ARTES Y LETRAS

Domingo 3 de Septiembre de 2000


Instalaciones Flamantes

Pamela Cavieres emprende, en Galería Gabriela Mistral, la más imaginativa y hermosa reinterpretación del estilo barroco. Le bastan fotografías, papel y restos de mármol. Con resultados muy diferentes, Pablo Rivera - Galería Animal- y Sebastián Preece - Galería del Ministerio de Educación- invaden el espacio con instalaciones arquitectónicas que privilegian el ángulo recto, las transparencias y la ausencia de color.
Por Waldemar Sommer

Con poco más o poco menos de 30 años de edad, coinciden durante estos días seis autores que dedican su esfuerzo a la instalación, el medio expresivo hoy de moda. Más allá de esta última circunstancia, y como ocurre siempre en arte, lo que de veras importa es el talento de sus ejecutores. Al respecto, diversidad cualitativa y de ruta se desprende de los ejemplos anotados. Comencemos con el par de testimonios proporcionados por Galería Gabriela Mistral. Allí, Pamela Cavieres emprende la más imaginativa y hermosa reinterpretación - conceptual y formal- del barroco. Parte de un célebre grupo escultórico de Bernini, rescatando un detalle capital de él - los protagónicos rostros y pliegues del ropaje- . Dos gigantografías lo recogen. Asimismo, sobre el suelo, dos pedazos amplios de auténtico mármol negro, una trizada medialuna de concreto, líneas de plateada cinta adhesiva hacen referencia a material y arquitectura de aquel poderoso estilo. Entretanto, prismas diminutos de papel - blancos, grises y negros- se derraman por el piso, expandiéndose hasta subir por los muros de la sala. Distribuidos irregularmente, con autoridad se apropian del espacio. De manera no figurativa, entonces, se recrea el efecto monumental y el dinamismo grandioso del barroco.

Si Cavieres expuso años atrás en el mismo sitio - lo de ahora supera, desde luego, su propuesta anterior- , Sebastián Preece participa por primera vez y de un modo bien distinto. Sí resulta común a ambos expositores la abstinencia del color, la idea de plegado y la voluntad de movimiento formal. Esto último Preece lo lleva a cabo a través del imperio del ángulo recto de cuerpos geométricos - cuadrados y, sobre todo, rectangulares- , marcos de madera, vidrio ocasional. Como alusión, acaso, a los ingredientes heterogéneos de la instalación, los volúmenes angulares aparecen envueltos por telas con manchas pictóricas de aguada gris. Todo lo anterior sirve para construir una particular arquitectura de entrantes y salientes, de aperturas irregulares del muro hacia rincones o amplitudes ambiguos, de cierres asimétricos y semitransparentes del recinto central. La movilidad en la intervención espacial, los materiales y su distribución provocan tanto la sensación de trabajo continuo e interminable, como la curiosísima de casi cáncer arquitectónico que busca invadirlo todo.

Cinco expositores alberga Galería Animal. Pablo Rivera, en el primer piso. En principio coincide con Preece: instalación con predominio arquitectónico, ausencia de color, espacios limitados por ángulos rectos. Sin embargo, ¡cuánta diferencia! Por más que pretenda una parodia irónica, Rivera descansa en un minimalismo con nombre y apellido: Lewitt, el conocido escultor estadounidense. No obstante, resulta el suyo un minimalismo simple académico, estático, tranquilamente frío, aunque sin la frialdad punzante del paradigma extranjero. Consigue, eso sí, una especie de realidad virtual de casa, que nos invita a habitarla, cuando bordeamos sus márgenes en la sala.

La planta superior de Animal reúne a cuatro realizadores que, también con blanco solamente, en actitud colectiva han colocado, dentro de una única maqueta de ese recinto, una reducción del tamaño de sus obras respectivas. Con ellas buscan producir una instalación - nada más que visual, en el presente caso- . Andrés Vio impone ahí su personalidad, con uno de sus típicos espirales de papel de periódico. De sus compañeros, Julen Birke contribuye con una techumbre transparente de hilos, con una estructura de tubería metálica, Rodrigo Canala; Antonia Claro, con un par de repisas. Salvo Vio, el interés reside en la idea conjunta de reducción espacial.

