REVISTA DE LIBROS

Domingo 12 de Junio de 2011

ANIVERSARIO A 25 años de la muerte del escritor argentino
Jorge Luis Borges: el diálogo infinito

El 14 de junio de 1986 moría en Ginebra, Suiza, uno de los autores mayores del siglo XX, y uno de los más famosos en el mundo. Una nueva edición de sus obras completas (con cambio de editorial), más otros estudios y aproximaciones recuerdan a Borges.  
PATRICIO TAPIA Entre las célebres entrevistas para The Paris Review hay una de 1982 a Philip Larkin, bibliotecario de la Universidad de Hull y probablemente el poeta de posguerra más admirado y querido en Inglaterra. En un momento, el entrevistador, Robert Phillips, le pregunta si es Jorge Luis Borges el único otro poeta contemporáneo de nota que es también bibliotecario, si sabe de algún otro. Larkin responde: "¿Quién es Jorge Luis Borges?". Lo decía para provocar. No obstante su cerrado "inglesismo", ni siquiera Larkin podía ignorar en 1982 quién era Borges, entonces uno de los escritores más famosos en el mundo y cuya figura excedía lo literario. Ya en 1970, George Steiner lamentaba que la fama mundial de Borges acabara con su esplendor clandestino previo.

Camino a la famaEn un primer momento Borges fue un escritor no tan conocido en su propio país -sí lo era por lectores más sofisticados o cuidadosos-, pero se transformó en el principal autor argentino ya hacia fines de los cuarenta. También tenía lectores europeos, especialmente franceses, pero por esa época comienza a ser redescubierto y valorado por la crítica francesa y estadounidense al punto de convertirse en una mezcla de insignia, santo y seña o animal de laboratorio para las más diversas y prestigiadas (luego desprestigiadas) teorías críticas. Valorado por la academia y por la cultura popular, sería citado por Foucault y por Godard. Ganaría otros premios (el Cervantes en 1979), pero nunca el Nobel. Más y más escritores lo tienen como inspiración (El nombre de la rosa, de Umberto Eco, es un extendido homenaje) y llegaría a ser "canonizado" por el profesor Harold Bloom.

Es cierto, también, que para entonces es menos leído que conocido. Responde a la figura del anciano ciego yerudito, amable y ocurrente, que viaja de homenaje en homenaje, "fatigando" aeropuertos en vez de bibliotecas, dando entrevistas a quien quisiera hacérselas.

Algo parecido le ocurre a su obra, que se amoneda en un conjunto de símbolos (laberintos, espejos, tigres) e ideas (jardines cuyos senderos se bifurcan, universos paralelos, refutaciones del tiempo y puntos desde los cualesse pueden ver todos los puntos del universo). El más "libresco" de los autores era conocido menos por sus libros que por su efigie.

Y resulta que Borges, como la mayor parte de los buenos autores, requiere el trato directo con sus libros, que reflejan sus cambios y evoluciones. Como él mismo señaló en alguno de sus ensayos: "Un libro es más que una estructura verbal o que una serie de estructuras verbales; es el diálogo que entabla con su lector y la entonación que impone a su voz y las cambiantes y durables imágenes que deja en su memoria. Ese diálogo es infinito".

Libros imaginarios

Una estrategia común de Borges era, en vez de escribir un libro grande, simular que ese libro ya estaba escrito ysólo reseñarlo: hacer notas de libros imaginarios. De esta manera, Borges probablemente haya escrito más libros imaginarios que reales, pero los reales no son pocos. La más reciente edición de sus obras completas considera 33libros. Pero como señaló en Discusión (1932): "El concepto de texto definitivo no corresponde sino a la religión o al cansancio".

De ahí surge la dificultad (o imposibilidad) de una edición crítica de sus obras por sus constantes supresiones, refundiciones y abjuraciones de versos, poemas, líneas, ensayos e incluso libros enteros.

Se constata que su obra fue cambiando: su estilo en vez de volverse más tortuoso a medida que envejece, setorna más simple. Él trajo ideas vanguardistas de Europa a Buenos Aires, un expresionismo que transformó en unasuerte de criollismo, celebrando el valor militar y el de cuchilleros y otros especímenes arrabaleros.Luego, de la poesía se acerca a la narración, oblicuamente, dada su indefinición en cuanto a géneros: ensayoscomo cuentos o cuentos que parecen ensayos, ficciones bibliográficas y apócrifos.

