ACTIVIDAD CULTURAL

Martes 22 de Marzo de 2011

Museo Salvador Allende exhibe su valiosa colección de piezas modernas:
Ocho esculturas para viajar por las vanguardias del siglo XX

El académico Gaspar Galaz da claves para recorrer "Sculpere-Esculpir", una exposición que reúne a artistas como Alexander Calder, Daniel Canogar, Luis Tomasello y Yoko Ono.  
Daniela Silva Astorga Lo primero que se ve es un barco varado y monumental que hizo el sueco Lars Kleen. Pero el recorrido comienza con el móvil del escultor estadounidense Alexander Calder (1898-1976), frente al Frank Stella, que atesora el Museo de la Solidaridad Salvador Allende en su Sala Permanente. "Calder es un pionero de la escultura cinética. Esta obra interactúa con el viento y el espacio para estar permanentemente modificándose", comenta el escultor y académico Gaspar Galaz, quien acompañó a "El Mercurio" en este recorrido por la muestra "Sculpere-Esculpir. Forma, volumen y espacio: poéticas de la materialidad", abierta hasta el 5 de julio.

Son 92 obras seleccionadas entre las casi 3.000 que atesora el museo, gracias a las donaciones que artistas de todo el mundo hicieron desde 1972. "Este museo es el más importante de Chile a nivel de colección de artes visuales. Y en esta curatoría podríamos decir que está todo el desarrollo de la escultura durante el siglo XX", afirma Galaz al iniciar esta visita. En la exposición se ven abstracción geométrica, experimentación cinética, informalismo, tendencias figurativas y líneas pop . Y están los máximos movimientos de vanguardia que se desataron a mediados del siglo XX, con foco en los años 60 y 70.

Un piso más abajo de Calder aparecen dos trabajos hechos en madera por Luis Tomasello (1915). Un argentino que, como Carlos Cruz Diez, plasmó sus ideas a través del arte óptico. Galaz explica: "Son cubos infinitos que pueblan la superficie de la tabla con un ritmo que atrae poderosamente, porque están marcados por una obsesión por lo perfecto. Una estética que ya no existe porque la perfección la tomó la máquina".

Entre las tendencias figurativas, que se exhiben en una sala roja, destaca la obra "Play it by trust" de la japonesa Yoko Ono (1933). "Invita a jugar de a dos un juego imposible. Parece ajedrez, pero no lo es. Es blanco e impecable, pero inviable", dice Galaz. Seguimos. Y al pasar a la sala "Abstracción, luz y movimiento" es imposible no contemplar "Ojo", del argentino Eduardo Rodríguez (1934). Una estructura de acrílico y luces 100% transgresora, que fue hecha con los primeros transistores de los años 70.

Una joya absoluta es el trabajo de Daniel Canogar (España, 1964). Una especie de árbol de cables que proyecta cientos de imágenes de personas en todos los muros de una sala. Galaz comenta: "Él divide el contenido de una obra en cientos de fotos proyectadas. La primera obra con fibra óptica que conozco de él y del mundo".

El recorrido también contempla creaciones de madera, entre las que figura una del propio Galaz. Él destaca a ojos cerrados la labor del trasandino Claudio Girola (1923-1994): "Es la escultura de madera más importante. La hizo 50 años atrás, trabajando con la recomposición de piezas modulares. ¡A quién se le ocurría algo así en esos tiempos!".

Entre los representantes chilenos, destaca Víctor Hugo Bravo (1966), con una instalación compuesta por un refrigerador y otros objetos. También, Valentina Cruz (1940) con una obra que presenta cuerpos humanos desarticulados y aplastados. "Ella fue una vanguardista tremenda. La primera que usó moldes de resina como material definitivo. Eran cuerpos humanos que aplastó entre dos planchas de acrílico en 1966. Fue un desajuste estético total, porque la deformación del cuerpo no era aceptada aún", apunta Galaz. Y agrega: "Quienes vengan, deben hacerlo con una disposición especial, con tiempo y muy abiertos de mente. Esta es una exposición bastante difícil: aquí no se vienen a ver monitos".

 Los espacios se multiplicanJunto al edificio del museo se está construyendo un depósito de 600 m {+2} , para almacenar las 2.973 piezas que están en Herrera con Compañía (en un edificio de la Dibam). Gracias a aportes públicos y privados se invirtieron $200 millones en la obra gruesa.



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"Mesoamérica" , de Claudio Girola.
Foto:LUCIANO RIQUELME


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