REVISTA YA

Martes 5 de Octubre de 2010

Vanguardia en Chile:
Las artistas del recambio

Lúcidas, autónomas y con los pies en la tierra, las nuevas creadoras sub 30 piensan a Chile desde una perspectiva innovadora. Ligadas a la universidad y apasionadas de su arte, saben cuándo avanzar y cuándo replegarse. Aquí hablan fotógrafas, dibujantes, pintoras y poetas.  
Por María Cristina Jurado. Fotografías: Carla Dannemann.  Era una tarde otoñal de 2009 cuando a Rosario Carmona, artista visual de 26 años, le llegó el matamoscas.

Un matamoscas plástico, rojo encendido, nuevo. Un matamoscas para matar el clamor del barrio José Manuel Infante.

-Nos acostumbramos a ver a los vecinos cuchicheando y mirando por los vidrios de la ventana, espantados o extasiados ante tanta mosca. Algunos pellizcaban los vidrios. Señoras y adolescentes que vivían años al lado de la galería, la habían mirado muchas veces sin verla jamás. Gracias a mis moscas, ahora observaban el recinto por primera vez.

Algún vecino con sentido del humor se dio el trabajo de ir hasta el pequeño emporio de la esquina. Por unos pocos pesos, compró el matamoscas y lo dejó junto al marco de la ventana. Pero no se atrevió a entrar: a lo mejor las moscas, agrupadas por racimos, eran de verdad.

Rosario Carmona Yost, pintora e instaladora, magíster en Artes Visuales por la Universidad de Chile y docente universitaria, sonríe al recordar. No había moscas, sino sólo figuritas hechas con su pincel en largas horas de pintura, su exposición personal para galería Die Ecke, la misma que revolucionó el barrio José Manuel Infante. Moscas pequeñísimas pintadas en los vidrios de esas ventanas que nunca se abrieron, moscas para provocar a los paseantes. Moscas que, después y para otra exposición, repitió en vasos, copas, platos de vidrio transparente. Moscas que, con el tiempo, se juntaron con baratas y hormigas pintadas. Siempre provocando.

Conmoción en los vecinos de Providencia fue también lo que causó, un día cualquiera, la dibujante Paloma Maturana, 24 años, con sus cajitas blancas de dibujos negros -algunos eróticos, otros tiernos- hechos con Rapidograf. Paloma, "un cómic viviente" según su papá, el pintor Bororo, decidió llevar sus mínimas cajas llenas de incisivos dibujos a la tienda donde trabaja.

-En la mañana, me dedico a mi arte. En la tarde, soy vendedora de cosas de lana en el edificio Dos Caracoles. Una tarde instalé mis cajitas en la vitrina y es increíble cómo la gente empezó a detenerse y a mirar. Los mismos que antes pasaban indiferentes, como que encontraron un motivo para parar. Así es el arte, a veces rompe lo cotidiano.

Profundamente ligadas a la educación -ya sea como ayudantes, posgraduadas o investigadoras-, intransables en su creación, escépticas frente a la vorágine del nuevo milenio, apegadas a Chile y autónomas, así parecen ser las artistas de la nueva vanguardia.

Una vanguardia que remece y provoca, casi sin buscarlo sus autoras.

Todas dejaron su casa familiar temprano. Defienden su independencia.

Paloma Maturana, hija de pintores y criada entre pomos de óleos y chorreantes telas, parece una niña metida en temas de grande. Pero tiene las cosas claras: hizo un convenio con su padre que le permite vivir sola en un departamento geométrico y pequeñísimo, "que es un poco como una viñeta, porque yo soy dibujante":

-Es difícil querer vivir en una suerte de utopía en donde mi mar es rosado y llueven ositos de felpa hechos de partículas de aire. Sin embargo, se puede, de a poquito, viendo dónde pisas. No sé si es anarquismo, pero yo vivo a mi manera. No leo el diario, prefiero comprarle comida a mi gato. Mi papá me dijo en mi infancia que yo era un cómic viviente. Y tiene razón: el cómic ha influenciado todo mi trabajo.

