INTERNACIONAL

Lunes 24 de Marzo de 2014

Tras una década de lucha contra el Alzheimer:
Fallece Adolfo Suárez, principal arquitecto de la transición a la democracia en España

En 1976 se convirtió en el primer Jefe de Gobierno tras el franquismo. Junto al rey Juan Carlos garantizó la estabilidad del país.  
 Considerado un hombre de consenso, determinado, con capacidad y recursos para resolver situaciones de crisis, Adolfo Suárez, ex Presidente del Gobierno y figura clave en la transición a la democracia en España, falleció ayer a los 81 años.

Suárez fue el primer jefe de Gobierno electo democráticamente en España tras décadas de gobierno del general Francisco Franco, y es considerado el artífice de un gran proceso de reconciliación nacional.

El portavoz de la familia, Fermín Urbiola, comunicó que Suárez murió ayer por la tarde en la Clínica Cemtro de Madrid, donde había ingresado el lunes de la semana pasada por una neumonía. El ex Presidente de Gobierno sufría un proceso degenerativo asociado a la enfermedad de Alzheimer que padecía desde hace unos 10 años, lo que según su hijo Adolfo Suárez Illana, le había afectado a tal punto que ni siquiera recordaba que había gobernado España.

Desde ayer las banderas ondean a media asta en el país y se decretaron tres días de luto oficial a partir de hoy, cuando la capilla ardiente se instale con todos los honores en el Congreso de los Diputados. Allí, los restos de Suárez permanecerán durante 24 horas para que los españoles puedan despedirlo.

El lunes 31 de marzo la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, en Madrid, acogerá el funeral de Estado al que asistirán los reyes y los príncipes de Asturias, encabezando al resto de autoridades del Estado. Y el martes Suárez será enterrado en el Claustro de la Catedral de Ávila. Hasta allí se trasladarán los restos de su esposa, Amparo Illana, quien falleció en 2001 a consecuencia de un cáncer.

Suárez es considerado uno de los grandes arquitectos de la España moderna. Entre 1976 y 1981 lideró junto al rey Juan Carlos un proceso de transición, en el que consiguió poner de acuerdo a dos Españas antagónicas: la que permanecía afín al régimen de Franco y la vinculada al bando republicano y de izquierdas.

Suárez, licenciado en Derecho y político de vocación, fue nombrado Presidente por el rey en 1976 para encabezar la instauración de un sistema democrático de monarquía parlamentaria tras la muerte de Franco, un año antes. Franco había legado la jefatura del Estado a Juan Carlos.

En aquel entonces, Suárez tenía 43 años y era un funcionario relativamente desconocido que había ocupado cargos intermedios en la administración franquista. La apuesta del monarca, que lo conocía personalmente, salió bien y el nuevo Mandatario empezó a hilar fino para reconciliar el país y sentar las bases de un futuro en paz.

Lo primero que hizo fue convocar elecciones para revestir su mandato de legitimidad en las urnas. Durante la campaña electoral pronunció un famoso discurso todavía vivo en el imaginario colectivo y el lenguaje coloquial de los españoles, en el que enumeró los puntos básicos de su programa con la frase "puedo prometer y prometo".

Al frente del partido de centroderecha Unión de Centro Democrático (UCD) ganó los comicios de 1977 y fue investido como el primer Presidente electo democráticamente desde 1939.

En su primer año de gobierno se aprobó una polémica Ley de Amnistía, todavía vigente, que ha bloqueado hasta la fecha varios intentos de investigación sobre los crímenes del franquismo. Los defensores de la transición, sin embargo, sostienen que aquella medida respondió a las necesidades de la época, porque lo que se intentaba era frenar cualquier rebrote que llevara al país a otra guerra civil.

También legalizó al Partido Comunista, hito del nacimiento de una España en la que "todos" estaban representados.

En 1978, gracias al consenso general de las fuerzas políticas, fue aprobada la Constitución que hoy sigue en vigor.

A partir de 1979, año de su segunda victoria electoral, emprendió un declive debido a problemas internos en su partido, la crisis económica, la agitación militar, el problema de la autonomía de las regiones españolas y los atentados de la organización armada independentista vasca ETA.

Las duras críticas a su gestión, la crisis interna de UCD y la falta de apoyos sociales llevaron a Suárez a dimitir el 29 de enero de 1981.