Un fotógrafo visitante

No lejos de ser octogenario, el neoyorquino Louis Stettner resulta hasta hoy día un fotógrafo incansable. Una selección de trabajos de diversas épocas nos ofrece en el Museo Nacional de Bellas Artes - Sala Chile- . Tanto en colores - y mayor formato- como en blanco y negro, pareciera volverse característica principal suya el enfocar primeros planos que muestran formas que esconden o son de índole contraria al, supuestamente, protagonista de la lámina. Si bien este recursos no surge constante, en su exhibición santiaguina hallamos algunos testimonios contundentes. Están, pues, "Hombre de rojo barriendo" - las sillas, puestas unas encima de otras, apenas dejan divisar al aseador del bar- , "Torre Eiffel" - embarcaciones del Sena y un auto ponen en posición secundaria al monumento famoso- , "Avenue Wagram" - los muros priman sobre el esplendor de la avenida parisina- . Por otra parte, lo insólito de una circunstancia es bien aprovechado por el fotógrafo. Lo realiza a través de la ironía de "Hombre diferente adentro" o de una fortuita coincidencia formal: los corazones que forman el mueble envuelto, la silueta del hombre y el verista tatuaje de su pecho, en "Fábrica de muebles".

La variedad de la sicología humana se capta con emoción verdadera en otras tres fotografías: "Garzón" - expresivo y delicado diálogo sin palabras- , "Aubrevilliers" - la mirada inocente de dos niños muy galos, delante de una húmeda y vieja calle adoquinada- y "Mujer con sombrero de medias". Por el contrario, la concreta forma constructiva protagoniza "Puente de Tournelle" - de solidez clásica- y "Broadway" - con el dinamismo de su perspectiva y de una publicidad tan propia de esa calle. Si "Porche" atrae mediante su lindo y original colorido, sin él "Avenue de Chatillon" se convierte, quizá, en la más bella, fina y melancólica instantánea de toda la exposición.

Sin embargo, a pesar de los casos individuales que acaban de destacarse, de una manera global el conjunto de Stettner se muestra muy desigual, cualitativamente. Hay estampas, sin duda, convencionales, rutinarias. A partir de lo expuesto en Santiago, no puede pensarse que el autor ocupe un lugar de primer plano dentro de la fotografía universal. Quien piense lo contrario, basta que mire "Artes y Letras" del domingo recién pasado. En su última página testimonios visuales cotejan, involuntariamente, al visitante con Atget, Lagartigue, Doisneau, Kertész. Resulta suficiente compararlos.

Pintores

Francisca Illanes, Daniela Müller y Claudia Kemper comparecen con pinturas en Galería Palma-Valdés. Dentro de esta oportunidad puntual, interesan ellas en el mismo orden anotado. Illanes es sugerente en el manejo de la mancha informalista y selecciona con bastante acierto sus acordes cromáticos. De las otras dos se conocen productos mucho mejor logrados - a excepción de "La dama" intensa de Müller- , en especial de la obra abundante de Kemper. Ella, aquí, parece haber optado por la rapidez realizadora.
A pocos metros de distancia, en Galería La Sala, Matías Vergara. Vale la pena visitar su proposición actual, por sus cuatro construcciones volumétricas con objetos, a la manera del pop art. Estas se demuestran plenas de humor dadá - ¡ese arrimo con horma de zapato!- o de ternura conceptual - dos pupitres infantiles con libros de madera.


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Instalación de Pamela Cavieres en el marco de la exposición
Instalación de Pamela Cavieres en el marco de la exposición "Plegado artificial", galería Gabriela Mistral. Fotografía de Jacques Saintard.
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