Paloma, a sus 24 y graduada de Artes Visuales en la Finis Terrae, sabe que el dibujo es lo suyo, ojalá con papeles en tonos pastel y lápices de punta cada vez más fina. El dibujo, por su inmediatez, su extrema velocidad, porque ama los monitos animados desde que nació, porque su ídolo es el japonés Takashi Murakami, quien es llamado el "Andy Warhol nipón".

Y porque el dibujo permite aprovechar el error. Y ella usa el error cada día para proyectarse, para transformar su obra.

Pero Paloma Maturana es también la encarnación de otro rasgo distintivo de esta nueva vanguardia: el aterrizaje forzoso en la realidad. Lúcidas para su edad -ninguna alcanza los 30-, estas vanguardistas se las barajan en los más diversos oficios, con tal de no soltar el pincel o la pluma. Sin ningún complejo. Son vendedoras en centros comerciales, asistentes, fotógrafas de eventos, profesoras de niños.

La cosa es sobrevivir.

Si Paloma fue, alguna vez, cajera en Zara y mesera en el Gatsby, hoy tira líneas para estudiar maquillaje y tatuaje. "Son herramientas para trabajar en el futuro, mientras voy componiendo mi obra. El maquillaje no deja de ser una forma de arte, igual que el tatuaje, que para mí es como pintar sobre la piel. Con el tiempo, me gustaría estudiar ilustración y animación, que son oficios más lucrativos".

Como signo de su generación, defiende la opción de consagrados -como su padre, Bororo, y Samy Benmayor- de comercializar su trazo en platos, copas y bolsas de supermercado. "¿Por qué no? Un mismo dibujo puede servir para un set de vasos de dos lucas y para un cuadro de un millón de dólares".

Una generación práctica.

La fotógrafa Antonia Cruz, discípula de Eugenio Dittborn y graduada de Artes en la Finis Terrae, tampoco conoce complejos. Rupturista y reflexiva, a sus 26 años, fue nominada al Premio Altazor por su exposición Catalepsia que, en 2009, le abrió un flanco entre los críticos que alabaron su propuesta. Una muestra en la que mostró madurez y decisión al ocupar el montaje fotográfico digital en retratos clásicos de chilenas decimonónicas:

-Creo que me faltan muchos años para poder vivir sólo de mi obra. Por eso, yo trabajo en otras cosas y siempre estaré dispuesta a hacerlo. He atendido en tiendas, tomado fotos en eventos y fotografiado moda. Son oficios que me han servido para ganar estabilidad. Sobre todo, me interesa la docencia: ser ayudante en la universidad ha sido mi trabajo anexo más importante. El tema nunca me ha producido conflicto, hay que hacer lo que sea necesario para mantenerse en el arte. 

Educación y vanguardia 

La vanguardia de hoy parece estar ligada, de una u otra forma, a la universidad y a la educación. La gran mayoría de estas creadoras continúa ligadas a sus procesos de aprendizaje, porque consideran que enseñar es otra forma de tener presencia en el arte. Casi todas comenzaron como ayudantes universitarias, algunas cristalizaron como docentes.

La pintora e instaladora Rosario Carmona imparte clases de pintura e historia del arte en la Uniacc, un trabajo que ama y defiende, y al que se dedica en paralelo a su trabajo de taller. Antes enseñó en las universidades Andrés Bello, del Desarrollo, Diego Portales y Tecnológica, además del centro cultural Balmaceda 1215.

La fotógrafa Antonia Cruz es ayudante en la Escuela de Arte de la Finis Terrae, donde conoció a uno de sus grandes inspiradores, Enrique Zamudio. "Zamudio me dejó huella, porque me abrió campos nuevos en fotografía. A sus emulsiones del siglo XIX, yo les di un giro contemporáneo".

Otras enseñan y aprenden.

