NACIONAL

Domingo 20 de Octubre de 2013

A 20 años del tiroteo que dejó ocho muertos en Av. Apoquindo con Manquehue:
La tarde en que llovieron balas en Santiago oriente

Poco antes de las 14 horas del 21 de octubre de 1983, la policía y un grupo de lautaristas se enfrentaron en esa esquina. Una sobreviviente y la autoridad de la época recuerdan el sangriento episodio, que aún vive en la memoria de muchos.  
Víctor Rivera y Javier Piñeiro En Las Condes se escuchan tiros. Son las armas de la policía y de los delincuentes. Apoquindo con Manquehue bajo fuego cruzado durante cinco minutos. El asfalto ensangrentado y el terror en cientos de testigos.

No ha habido una balacera similar desde aquel jueves 21 de octubre de 1993. Más de 160 impactos con rehenes de por medio en pleno Santiago oriente, minutos antes de las 14:00 horas. Una banda que asaltó un banco, asesinó a un guardia, huyó en un taxi robado, luego se subió a una micro y mató a un carabinero que se interpuso en su camino. Una jornada que acabó además con la vida de tres ladrones y de tres pasajeros que tuvieron la desgracia de ir en aquel vehículo "del terror".

Aquel día era el debut de Michael Jackson en Chile. La noticia de primera plana que se esfumó, porque el "Rey del Pop" suspendió el recital aduciendo "dolores musculares" y porque frente al centro comercial Apumanque se vivió un thriller de verdad, que marcaría un antes y un después en los procedimientos policiales en el país.

La también recordada como "Matanza de Apoquindo" comenzó a desencadenarse luego de que miembros del Movimiento Lautaro robaran una sucursal del Banco O'Higgins situada en el 6417 de la avenida. Buscaban "recuperar" dinero para financiar sus operaciones, una fórmula recurrente por aquel tiempo de naciente democracia. Allí mataron al vigilante Patricio Jara Sanzana.

Se activó la alarma. El "Gato", Raúl González Órdenes, y su pandilla huyeron con casi $4 millones. Carabineros los halló dos cuadras más abajo, donde cometieron su segundo crimen: le dispararon al suboficial Dionisio Zapata Araneda, de la 17ª Comisaría de Las Condes, quien les había cortado el paso cuando arrancaban en la micro. El funcionario fallecería horas más tarde.

Momentos después, sobrevino la balacera, con la llegada de más uniformados y de Investigaciones. Los asaltantes se parapetaron en el autobús, en el que habían tomado rehenes y amenazado al chofer José Díaz con un arma en la cabeza. Los policías abrieron fuego, pese a que la Intercomunal 24 iba también con cerca de 20 pasajeros a bordo (ver infografía).

El operativo terminó con la muerte de González Órdenes y de otros dos lautaristas: Yuri Uribe Toro y Alejandro Soza Durán.

Además, el procedimiento policial dejó tres víctimas fatales entre los pasajeros: el vendedor Markos Villegas Delaunoy (33), casado con una funcionaria de la FACh y padre de dos niños; la empleada Gabriela Castillo Díaz (31) y la estudiante de diseño Tatiana Navarro Valdés (19). Hubo 14 heridos, incluyendo a una niña de 12 años (ver nota aparte).

En medio del descontrol, los sobrevivientes fueron saliendo del autobús entre golpes, empujones y gritos. Para la policía, muchos de ellos podían estar involucrados. Incluso, un par de heridos estuvo bajo sospecha durante su recuperación.

La realidad indicaría que solo dos de ellos eran lautaristas: Álvaro González Olivares y Oriana Alcayaga Zepeda, quienes serían condenados a 60 y 40 años de prisión, respectivamente. Sus penas fueron rebajadas en 2002 y luego salieron en libertad.

El Gobierno defendió el procedimiento: "Todos los antecedentes que poseemos es que Carabineros cumplió su deber exponiendo a su propia gente", dijo el Presidente Patricio Aylwin.

Tras la investigación de rigor, el Ejecutivo ofreció indemnizaciones a familiares de los pasajeros muertos y a los heridos. Además, la policía uniformada afinó sus protocolos para evitar nuevos derramamientos de sangre inocente.

Han pasado 20 años, y no se ha vuelto a ver nada igual.

 Belisario Velasco: "El protocolo no podía contemplar que se disparase contra un bus donde viajaban inocentes"Belisario Velasco era subsecretario del Interior en 1993. En tal condición conoció el informe policial sobre los sucesos. Hoy asume que el caso Apoquindo supuso un desenlace "lamentable" para uno de los 110 asaltos a bancos durante el gobierno de Patricio Aylwin.

"Enrique Krauss, que era ministro del Interior ese año, resolvió formar una comisión de inteligencia con Carabineros, Investigaciones, las Fuerzas Armadas y la Subsecretaría de Justicia para recabar antecedentes sobre cuatro movimientos armados que quedaban desde la dictadura: el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, el Movimiento Lautaro, descolgados de la CNI y ex miembros de la Dina", revela en su oficina de la torre Santa María.

