CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Domingo 22 de Julio de 2001


El Chile Que No Existe

"Chile tuday" ha comenzado la más baja de sus temporadas, reincidiendo en su estilo salpicado e inconsistente, pero ahora enfocado en realidades que sólo sus animadores se toman en serio.
A "Chile Tuday" hay que reconocerle de entrada un significativo mérito. Le hace completo honor a su nombre: está tan a la deriva como el estado de ánimo de nuestro país, el que dice usar como su inspiración.

Porque en su cuarta temporada, el largo programa que emite Megavisión la noche del domingo, a cargo de los hermanos Fernando y Nicolás Larraín y de Felipe Izquierdo, además de mostrarse caótico e improvisado, perdió absolutamente el foco. En alguna etapa su preocupación fueron los políticos - como gremio, el blanco más fácil que se pueda tener- y ciertos personajes que trataban de pasar gato por liebre. En sus buenos momentos resultaron ser observadores atentos de la obsesiva y provinciana vida pública nacional.

Pero hoy se mueven entre llamados simplones ("¿Cómo hacen los políticos?", preguntaba un "Teletubbie" a otro: "Así", le contestaban cruzando los brazos: "Porque no hacen nada") y un telecentrismo patológico, del que se escapan muy a lo lejos.

En esta temporada (nuevamente bajo la dirección de Bibiano Castelló), "Chile Tuday" exhibe una preocupante falta de innovación. No sólo hay poca novedad concreta - son más o menos las mismas secciones, una escenografía similar y la misma dinámica- , sino que también una nula renovación de conceptos y estilo. Permanece la recurrencia al absurdo, que a veces conquista sonrisas, pero que por lo general se nota simulado, probablemente porque las ideas no cuajaron como se esperaba. Uno de los gags más patéticos ha sido el de "La pequeña casa en la pradera", un sketch mostrado en el segundo capítulo, que, sin guión, sin evolución y sin remate, intenta evocar con sarcasmo a la peculiar familia Ingalls, pero que por su falta de estructura deja una incómoda sensación de vacío y se explica sólo por la evidente necesidad de los animadores de ensayar el travestismo.

Pero los gags son un condimento menor de acuerdo al esquema elaborado por el trío de actores-humoristas-conductores. "Chile Tuday" se juega el pellejo en vivo, frente a la cámara, con o sin invitados, respondiendo llamadas telefónicas pocas veces amistosas y muchas amenazantes. Y ahí también muestra lo perdido que está.

Porque si de vez en cuando se diera una exhibición de agudeza o ingenio, uno estaría dispuesto a perdonar las dos horas de aburrimiento (con tres saltimbanquis robando cámaras, salpicando incoherencias y haciéndose los graciosos como si estuvieran delante de una tía buena onda). Pero campea lo burdo, lo gratuito y, a ratos, lo arbitrario.

Sus animadores dicen que se atreven, que utilizan con libertad su derecho a la crítica. Pero ¿a criticar qué? ¿A Gladys del Río por haberse sometido a operaciones de cirugía estética? Eso fue lo más fuerte que dijeron en el primer capítulo (apoyados por una imagen que comparaba a la actriz con "La máscara"). La afectada evidentemente llamó, y entre ella y su marido, Jorge Pedreros, desarmaron completamente no sólo a sus ofensores, sino a todo el sentido del programa. Los balbuceos de Izquierdo y los Larraín tratando de justificar su desatino no hicieron más que ahondar la vergüenza y dejar muy en claro que ese estilo adolescente de agredir y refugiarse en el derecho a la libre expresión se ha convertido en un definitivo abuso. Sobre todo porque mal-escogen a sus víctimas y, además, casi nunca elaboran correctamente sus argumentos.

En un contexto de tontos solemnes, la irresponsabilidad podría parecer una virtud. Pero "Chile Tuday" no es irresponsable: es intrascendente. Si de verdad su intención fuera ayudar a que nos riéramos de nosotros mismos, debieran partir por olvidarse de lo único que parece preocuparles: el mundo de la televisión. Sobre su mesa tienen abiertas las secciones de espectáculos de diarios y revistas, como si ahí estuviera el verdadero país. Están equivocados: ahí están sólo los encargados de darnos unos ratos de diversión cada día. La simbiosis de sus animadores con el mundo de la farándula (tan notorio en el caso de Felipe Izquierdo cuando se menciona a Cecilia Bolocco) no les ha afilado las uñas; se las ha limado. Por eso el programa no hace verdadero daño. Muestra garras pero nunca las entierra. Y sólo logra rasguñar a los débiles.

Paulo Ramírez




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El trío que forman Fernando Larraín, Nicolás Larraín y Felipe Izquierdo no demuestra pericia al enfrentar llamadas telefónicas pocas veces amistosas y muchas amenazantes.
El trío que forman Fernando Larraín, Nicolás Larraín y Felipe Izquierdo no demuestra pericia al enfrentar llamadas telefónicas pocas veces amistosas y muchas amenazantes.
Foto:El Mercurio
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