VIDA Y SALUD

Martes 22 de Mayo de 2001

ESCUELA DE LA VILLA MARTA BRUNET
El Tren del Conocimiento

Un viejo tren de la maestranza San Eugenio cambió la vida de cientos de niños de Puente Alto que no tenían fácil acceso a la educación. Con creatividad y varias manos de pintura se convirtió, hace dos años, en la Escuela Básica 125 Quitalmahue, donde estudian 1.300 alumnos de kinder a octavo básico.
EL vagón número 12 es beige y está decorado en el exterior con pisadas de niño celestes. Tiene lindas cortinas que le hacen juego y en la parte delantera se ha simulado una locomotora con pintura roja, verde y naranja. En su interior, 30 pequeños alumnos del kinder B escuchan atentos a su profesora, Elena Castillo.

Frente a cualquier ruido los niños se asoman curiosos por las ventanas, igual que veraneantes antes de emprender el viaje.

Una de las más entusiastas del grupo es Carolina Pérez, de seis años. Su mamá hace el aseo en una empresa y su papá es nochero. Aunque están separados, ella dice que los quiere mucho. Mi mamá se llama Flor y mi papá Pérez y es pelado como Koyak. No están juntos porque peleaban, pero ahora igual discuten, parecen cabros chicos. Mi mamá a veces trabaja de noche y otras de día, y a mí lo que más me gusta es dormir con ella. A mi papá lo echo de menos porque me cuida Manuel, el mayor de mis cuatro hermanos, que me reta harto.

Mientras conversa aprovecha de pegarle en la cara a su pololo, Camilo Ortiz, de cinco años, que no quiere dibujarle un corazón. Ambos dicen a coro que les encanta tener clases arriba de un tren. Es choro y divertido, parece más juego que estar en clases. Además, los trenes son lindos, mucho más que otros colegios de por aquí.

La mayoría de los alumnos que asisten a la escuela Quitalmahue, como Carolina y Camilo, vienen de familias con situación irregular, ya sea en lo afectivo o en lo económico. Por eso, explica su director José Parissi, la creación de este colegio fue un gran beneficio para la comunidad.

Esta institución nació en 1999 como una respuesta a la necesidad de los vecinos de la Villa Marta Brunet, en Puente Alto, que querían tener un colegio en el sector porque los establecimientos de la comuna no tenían cupos. Además, el sector es complicado, hay pobreza, problemas sociales y por eso es bueno que los niños estudien y no estén en la calle.

Un grupo de padres buscó la ayuda de Luis Ramírez, 56 años, ingeniero, profesor y dueño de varios colegios. En la villa Marta Brunet hay muchas personas que vivían en una toma de Peñalolén cerca de uno de mis colegios, por eso me pidieron que buscara una solución. Yo me acordé de unos grandes buses Mitsubishi, que en la década del setenta se usaron como colegios debido a la falta de establecimientos. Como ya no hay este tipo de micros, se me ocurrió que podía usar vagones de tren.

Don Luis partió al primer remate de trenes que hubo y logró comprar un paquete de 33 vagones de la Maestranza San Eugenio. Costaban cerca de un millón 800 mil pesos cada uno y lo más difícil fue trasladarlos. Tuvimos que crear un sistema especial para subirlos a unos carros y luego remolcarlos con camiones. Todo se tuvo que hacer de noche, con la ayuda de carabineros. Fue complicado, a veces no podíamos doblar porque no nos daba el ángulo.

Ocho vagones quedaron en Puente Alto y el resto fue repartido en otros establecimientos. Por ejemplo, en el colegio que tengo en Maipú tenemos un carro de casino y otro como capilla. En él, los niños preparan y hacen su primera comunión. Otros vagones se usan como talleres, camarines y cafetería, cuenta Luis Ramírez.

Vagones del Saber

Al colegio subvencionado Quitalmahue asisten 1.300 alumnos, desde kinder hasta octavo básico, en jornadas de mañana y tarde.

Cada vagón, cuenta la subdirectora Sara Torres, está dividido en dos salas. Tenemos unos 28 niños por curso. En cada sala hay sillas, mesas, pizarrón, tienen luz y todo lo que necesitan para desarrollar sus actividades escolares.

Aunque el espacio no es muy grande, los niños se adaptan, agrega Ivonne Barría, 39 años, profesora jefe de segundo básico. Hay días en que se portan bien y otros están desordenados. Pero los chicos se acostumbran y estos vagones han solucionado su necesidad de estudio.

Para Iván Otarola, de 7 años y alumno de segundo básico, el lugar no es problema. Es choro tener clases arriba de un tren; yo estoy en el carro rosado, aunque no anda para ningún lado. Hijo de José, maestro de la construcción, y Cecilia, dueña de casa - separados porque se peleaban mucho- , dice que el colegio le gusta, pero que todavía no puede escribir bien.

- Me cuesta hacer las letras y soy un poco desordenado, pero creo que de a poco voy a hacerlo mejor. Mi mamá me ayuda porque está en la casa y mi papá no porque no vive conmigo, pero voy a verlo seguido porque lo echo de menos.

En la otra mitad del carro de Iván está la sala del primero básico de Claudia Muñoz, de seis años. Está pintado de colores suaves y su exterior es verde con estrellas y lunas. Detrás de las cortinas, que lucen distintos diseños infantiles, se asoma su cara. Ella vive cerca del colegio y llega caminando. En la mañana le ayudó a mi mamá en la casa y después voy con mi hermana Mariana a clases. Lo que más me gusta es el dictado y lo que me carga son los dibujos. Después de clases me gusta jugar con mis amigas y estar con mi papá Claudio, que es bueno y está construyendo una iglesia.