Si bien las reuniones semanales de la comisión buscaban coordinar la prevención de asaltos bancarios, el ex subsecretario del Interior advierte que la cartera no contaba con la facultad constitucional de organizar la labor de las policías.

"Carabineros dependía del Ministerio de Defensa por decisión de la dictadura. Entonces, nos encontramos con que el Ministerio del Interior tenía la responsabilidad de resguardar la seguridad de las personas y la tranquilidad pública, pero no poseía los medios para cumplir esa tarea. Teníamos que cumplir nuestras funciones de orden, pero no teníamos con qué", dice Velasco.

A su juicio, "Carabineros actuó con mucha valentía y de manera muy profesional, pero yo discrepé en una sola cosa: en que el protocolo de acción no podía contemplar que se disparase contra un bus donde viajaban hombres, mujeres y niños inocentes".

Al respecto, sostiene que aquel desempeño de Carabineros se explica en que -al estar bajo el alero de Defensa- contaba con "una formación de carácter militar, y con ello hacían los protocolos de acción".

La tuición de Defensa sobre las policías pasó a Interior en 2007, precisamente cuando Velasco era el jefe de esa cartera. "No se podía seguir con protocolos militares para resguardar el orden público dentro de la ciudad; entonces, si Interior tiene esa responsabilidad, debía contar con las herramientas para desarrollar sus funciones de buena manera", destaca.

Niña que escapó de la muerte: "Llegó un cura a hacerme la extremaunción"Tenía 12 años y cursaba 7º básico en el Liceo Rafael Sotomayor, de Las Condes. Era buena alumna y soñaba con ser actriz. Su padre vivía en Uruguay, pero su abuelo paterno, Luis, y su madre, Elizabeth, la veían crecer día a día. Era feliz.

Gigliola Elina Centonzio Rossel era la más joven de la micro. Había subido para irse a su casa en Maipú, pero terminó en la UTI de la Clínica Alemana con heridas en su aparato digestivo y en un pulmón. Fue dada de alta luego de 23 días.

Hoy, a sus 32 años, vive en Casablanca, V Región. Trabaja como asistente social en zonas rurales, organiza orquestas infantiles, milita en el Partido Radical e incluso postuló al concejo municipal en 2012 (obtuvo 152 votos y no fue elegida).

Gigliola asume lo ocurrido en 1993 como una "nueva oportunidad para vivir. Doy gracias por eso".

De aquel día, recuerda que "el conductor tenía puesta la radio y ahí dijeron que habían asaltado un banco. La gente comenzó a comentar el asalto y justo en ese trayecto se subieron los lautaristas; de inmediato la gente se dio cuenta de que estábamos de rehenes. Al pasar Manquehue, un carabinero se puso por delante de la micro. Cuando empezó el tiroteo comenzaron a saltar los vidrios. Agarré mi mochila y me cubrí la cara".

"El 'Gato' (líder de la banda) tenía una ametralladora. Cuando él disparaba me acordaba de Robocop, por cómo saltaban las esquirlas. Aún no dimensionaba que mi vida estaba en peligro, hasta que empecé a ver gente herida", agrega.

Al ver la micro rodeada de policías, los lautaristas comenzaron a discutir la posibilidad de rendirse y para ello utilizaron nuevamente a los pasajeros.

"Nos pidieron que sacáramos pañuelos blancos en señal de rendición. Como yo andaba con cuadernos, me dijeron que sacara las hojas para levantarlas. No resultó. Entonces, los lautaristas nos pidieron que bajáramos de la micro. Le dijeron al chofer que se bajara, y lo que me llamó mucho la atención es que lo hizo caminando como si nada ¡entremedio de las balas!". De hecho, el conductor resultó ileso.

"Ahí me dijeron que era mi turno, pero yo les dije que no porque los balazos pasaban por arriba de mi cabeza. Uno de ellos se arrastró, me abrazó por la espalda y me dijo que a la cuenta de tres nos paráramos y bajáramos. Tampoco resultó: cuando nos levantamos para salir nos llegaron los disparos. A mí me llegaron dos en la espalda y a él siete. Volvimos a caer", narra.

Con su cuerpo adormecido por los impactos, Gigliola se arrastró hasta llegar a la puerta. No lo pensó dos veces y se lanzó hacia afuera.

Luego vendría una ardua lucha por vivir: "Estuve con riesgo vital, incluso llegó un cura a hacerme la extremaunción. Estuve tres días inconsciente, pero gracias al apoyo de los médicos, de la comunidad alemana y de gente desconocida que me enviaba oraciones, regalos, peluches y dulces, pude salir de ese estado. Eso lo agradezco del alma".

Su madre también fue fundamental. "Mi mamá pidió una audiencia con el ministro del Interior para pedir una indemnización del Estado. Ahí se determinó una pensión de gracia, porque la idea era no irse a juicio, porque otros demandaron al Estado y perdieron. Ellos pusieron una pausa en su vida, porque perdieron a un ser querido, y que no obtengas una respuesta satisfactoria de lo que pasó, les dejó la herida abierta para siempre".



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