EL SÁBADO

Sábado 20 de Mayo de 2006

Los proyectos artísticos de la hija de Roberto Matta
Federica aterriza en La Serena

Los proyectos artísticos de la hija de Roberto Matta.
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Por Marcela Escobar Quintana.

Ocurrió hace unas semanas: unas gigantescas flores de resina irrumpieron en las calles de La Serena, rompiendo con la tradicional escenografía colonial de esa ciudad. Flores atornilladas al piso y dirigidas, invariablemente, hacia el cielo, nacidas de la imaginación de Federica Matta. La misma que a principios de los noventa instaló en la plaza Brasil de Santiago unos sicodélicos juegos infantiles. La hija parisina de Roberto Matta, con quien marcó desde siempre una distancia artística, una independencia total.

Las flores de Federica recorren la ciudad desde donde se ve el mar hasta el Colegio Gabriela Mistral. En rigor, fueron instaladas allí en honor a la poetisa. Las obras son parte de un proyecto mayor que nació en Francia, con el que también homenajeó a Pablo Neruda. La idea, dice Federica al teléfono desde su taller en París, era poner la poesía en imagen.

­Me gusta mucho una frase de Neruda: "la poesía es la única arma". De verdad, yo pienso que la poesía es la única arma. Que si yo quiero cambiar o adaptarme al mundo, puedo utilizar la poesía. Para eso, mi taller en París lo tengo lleno de poetas, me dan mis armas, el deseo de hablar. Es muy fuerte aquello que te hace pensar que no puedes hablar. La poesía, en cambio, nos abre a las palabras.

A Federica las palabras se le dan con acento cosmopolita, que a veces traiciona el castellano que ella se esfuerza en pronunciar. "Perdona mi español", pide, pero aquello que dice se entiende perfecto. Aunque en Chile no ha vivido nunca, su relación con nuestro país es anterior a su aterrizaje en La Serena y le ha permitido estrechar vínculos afectivos y artísticos.

­Yo veo Chile, yo siento Chile en mí misma como un país muy moderno, donde se resuelven los problemas, donde la gente se comunica muy bien. Bueno, no sé si muy bien, pero mejor que en otros países. Esa es mi percepción. Me encanta que Michelle Bachelet sea la Presidenta, me encanta participar en la aventura del Bicentenario. Me encanta ser parte de la vida de ustedes.

Federica nació en París en 1955, del matrimonio entre el pintor chileno Roberto Matta y la estadounidense Malitte Pope. Su infancia fue especial, no sólo porque su madre se fue de la casa cuando ella tenía trece y su padre hizo lo mismo dos años después; por su propia cuenta, Federica ha recorrido latitudes tan disímiles como África, Nepal, Irán y Brasil, donde vivió cerca de cuatro años.

Nunca le ha gustado explayarse acerca de su padre, menos cuando ella ha recorrido su propio camino artístico que permite que en algunos lugares sea
más conocida que Roberto. Por eso, ante la obvia pregunta, Federica contesta sincera, frontal:

­No soy la public relations de mi padre. Yo no hablo de eso, lo siento, no me interesa.

Visitó Chile recién en 1991, cuando tenía 36 años y en la alcaldía de Santiago mandaba Jaime Ravinet. La plaza Brasil fue el lugar escogido para que Federica mostrara por primera vez su arte en el suelo que vio nacer a su padre: inmensas esculturas dieron vida a esos juegos infantiles curiosos, inéditos, casi sacados de un cuadro surrealista. Todavía están ahí, "un poquito abandonados", como se queja ella amablemente, pero con la misma estética que tienen las flores que instaló en honor a la Mistral. Las flores mágicas, como ella las bautizó.

LA SERENA INTERVENIDA

La Serena tiene una relación de años con la comuna de Montpellier, del departamento francés de L'Hérault. Desde fines de los 90 que ambas regiones han establecido convenios que, en el caso de la ciudad chilena, se han traducido en asesorías para temas patrimoniales, apoyo en el plan regulador y desarrollo del centro histórico de la ciudad.

Una de las delegaciones serenenses que visitó Francia en 2004 para estrechar estos lazos, conoció el homenaje que Federica Matta hizo en honor a Pablo Neruda: doce flores mágicas ­similares a las que ahora se ven en La Serena­ levantadas en la avenida Pablo Neruda, bautizada así para la ocasión; y una iguana de dimensiones gigantescas que se posa sobre un parque, en Bédarieux.

Fue entonces cuando a Federica la invitaron a homenajear a su modo a Gabriela Mistral, y se pensó que la intervención que la artista hiciera de la ciudad cerraría el año de honores con que La Serena celebró los sesenta años del Nobel de la poetisa del Elqui.

­Federica se declaró de inmediato admiradora de Gabriela Mistral ­recuerda el alcalde de La Serena, Raúl Saldívar­, y dijo que era una oportunidad notable para la expresión de sus obras. Hablábamos en español, y aunque no se expre-saba en un idioma fluido y perfecto, podíamos entenderla.

El alcalde Saldívar destaca el carisma de la hija de Matta, quien no sólo instaló sus flores en las calles de la ciudad, sino
que también dirigió sin problemas al equipo que realizó un mural en uno de los consultorios serenenses. Federica guarda de ello un recuerdo especial.