A la vuelta de la sala de Claudia, atravesando el patio de cemento que está en medio de la escuela, se encuentra el vagón de los cuartos básicos. Uno de los alumnos más destacados es Orlando Rodríguez, 9 años, quien asegura que su colegio es mejor que el de los demás. Conozco las escuelas de mis amigos y esta es más chora. Además los profesores son buena onda.

Antes de ir a clases, Orlando ayuda, junto a su hermano, a su mamá Iris, hacen la cama, ven monos y almuerzan. En su tiempo libre, Orlando estudia y trabaja de aprendiz con su papá Daniel. El es ceramista y cuando puedo lo ayudo. Cuando grande me gustaría trabajar en lo mismo y por eso trato de sacarme buenas notas. Tengo puros seis y sietes y hago mis tareas todos los días. Mis papás dicen que están orgullosos de mí.

Su compañera Bárbara Martínez,
9 años, llegó a colegio el año pasado. Dice que el primer día de clases se sorprendió. Antes iba al colegio San Javier de La Pintana y era nada que ver con éste. Lo encontré divertido porque no era como los otros colegios, es más bonito y cómodo, en mi anterior escuela las salas eran chicas. Lo que más me gusta es religión porque cuentan historias entretenidas y lo que me carga es inglés porque no entiendo mucho.

Segunda de cuatro hermanos e hija de un contador, Alejandro, y de una dueña de casa, Sandra, cree que ha sido muy positivo tener un colegio en su barrio. Creo que es bueno que los niños vayan a clases y no anden por ahí, ya que hay grupos de jóvenes no muy buenos.

Lo mejor de tener clases en un tren, señala Elena Castillo, profesora del kinder B, es que les despierta la imaginación. Al principio preguntaban si tenían ruedas, si iba a partir con ellos arriba. También ha sido un estímulo para enseñarles, por ejemplo, los medios de transporte. Además, cuando están algo aburridos sacan la cabeza para afuera y se distraen como si fueran viajando.

Claudia Hidalgo Rozenblum

Demasiadas Casas, Pocos Colegios

EL tren colegio de Puente Alto es una forma creativa de satisfacer la necesidad de educación de cientos de estudiantes. Esta realidad, que se repite en muchas comunas de Santiago, es producto de la oferta de nuevos conjuntos habitacionales que no consideran una infraestructura en salud y educación. Sólo en esta comuna 40 mil niños no tienen acceso a colegios por la falta de matrículas.

En la actualidad, Puente Alto tiene una población de 550 mil habitantes, estimándose que al 2010 podría alcanzar el millón de personas. Sin duda estas cifras preocupan al edil de la comuna, Manuel José Ossandón.

- En los últimos 10 años Puente Alto absorbió una agresiva política de subsidios de vivienda y negocios urbanos de inmobiliarias, aumentando su población, en ese período, de 250 mil a 550 mil habitantes. Su tasa de crecimiento natural es superada en más de tres veces por la tasa de inmigración de personas que han llegado, básicamente, a causa de fuertes y sostenidos procesos migratorios causados por políticas de Estado.

Esto ha generado, agrega el edil, serios problemas para que los niños y jóvenes de la comuna tengan acceso a la educación.

Actualmente tenemos 30 colegios municipalizados, 70 particulares subvencionados y 12 particulares pagados, lo que totaliza 112 establecimientos. Pero para responder a la demanda actual, debiéramos tener 40 nuevos colegios, ya que hay más de 40 mil matrículas que la comuna no puede asumir y que obliga a los niños a desplazarse hacia otros sectores para estudiar.

A su juicio, el problema, que afecta tanto a Puente Alto como a otros sectores del Gran Santiago, radica en una falta de planificación estatal. Faltan recursos del Estado, pero básicamente políticas de planificación adecuadas a nivel central respecto del emplazamiento de zonas urbanas, ya que se autoriza la construcción de nuevas villas sin la infraestructura necesaria. Nuestra política actual en relación a grandes proyectos inmobiliarios es exigir equipamientos comunitarios, como colegios, salas cunas, jardines infantiles, espacios recreativos, deportivos y áreas verdes.

Los problemas sociales que genera la falta de infraestructura para los nuevos habitantes de una comuna pueden ser bastante serios. Estadísticamente la realidad es desoladora. En Puente Alto tenemos una inmigración de más de 100 mil personas que han llegado a un lugar que no fue habilitado para acogerlos dignamente; faltan colegios, consultorios, fuentes laborales, vías expeditas de transporte, considerando que somos la comuna más distante del centro de Santiago, con altos índices de pobreza.

La creación del colegio tren de la Villa Marta Brunet refleja estas carencias. Esa fue una iniciativa de un sostenedor privado quien, viendo la carencia de establecimientos, saco adelante la iniciativa de utilizar vagones de ferrocarril como salas de clases. Aunque es una medida transitoria, ejemplifica la realidad que vivimos, resalta el Alcalde Manuel José Ossandón.

- Por eso, esperamos a futuro minimizar el déficit fomentando la inversión privada y postulando proyectos para la construcción de establecimientos a los fondos regionales y sectoriales. También queremos que los privados desarrollen inversiones y atraer planteles de educación técnico-profesional.




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LO MEJOR DE tener clases en un tren, señala Elena Castillo, profesora del kinder B, es que despierta la imaginación de los niños. Al principio preguntaban si tenían ruedas, si iba a partir con ellos arriba...
LO MEJOR DE tener clases en un tren, señala Elena Castillo, profesora del kinder B, es que despierta la imaginación de los niños. Al principio preguntaban si tenían ruedas, si iba a partir con ellos arriba...
Foto:Juan Eduardo López


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