"Mi marcha es más beneficiosa para España que mi permanencia. Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la historia de España", dijo.

Esas palabras cobraron dimensión cuando, tres semanas después, el 23 de febrero de 1981, el teniente coronel Antonio Tejero entró en el Congreso de los Diputados con varias decenas de guardias civiles armados mientras se votaba la investidura de Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno, intentona que fue aplacada por el rey.

A las elecciones de 1982 concurrió con una nueva formación, el Centro Democrático y Social, pero fue derrotado por el Partido Socialista de un joven Felipe González, símbolo de lo que se llamó "el cambio" y que muchos consideran el final de la transición.Suárez se retiró de la política en 1991 y en 1996, recibió el prestigioso Premio Príncipe de Asturias por su contribución a la democracia.

En 2005, su familia confirmó que padecía un Alzheimer avanzado. "Ya no recuerda que fue Presidente del Gobierno, no conoce a nadie y solo responde a estímulos afectivos como el cariño", señaló entonces su hijo.

España, sin embargo, nunca olvidará su contribución a la paz del país.

"Mi dolor es grande. Mi gratitud, permanente"Rey Juan Carlos de España

"Nos ha dejado uno de los grandes hombres de nuestra época"Mariano Rajoy JEFE DE GOBIERNO ESPAÑOL

"He compartido con él una amistad que superaba las discrepancias"Felipe GonzálezEX PRESIDENTE DE GOBIERNO

 Plebiscito de 1988Adolfo Suárez estuvo en Chile en 1988 integrando el "National Democratic Institute for International Affairs", entidad que envió al país a unos 60 observadores extranjeros de 24 países para analizar en terreno el desarrollo del plebiscito del 5 de octubre.

En dicha oportunidad, Suárez manifestó que "hemos comprobado el comportamiento cívico excepcional de los votantes" y que "el plebiscito fue una jornada impresionante".

En dicha ocasión también sostuvo entrevistas con diferentes figuras políticas como Andrés Allamand, Herman Chadwick, Genaro Arriagada y Ricardo Lagos.

Con Juan Carlos, una amistad de cuatro décadasPese a la disparidad de sus orígenes:"A veces, al rey hay que defenderle de sí mismo". Esta frase, o una muy parecida, se la oyeron a Adolfo Suárez amigos suyos en distintos momentos de su vida. Al margen de otras importantes connotaciones, las palabras del ex Presidente del Gobierno revelan un afán protector que el interesado nunca aceptó de buen grado.

Casi cinco años de diferencia no parecían suficientes para que Adolfo lo tratara con un paternalismo que el rey siempre detestó, aunque a cierta edad y en determinadas ocasiones tuviera que aceptarlo en personas cargadas de poder y de años. Lecciones, las justas, y mucho menos de alguien que era casi de su edad.

Su amistad se basaba en el mutuo afecto, en algunos rasgos comunes de su personalidad y en un interés compartido por el futuro de España y por el suyo propio.

Adolfo Suárez y Juan Carlos de Borbón mantuvieron durante algo más de una década una intensa relación de amistad, a pesar de las diferencias de toda índole que existían entre ellos. Adolfo había nacido en Cebreros (Ávila) en septiembre de 1932, era hijo de Hipólito Suárez y Herminia González y pertenecía a una familia de clase media provincial, de raigambre católica y republicana casi a partes iguales. Por su parte, el hijo de don Juan de Borbón y nieto de Alfonso XIII vio la luz en Roma en enero de 1938, y llegó a España diez años después para continuar su educación bajo la tutela de Franco.

Pese a la disparidad de sus orígenes y trayectorias, en su primer encuentro en Segovia, en enero de 1969, Adolfo Suárez y Juan Carlos de Borbón congeniaron inmediatamente, hasta el punto de que un periódico local se refirió al joven gobernador civil de la provincia como "amigo personal del Príncipe".

En julio de 2008, aquejado ya de la enfermedad que lo llevó a perder la memoria, el duque de Suárez recibía en su casa a don Juan Carlos. "¿Quién es usted?", parece que le preguntó al verlo después de tanto tiempo. "Adolfo, soy tu amigo", le respondió el rey, al cabo de casi cuarenta años de aquel encuentro en Segovia en el que, entre pruebas de amistad, el gobernador civil de la provincia y el joven príncipe empezaron a hacer planes para el futuro.