­Hicimos un proyecto en el centro de salud Pedro de Aguirre, con dos artistas, Luis Guerra y Hernán Aguilera. Esa fue una de las experiencias más emocionantes que tuve, porque pienso de verdad que el arte es terapéutico y que nos puede curar.

El trabajo de Federica no termina ahí. Ya figura en los planes del municipio la incorporación de sus obras pictóricas en la enseñanza de niños con dificultades de aprendizaje. Ella adelanta que estará de regreso en Chile en octubre, justa-mente para participar de ese proyecto educativo.

Podría decirse que Federica se mueve en tres esferas: en círculos íntimos, como este proyecto educativo donde trabaja directamente con gente sin experiencia artística, confiando en las capacidades que ella ve en el arte. Pero también
se mueve en círculos pictóricos más formales, como la exposición de kake-monos ­pendones, en japonés­ que actualmente se exhiben en la Sala infantil de la Biblioteca de Santiago. Se trata de una serie de banderas de gran tamaño donde se leen versos, adornados con su estética habitual. Y hay una tercera esfera, la del arte público, donde figura lo que ha hecho en la plaza Brasil, en las calles de La Serena y en la escuela mapuche de Regolil, donde construyó, también, juegos infantiles.

­El arte público es como una acupuntura. Si colocas formas de colores donde no las hay, se crea otra energía. Nunca se sabe lo que va a pasar. En el caso de la plaza Brasil, la gente joven se apropió de un lugar bastante tradicional, bastante abandonado. Antes de las esculturas, la plaza estaba un poquito triste, y también con una memoria un poco de la dictadura, un poco abandonada. No ocurre sólo en Chile, es un sentimiento general de los ciudadanos que pensamos que está todo hecho, que no podemos participar. Todos sentimos que es muy difícil ganarse un espacio en la Tierra, como si se hallara lleno de fantasmas. Pero eso es una ilusión, no es verdad. Si ves algo que no te gusta, puedes hacer una propuesta. Se cambia.

LA POLEMICA

Es cierto lo que dice Federica: nunca se sabe qué puede provocar el arte público en la gente del lugar usado como sala de exposición. Hasta ahora, ella no se había enterado que el cambio que sus flores provocaron en La Serena ha despertado algunas críticas. La prensa local recogió hace unos días el reclamo del Consejo Regional de Monumentos Nacionales, que argumenta que las obras estarían interviniendo sitios pertenecientes a una zona típica, protegida por ley. No se les habría consultado y se estaría infringiendo la Ley Número 17.288.

­Muy pocos han quedado indiferentes frente a estas obras ­reconoce el alcalde Saldívar­, un alto porcentaje está asombrado y admirado porque
ha impactado el quiebre que se produce con el esquema neocolonial de la ciudad. Incluso hay quienes dicen que se gastó plata en una lesera, lo que me parece de excesivo pragmatismo. Esos son una minoría. Nosotros no hemos alimentado ninguna polémica ni tampoco vamos a hacernos parte de ella.

La norma citada habla
de la necesidad de una autorización previa del Consejo de Monumentos para toda obra "de reconstrucción o conservación", y que la venia será concedida sólo si la propuesta tiene un estilo arquitectónico similar al de la zona típica.

Federica, desde París, responde el cuestionamiento:

­Ése es un problema político. Yo no sé cuál es la parte jurídica, claramente ese no es mi trabajo. Pero yo no lo veo como una agresión sino que al contrario, como un homenaje al patrimonio. Y eso puede discutirse, quién sabe si ahora empieza la discusión sobre arte público y patrimonio.

El alcalde Saldívar afirma que la intervención que las flores hacen de la ciudad "no es radical" y que se realizó "en razón de nuestras facultades, en espacios denominados bienes nacionales de uso público".

¿Es posible que se ordene quitar las obras? ¿Por cuánto tiempo se pensó que estarían atornilladas al suelo de La Serena?

"Para siempre", responde el alcalde. Las flores llegaron a La Serena para echar raíces y para romper, como espera Saldívar, con una "ciudad naftalizada". Federica, desde París, se descuelga de la polémica e insiste:

­Pienso que tenemos que sorprendernos los unos a los otros, y hacer patrimonio para nuestros hijos y nietos. Yo siempre agradezco cuando me invitan a estas proyectos, porque es el comienzo de una aventura colectiva. El artista, en el arte público, es parte de un proyecto urbanístico mucho más grande. Yo soy sólo la parte visible del iceberg.

En internet: vea otras obras de la artista federica matta en http://www.elsabado.emol.com

Idea para el Bicentenario

Además de las flores exhibidas en las calles de La Serena, Federica Matta presenta actualmente la exposición Kakemonos, en la Sala infantil de la Biblioteca de Santiago, un proyecto que ya ha tenido sus versiones en Francia, Irán y también en La Serena. "Se trata de colocar poesía por la calle", explica la artista. Anuncia que espera organizar una exposición de kakemonos ­gigantescos pendones escritos y decorados­ en las bibliotecas de Chile, y que quiere que se instalen a lo largo de toda la costa para celebrar el Bicentenario. "Para que Chile mande al mundo mensajes poéticos y políticos de paz", propone. En Viña, dos kakemonos de Federica integran una muestra colectiva en honor a García Lorca. En el futuro, la artista ya tiene en mente otro homenaje: en honor a Violeta Parra.


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Chouette, 1998
Chouette, 1998


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