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Sábado 22 de Agosto de 2015

 
Jonas Kaufmann imparable: Cuatro lanzamientos discográficos en un mes

El disco "Nessun dorma", dedicado a Puccini, y las óperas "Aida", "La Fanciulla del West" y "Manon Lescaut".  
 "He seguido a mi voz, ella me ha marcado el camino", dice el tenor Jonas Kaufmann al explicar el espectro enorme de su arte: desde "Cavalleria Rusticana" de Mascagni, al ciclo "Dichterliebe" de Schumann, pasando por Monteverdi, Bach, Mozart, Beethoven, Schubert, Brahms, Massenet, Wagner, Verdi, Puccini, Mahler, Szymanowski y Richard Strauss, por nombrar solo a algunos. Una carrera que no se dio de un día para otro -con una evolución musical conducente a una versatilidad prácticamente única en la historia del canto-, basada en un acervo cultural sólido, sensibilidad, delicadeza interpretativa, capacidad de introspección (fundamental para el Lied ), conocimiento idiomático profundo y las hoy imprescindibles condiciones de actor.

Ya no extraña un nuevo éxito en su trayectoria, recientemente refrendado en Salzburgo con su estremecedor Florestán de "Fidelio" (Beethoven), uno de los roles con los que hoy se lo identifica, a la par de Lohengrin, Werther, Don Carlo y Don José. Este 2015 ha sido de muchas marcas, con el debut en Londres de su extraordinario "Andrea Chénier" (Giordano), en Roma de su Radamés ("Aida") y en Salzburgo de sus Turiddu ("Cavalleria") y Canio ("I Pagliacci"), y con el recital Puccini con el que recibió 40 minutos de aplausos en la Scala de Milán. El año culminará con su regreso en diciembre próximo, en París, a una ópera con la que triunfó en 2002: "La Condenación de Fausto", de Berlioz.

Kaufmann goza con el trabajo de exploración y de aprendizaje, incluso más que con los roles ya en exposición. "Tengo facilidad para asimilar lo que estudio", dice a "El Mercurio", "y me gusta avanzar en esa paleta cromática que me ha puesto delante mi propia voz. No creo que sea contradictorio cantar con el mismo convencimiento Bach que Beethoven o Leoncavallo que Schubert. Siento que el privilegio de la voz consiste en poder pasar por diferentes estilos y estados de ánimo. Mi voz ha ido madurando, enriqueciéndose. Nunca la he forzado ni manipulado. Los estilos se nutren unos a otros. Yo sé por experiencia que la práctica del belcanto italiano suaviza las líneas alemanas. ¡Por qué privarse de una melodía intimista que garantiza la salud vocal más que un mes de vacaciones!".

La suya es una trayectoria sorprendente, en especial para quienes creen que es un cantante de hace solo siete u ocho temporadas. Claro, su gran lanzamiento fue en 2006 ("La traviata", en Nueva York), pero partió cantando en 1992 (Brighella en "Ariadna en Naxos") y los años de galera fueron intensos y con muchas dudas. ¡Si hasta fue Almaviva del "Barbero" rossiniano, hoy impensable para una voz oscura como la suya! Pocos saben también que debutó en La Scala en "Fidelio" en 1999, pero no como Florestán, sino en el rol secundario de Jaquino.

Cantante moderno y uno de los pocos que logra tramontar la impecable verdad de una transmisión digital -" il bello tenebroso ", lo llaman, o "la respuesta de la ópera a Jude Law"- y las brutalidades de algunas puestas en escena, él sabe que hoy no se puede andar con divismos, sino que hay que responder con seriedad a las crecientes demandas. "Nuestro trabajo se ha hecho exigente en extremo. Yo comparto la idea de que el cantante de ópera debe resultar convincente como actor, pues me parece que la profundidad teatral beneficia la credibilidad musical. Discrepo de que la ópera deba adulterarse para hacerla calzar con las expectativas del mundo contemporáneo; no creo necesario forzar la dramaturgia o transgredirla por el mero hecho de conquistar a un espectador que pretende ver en la ópera lo mismo que ya tiene en la televisión o en internet. La cultura audiovisual tiene sus riesgos, y no siempre se ajusta a la ópera, que es un acontecimiento mágico, excepcional, extraordinario. No hay que trivializarla para hacerla digerible. Por otra parte, el público de la ópera es un espectador que tiene experiencia. De ahí la importancia de resultar verosímiles".

También sabe que en su trabajo hay una cultura involucrada. No basta -ni mucho menos- solo con cantar: "Si uno se pone en la piel de Werther, Don Carlo, Fausto, Don José, se debe impregnar de Goethe, de Schiller, de Merimée... Para mí eso es obvio. Se dice a menudo que los libretos de ópera empobrecen los grandes textos literarios en los que están basados, pero yo no estoy de acuerdo. Los libretos son otra cosa. Hay que entender que el trabajo de transformación debe sintetizar aquello que es mejor para el teatro y que será magnificado, electrizado incluso, por la música".

El 2015 de Jonas Kaufmann está dedicado, en especial, a Puccini. Y así lo celebrará con su álbum "Nessun dorma" (Sony), que estará en el mercado en formato de CD y vinilo desde el 11 de septiembre. "Con este disco quiero ayudar a los auditores a seguir la evolución del estilo de Puccini desde su juventud a su madurez. Pero también persigo hacer escuchar obras menos conocidas o menos amadas que 'Tosca' o 'La Bohème', como 'Le villi' y la misma 'Fanciulla del West', que para mí es una ópera extraordinaria, que poco a poco revela los tesoros de originalidad y modernidad que hay en ella''.

Tras este lanzamiento, el 2 de octubre Warner pondrá en el mercado su "Aida" (Verdi), grabada en Roma bajo la dirección de Antonio Pappano, con la soprano Anja Harteros, y seguirán los lanzamientos de los dvd y blu-ray de "La Fanciulla del West", con Nina Stemme (9 de octubre, Sony), y "Manon Lescaut", con Kristine Opolais (9 de octubre, Sony), de las puestas en escena de Viena y Londres, respectivamente.

 


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