Suárez y nuestra libertad"El camino queda abierto para dotar a este país de una Constitución que, como señaló Su Majestad el Rey en estas mismas Cortes, ofrezca un lugar a cada español, consagre un sistema de derechos y libertades de los ciudadanos y ofrezca amparo jurídico a todas las causas que puede ofrecer una sociedad plural. Mientras la Constitución llega, parece claro que el proceso democrático ya es irreversible. Lo han hecho irreversible el espíritu de la Corona, la madurez de nuestro pueblo y la responsabilidad y el realismo de los partidos políticos".

De este modo , realmente emocionante, resumía Adolfo Suárez, en octubre de 1977, eso que tantas veces hemos denominado "el espíritu de la Transición", espíritu que él mismo encarnó. Sus palabras expresan una verdad histórica. Es verdad que las elecciones generales de 1977 y los acuerdos económicos alcanzados poco después abrieron, definitivamente, la puerta a la elaboración de la que finalmente fue la Constitución de 1978.

Es verdad que se comenzaba a consagrar un sistema de derechos y libertades capaz de proporcionar amparo jurídico al pluralismo político y social de una sociedad moderna como la española. Es cierto que la Corona fue el motor y Su Majestad el Rey fue el piloto del cambio. Lo es que la madurez del pueblo español constituyó el asiento sociológico primario de todo el proceso democrático. Y lo es también, finalmente, que en momentos decisivos el realismo de los partidos políticos resultó determinante.

Sin embargo, Suárez no decía ahí toda la verdad. Todos esos factores habrían podido evolucionar en sentidos muy diferentes de no haber sido por la inteligencia política, el compromiso cívico, el patriotismo y la generosidad en la entrega de Suárez, nuestro primer Presidente democrático. La Transición y la democracia no habrían sido posibles como lo fueron sin lo que define a las grandes figuras de la Historia: la grandeza.

La Transición y el proceso constituyente no fueron, como en ocasiones se da a entender, ni fáciles ni inevitables. Fueron el resultado de elecciones políticas meditadas. Fueron producto de decisiones de alcance histórico en las que se jugaba el futuro de España. Y esas decisiones fueron acertadas. Hicieron posibles la reconciliación y la concordia -auténticas, sentidas- que se formularon en iniciativas jurídicas y simbólicas, y que hallaron su máxima expresión en la Constitución.

La figura de Suárez , como la de Su Majestad el Rey, han alcanzado con el paso de los años una dimensión extraordinaria. Pero no siempre fue así. A la muerte de Franco no fueron pocos los que pretendieron iniciar un camino rupturista y desintegrador que encontraba en el Rey y en Suárez un obstáculo que vencer. Eso estuvo encima de la mesa hasta bien avanzado el proceso constituyente. Pero la ley para la Reforma Política fijó el rumbo correcto. Es decir, el pueblo español lo fijó, porque el gobierno decidió acertadamente que así debía ser.

Ahora que tantas veces se maltrata la palabra "democracia", es preciso recordar que durante aquellos años los españoles -todos, en toda España- acudieron a las urnas en 1976, en 1977, en 1978 y en 1979. La Transición fue un proceso político concebido y desarrollado para los españoles, pero fue también un proceso político que se hizo con los españoles, por los españoles.

El pueblo español fue el verdadero protagonista, porque personas como Adolfo Suárez comprendieron que esa era la única manera de hacer realidad su profunda aspiración de libertad y de justicia, de blindar el camino a la democracia moral y jurídicamente frente a quienes esperaban la ocasión para desacreditarlo. Y porque se sentían auténticamente parte de ese mismo pueblo, de esas mismas aspiraciones, de ese mismo deseo de cambio.

La Corona marcó el rumbo hacia la democracia plena, y Suárez -y tantos junto a él- encontró un camino y lo hizo transitable y seguro para los españoles. Suárez encontró el camino de nuestra libertad.

Presidente del Gobierno español entre 1996 y 2004.

La Transición y la democracia no habrían sido posibles como lo fueron sin lo que define a las grandes figuras de la Historia: la grandeza.


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Todos los sectores políticos de España han destacado que Adolfo Suárez guió al país en uno de sus momentos más complejos.
Todos los sectores políticos de España han destacado que Adolfo Suárez guió al país en uno de sus momentos más complejos.
Foto:REUTERS


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