Es el caso de la poeta urbana y licenciada en lenguaje, Gladys González, quien a sus 29 años nunca ha dejado de ser profesora o estudiante. Mientras concluye, desde Chile, su doctorado en Filología Hispánica en la Universidad de Valladolid, evoca sus años de maestra en siete u ocho colegios de El Bosque, San Ramón, La Reina y Santiago:

-Yo no estoy dispuesta a transar. Ni en Chile ni en ninguna parte se puede vivir de la poesía, entonces siempre he trabajado como profesora de castellano, también hago textos escolares para editoriales. La subsistencia es especialmente difícil para la vanguardia, pero soy fiel a mí misma y estoy profundamente comprometida con mi poesía. Eso me dificulta más todo, no puedo entrar en ciertos círculos.

Gladys González ha sido exitosa con sus poemas urbanos. Una poesía directa al grano, sin anestesia, que retrata atmósferas sutiles y cargadas de imágenes, envuelta en un lenguaje lleno de matices. Una poesía que le ha significado premios y reconocimientos. Con media docena de libros publicados y presencia en revistas literarias y antologías audiovisuales, esta santiaguina, amante de la generación poética del 80, tiene una voz oscura y sincera que sobresale.

En permanente cambio, los motivos poéticos de Gladys González constituyen "mi propia autobiografía, el movimiento constante y la búsqueda. Por eso he vivido en Coquimbo, en Frutillar y ahora comparto una casa con cineastas y poetas en Valparaíso. Me muevo mucho, porque me motiva el viaje en todos los sentidos, también el interior. Me interesa la pequeña historia, lo barrial desde lo autobiográfico, la ciudad como ente vivo, el paisaje cambiante, dañino y bello, a la vez, y heterogéneo".

Pero no siempre es fácil, y cada artista pelea sus propios fantasmas.

Gladys González, interesada en el tema del género, observa reticencia frente a la escritura femenina contemporánea:

-En general, la escritura de las mujeres alude a temas como la infancia, el útero, el cuerpo, y se vuelve así invisible en la escena literaria masculina. Observo un deseo de masculinización de la figura del poeta. Yo me salvo, porque soy una poeta más bien urbana, no me importa la visibilidad. Mis textos se defienden por sí mismos. Pero estoy consciente de las dificultades, Gabriela Mistral fue un ejemplo clásico. Hay muchas poetas mujeres interesantes, pero las cubre un velo de invisibilidad.

Paloma Maturana asocia las dificultades con el fondo y la forma en la creación:

-El dibujo hace tiempo que dejó de ser sólo Rapidograf, lápiz, carboncillo y ñañaña, es decir, los instrumentos clásicos. Ahora es un video o un lápiz a mina que aluden al romanticismo perdido. Creo enormemente que la herramienta que se utilice para desarrollar un lenguaje ya no es tan importante; la experimentación está más en lo expresado que en el modo de expresarlo.

La pintora Rosario Carmona analiza:

 -La gente no empatiza con el arte contemporáneo en Chile. Menos con el de vanguardia. La responsabilidad es del público, que no está educado para entender, pero también de los artistas, que no hacen una obra en sintonía con las necesidades de la gente. No sólo pensar políticas de creación para educar al público, sino que hay que adoptar referentes nacionales.  

Lucha contra el vértigo 

Todas reconocen influencias e inspiraciones.

Antonia Cruz menciona, por sobre todos, al anglo-irlandés Francis Bacon, como su ícono inspirador. "Él trató todos los temas que me interesan, en especial, el retrato. Hacía citas a otras pinturas y en su obra mostró la fragilidad humana, un gran tema en mi fotografía".

El artista visual Eugenio Dittborn también la condicionó y hasta hoy le sirve de referente estético. Fue su profesor en un taller en 2007; en él Antonia abrió sus ojos y la capacidad de ampliar sus búsquedas durante el proceso creativo.

