CULTURA Y ESPECTÁCULOS

Jueves 22 de Marzo de 2001


Balmes y Jarpa

Difícil tarea es la que ha emprendido la Posada del Corregidor. Esto es, acoger a creadores que, perteneciendo a distintas generaciones, ofrezcan al espectador un trabajo unitario. Esto requiere no sólo una temática común, sino también una similar sensibilidad estética, capaz de hacer comulgar medios y fines.

Con la exposición "Informe" de José Balmes y Voluspa Jarpa - abierta desde ayer en esa galería- queda demostrado esta vez que es posible configurar una proposición plástica a manera de discurso visual, sentida y comprendida a partir del todo y de sus fragmentos.

Quizá, la coherencia y, porqué no decirlo, la belleza de la muestra, reside ante todo en la lucidez que han tenido los artistas de revitalizar ciertos símbolos, especialmente nuestra bandera, sin caer en sensiblerías o lugares comunes. Por el contrario, el rigor del oficio, que ambos han evidenciado a través de sus trayectorias, junto a una constante reflexión del hombre y su escenario social, les permite sacrificar cualquier figuración engañosa en favor de una realidad más sensible.

Balmes se aproxima a las formas desde el gesto pictórico. Éste le sirve para renunciar a las apariencia del objeto hasta penetrar en un sentido trágico, el cual sólo la pintura es capaz de revelar.

Jarpa, en cambio, utiliza la asepsia del lenguaje computacional para simbolizar la marginalidad y la pobreza. El efecto visual de sus obras pareciera denunciar - irónicamente- el discurso político de la actualidad que, a través de eufemismos, esconde los dolores y miserias de la condición humana.

Creemos que "Informe" es una muestra que trasciende lo que algunos llaman realismo crítico social. Éste, caracterizado ante todo como un arte-testimonio, se aferra a ciertas formas convencionales del lenguaje, permitiendo una mirada unívoca de los espectadores, los cuales no necesitan apelar a su imaginación para decodificar los mensajes. Si bien, Balmes y Jarpa recurren a un imaginario inherente a nuestra desgastada memoria histórica, lo hacen sin renunciar a aquel recurso poético mediante el cual el signo artístico no reclama la inteligencia, sino nuestros sentidos. Las imágenes no dan que pensar, ni se hacen comprender. Su sola presencia física comunica, retiene y se queda.

Carmen Muñoz Hurtado



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