarse intelectualmente. Un hombre de un humor especial, que es algo que no se ve precisamente en sus obras. Él era muy enamorado de la vida en todo sentido. Tenía una curiosidad por todo y por todos. Le encantaba la gente, podía y quería conversar con cualquier persona. De hecho en su trabajo siempre buscó la apertura del teatro a la realidad. Nunca un ensayo estuvo cerrado al público, porque cualquier interrupción era considerada un aporte. Hay una frase muy bella de Müller que decía que la tarea del arte es hacer imposible el mundo allá afuera".

- Sobre la obra de Artaud, ¿cuál cree que es la intención con la que el autor se dirige a Hitler?

"Parto de la base de que ese encuentro nunca se realizó. Y que en ese delirio escrito en una carta por Artaud desde un maniconio en Francia y convertido en una obra por Tom Peuckert, lo que ocurre es el encuentro entre dos artistas. Esa es la perspectiva extravagante, porque Artaud lo considera un colega. Y no hay que olvidar que Hitler siempre quiso estudiar arte en la academia de Viena y nunca fue aceptado. Tal vez nos hubiéramos ahorrado bastantes problemas teniendo a un artista malo más en vez de un führer desquiciado. El encuentro es finalmente este encuentro entre el artista impotente con el artista todopoderoso. Y eso es lo que me interesa en esta obra, porque este espacio se da desde el principio de la historia. Desde Jesucristo con Poncio Pilatos".

- Artaud critica a la burguesía y a los artistas de la época, siendo que él es uno de ellos. ¿Por qué hace eso?

"Porque el siempre luchó contra esa cúpula burguesa que rodeó al arte tanto tiempo. El quería ser un artista total, fuera de esa burbuja conformista. Quería que el teatro atravesara todo eso que le impedía ver la realidad. Sacarse de encima el buen pasar burgués, que es justamente la nueva búsqueda que tengo yo en mi actual compañía, instalada en la plaza Rosa de Luxemburgo". n

"Artaud recuerda a Hitler y el Romanische Café"

Teatro Antonio Varas (Morandé 25, 696 1200. Ventas en Ticketmaster: 690 2000). Jueves, viernes y sábado, 21 hrs. De $7.000 a $15.000. Dura 70 min.


Herramientas Reducir letras Aumentar letras Enviar Imprimir

Foto:Luis Maceira
  • Servicios El Mercurio
  • Suscripciones:
    Suscríbase a El Mercurio vía Internet y acceda a exclusivos descuentos.

    InfoMercurio:
    Todos los artículos publicados en El Mercurio desde 1900.

    Club de Lectores:
    Conozca los beneficios que tenemos para mostrar.

Versión Digital

  • Revistas
    El Mercurio
  • PSU@ElMercurio.com Ediciones Especiales