En los años 30 pasa desde el "romanticismo" al "clasicismo" -o de la expresividad a la reticencia- y muestra su desconfianza en el realismo de la novela. Alcanza una prosa concisa y refinada. En poesía, prefiere ahora las palabras habituales antes que las asombrosas, las imágenes y metáforas arraigadas antes que las insólitas.

Su ceguera le impide escribir: dicta. Tras sus libros célebres y más característicos (como Ficciones, 1944)pasa a unos relatos que ya no lo son, sino digresiones, recuerdos de lecturas, paradojas. Retomará loscuentos en libros tardíos como una reformulación de las ideas del Borges juvenil por el Borges viejo.

VidasLos "hechos" de la vida de Borges pueden resumirse fácilmente. Nació en Buenos Aires en 1899, en una familia educada y con ancestros criollos e ingleses. Vivió su juventud en Europa -en 1914 viajó con su familia y se instaló en Ginebra; en su paso por España, en 1919, tomó contacto con el ultraísmo- y volvió a Argentina en1921, descubriendo entonces su ciudad natal, que lo inspiró para sus primeros libros. Escribe cuentos y ensayos, es crecientemente considerado en Argentina y luego en todo el mundo. Fue quedando progresivamente ciego. Fue antiperonista y bibliotecario.

Su fama le permite dar conferencias y viajar. Vivió casi toda su vida junto a su madre viuda. Se casó a los 68 años, en 1967, con una mujer elegida por su madre, Elsa Astete, de la que se separó en 1970. Poco antes de morir se casó denuevo, con la que había sido su alumna, María Kodama. Ginebra, la ciudad que amparó al Borges joven y al anciano, lo ve morir: cuando se le diagnosticó cáncer de hígado en septiembre de1985 deja Argentina y marcha a Suiza, dondemuere el 14 de junio de 1986. No obstante su simpleza, su vida ha atraído a no pocos biógrafos, desde EmirRodríguez Monegal hasta James Woodall.

La última biografía importante es Borges, una vida (Seix Barral, 2006, $23.900), el documentado trabajo de Edwin Williamson, con una fuerte carga de interpretación psicoanalítica y una dependencia excesiva, quizá, de la perspectiva de María Kodama.

Refiere las tensiones de una madre católica y dominante y un padre ateo y mujeriego; las razones de su infelicidad,por lo general, congojas amorosas: mujeres de las que se enamoraba, llegando a proponerles matrimonio, y que lo rechazaban: Norah Lange (y su hermana Haydée), Marta Mosquera, Susana Bombal, Estela Canto -que exigió, para horror de Borges, relaciones sexuales previas al matrimonio-, Concepción Guerrero, Viviana Aguilar, María Esther Vásquez , entre varias otras. También hay una amplia literatura testimonial: amigos, amadas, admiradores, colaboradores (incluso, una nota del urólogo que le operó la próstata: "Borges inesperado").

Como Marcel Proust y como los Bioy, Borges se cuenta entre los escritores cuyas empleadas han escrito libros sobre ellos. En El señor Borges, de Epifanía Uveda y Alejandro Vaccaro (Edhasa /Océano, 2004, $9.300) quien fuera por 30 años su empleada, Fanny, relata sus recuerdos sobre la imponente madre de Borges y sobre éste como una especie de criatura en un cuerpo adulto: había que vestirlo por las mañanas y darle dulces en su mano estirada por las noches. Cuenta los problemas de su primer matrimonio y no trata bien a María Kodama. Según Fanny, la madre de Borges le habría comentado: "esa piel amarilla se va a quedar con todo". Hay varias otras menciones negativas sobre Kodama: da a entender que cambió todo, a su abogado, a su médico, lo hizo viajar, lo cambiar su testamento y desheredó a Fanny.

En La mirada de Borges, Solange Fernández (Editorial Alfama, 2008, $25.500 en Librería Prosa&Política), la hija de Carlos Fernández, amigo y abogado de Borges hasta 1984, intenta alcanzar al "Borges íntimo", con el auxilio de los cuadernos de notas que Borges usó por 30 años hasta quedar ciego y que el escritor regaló a su padre, más sus propios recuerdos (lo acompañó en algunos viajes). La verdad es que no agrega mucho a lo ya sabido, y lo poco que refiere de aquellos cuadernos no aclara si demuestran su prudencia para usarlos o la falta de interés de ellos.Ninguno de esos libros siquiera se acerca al extraordinario Borges, de Adolfo Bioy Casares (Destino, 2006, $39.900), en el que su compañero más asiduo y coautor de varias obras traza un minucioso retrato de su amigo y registra sus conversaciones y opiniones.