-Gracias a Eugenio fui capaz de desarrollar mi obra posterior. Crecieron mi capacidad crítica y de análisis. Así pude montar Catalepsia en el 2009, la exposición más importante que he tenido en mi carrera.

Cruz, en fotografía pura, admira a Sergio Larraín y su trabajo en la agencia Magnum.

Mientras la dibujante Paloma Maturana menciona a los japoneses Takashi Murakami y Hayao Miyasaki como sus grandes iluminadores en el oficio, Rosario Carmona destaca al escultor e instalador Juan Pablo Langlois. "Instaló su propuesta a partir de una búsqueda pulsional y crítica a la vez. No fue un mentor directo porque no me hizo nunca clases, pero siempre me ha inspirado".

Y la poeta Gladys González desgrana a la generación de los años ochenta como su favorita: Malú Urriola, Carmen Berenguer, Nadia Prado, Sergio Parra, Pepe Cuevas.

Subraya su admiración por el movimiento beatnik en Estados Unidos. Sus ídolos se llaman Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti, Jack Kerouac.

Afloran la temática urbana, la noche, el barrio. Gladys González vivió 15 años en Gran Avenida y ese sector de Santiago marcó gran parte de su poesía. En alguna parte lleva también impresa la serenidad de los poetas chinos, "en especial la dinastía Tang y los temas de la naturaleza en Lao-Tse. Los chinos escribieron en un lenguaje llano, igual al mío".

Pero si anda corriendo de la mañana a la noche para estirar sus días y cumplir con todo, la generación de recambio en el arte huye del vértigo desenfrenado. Estas creadoras saben cuándo replegarse para restaurar energías. Por ejemplo, Gladys González dejó Santiago cuando "sentí que necesitaba escapar de la vorágine". Un mecanismo que todas, sin excepción y en diversos grados, utilizan.

Lo resume Rosario Carmona:

-El arte contemporáneo hoy da para todos los temas, porque las posibilidades se han ampliado al infinito. Los soportes se expandieron, por ejemplo, la entrevista y las caminatas son prácticas artísticas desde el principio del siglo 20. Que los artistas chilenos sientan que sólo la pintura tradicional vende, es comodidad. Yo he visto en Buenos Aires, que es ahí al lado, grandes coleccionistas de instalaciones. Rosario siente que pasó los últimos años en un torbellino de efervescencia, de exposición en exposición. Le fue muy bien, pero necesita el repliegue:

-No quiero acelerarme ni sobreexponerme. Tanta efervescencia me obliga a una pausa. Estoy pensando en una beca a Berlín, aunque a mí me interesa trabajar en Chile. No encuentro esencial salir, me interesa pensar este país para resolver cosas y no evadirlas.

Una mirada que todas comparten.

 Poemas de Gladys GonzálezHilo rojo

Debo decirque me duele un hombreen todo el cuerpofotocopio su rostroy lo pego en los paraderos tristesde Gran Avenidabordo su nombre con hilo rojoen mi ropa interiorme tatúo las costillaspor si acaso un día te saco de adentrotomo té 9 veces al díahablo con los pájaroshago mandas al niño Jesús de Pragaprendo inciensosleo el Kamasutramando a revelar tus fotos antiguasno duermo buscando algo más que ofrecerme corto la yema de los dedosy camino goteando las callescon los brazos caídosy la cabeza semirapada

Trozos de mercurio

Una pensión en Valparaísouna camauna mesa y dos sillastengo a John Miltonsobre la taza del bañoestoy bebiendo lo que queda de la tardehe escrito cosas mientras estaba borrachaque me parecen bienespero a mi amiga del cerro Barónpara que me recoja despacitocomo trozos de mercurioy me lleve a comer algoen un restauran donde halla wurlitzerporque quiero escucharesa canción de Bob Dylantodo lo que me resta de vida

 



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Rosario Carmona revolucionó con sus moscas pintadas en vidrios.<br/>
Rosario Carmona revolucionó con sus moscas pintadas en vidrios.

Foto:GENTILEZA ROSARIO CARMONA


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