Una literatura

"Pocas cosas me han ocurrido y muchas he leído" (dice Borges en epílogo de El hacedor). Dedicado más a recordar y leer que a imaginar y escribir, su obra es en parte el producto de sus lecturas. De ahí la importancia de la biblioteca paterna: pocos autores contemporáneos son admirados incondicionalmente, salvo Kafka y Joyce. El resto de su panteón son autores de la época de su niñez: Stevenson, Kipling, Chesterton, Wilde. Con todo, su obra implicó renovar la idea y la práctica literarias, aunque suele ser admirado por razones erradas: considerado un autor cerebral y complejo cuando es más bien un sentimental; tenido por libresco y rebuscado, cuando suele haceruna parodia de la erudición (según V. S. Pritchett: "en el límite entre la broma y la nota al pie de página").

Aunque el autor de Ficciones se consideraba un pequeño río en el mar de la literatura universal, se puede decir de Borges lo que él dijo de Quevedo en Otras inquisiciones: "Como Joyce, como Goethe, como Shakespeare, como Dante, como ningún otro escritor", Borges "es menos un hombre que una dilatada y compleja literatura".

 ¿Poeta o crítico?En el principio y el final de la obra de Borges prima la poesía. Como en toda su obra, va de la vanguardia al clasicismo, que se hace manifiesto desde El hacedor: se modera, excluye todo exceso vanguardista, abandona paulatinamente su primer estilo barroco y el verso libre. La edición de su Obra poética considera desde Fervor de Buenos Aires (1923) hasta Los conjurados (1985), es decir, desde la rememoración de un Buenos Aires desaparecido y el relato familiar hasta el tono más personal y generoso en detalles autobiográficos. Eduardo García de Enterría en Fervor de Borges (Trotta, 1999, Prosa & Política $12.800) se opone, de manera convincente, a quienes han criticado su labor poética como menor o anacrónica.

Constantemente, se le adjudican a Borges posiciones filosóficas o críticas. Alfonso de Toro, en Borges infinito Borges virtual (Olms, 2008), lo considera como uno de los fundadores de varias corrientes (posestructural, posmoderno y poscolonial), además de la internet. Y Sergio Pastormerlo en Borges crítico (FCE, 2007, $10.200) sostiene que fue fundamentalmente un crítico, pues nunca dejó de comentar la literatura. Se ocupa del Borges que escribe entre 1932 y 1952, con sus juicios tajantes y como polemista temible, enfrentando supersticiones literarias diversas.

Nueva editorial y nuevas "obras completas"La obra de Borges mudó de casa editorial. En la última Feria de Frankfurt, María Kodama y el agente Andrew Wylie firmaron un contrato por el cual la obra de Borges deja Emecé, en el grupo Planeta, para pasar en bloque a Sudamericana, de Random House Mondadori. Incluiría todos sus libros en solitario, pero también los varios libros que escribió en colaboración. Se supone que la cantidad pagada para el cambio habría rondado los dos millones de euros, y buscaría renovar la presencia del autor.

La edición de Sudamericana comprende cuatro tomos, con sus obras ordenadas cronológicamente (desde 1923 a 1988). Se sigue la edición en tres o cinco volúmenes de Emecé (1974-1989), pero, a diferencia de ella, se excluyen sus "obras en colaboración" -con Bioy Casares y otros-, agregando, eso sí, los libros que Borges no quiso volver a publicar en vida y que publicó María Kodama en 1994, sus primeras colecciones de ensayos. Inquisiciones (1925), El tamaño de mi esperanza (1926) y El idioma de los argentinos (1928). La bibliografía de Borges se ha ido ampliando: a lo anterior se suman las compilaciones de sus colaboraciones en El Hogar, Crítica y Sur: Textos cautivos (1986), Borges en Revista Multicolor (1995) y Borges en Sur (1999); los tres tomos de Textos recobrados, sus conferencias Norton de 1967 como Arte poética (2001) y parte de su correspondencia (con Abramowicz, Sureda, Reyes). Con todo, todavía existe una gran cantidad de textos sin publicar.



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