REVISTA DEL DOMINGO

Domingo 28 de Noviembre de 2010

 
¡Eureka!

En Las Chilcas, Ruperto encuentra unos paisajes -¡y unas comidas!- que le recuerdan a los que recorrían, en España, Don Quijote y Sancho Panza.  
Por Ruperto de Nola La cuesta de Las Chilcas, entre Santiago y Llay-Llay, nos recuerda el valle de Anguiano, al sur de Logroño, por cuya garganta el río Najerilla corre entre grandes peñas, como las del Oro, del Collado de Cervanco y de la Sierra de Camero. Por ahí paseábamos, dando frecuentes dentelladas a unos chorizos logroñeses y previniendo atoros con sorbos de un Rioja excelente. Por parajes semejantes discurrían con calma Don Quijote y Sancho, sin más norte que el que entre sí decidían el rucio y Rocinante.En vez de las estrecheces de Anguiano se abre en Las Chilcas, traspuesta la última peña, un valle amplio, verde y sonriente, poco propicio para escaramuzas entre moros y cristianos. No: aquí lo primero que encuentra el viandante es el Torofrut, donde don Jaime Toro se dedica a ofrecer estupenda cocina huasa y a cosechar condecoraciones. Nos contaban que ahora lo han premiado en España, y, renuente a alejarse de este paraíso llayllayllino, comisionó a uno de sus hijos para ir a recibirlo.No bien ingresados al Torofrut, ¡eureka!: varios letreros anunciaban porotos con riendas y longaniza. Bendito sea: después de transmigrar como alma en pena de un restorancillo repipi en otro, y de un restobar por aquí a un bulevar plastificado por allá, al fin un lugar honesto en que se puede comer como Dios manda cosas que no sean bolas congeladas por fuera e hirviendo por dentro, como las que hace algún tiempo ofrecía, preñadas de simbolismos y con toda tecnología, innovación e inventiva, uno de esos sublimes laboratorios culinarios.En Anguiano celebran su Festival de la Alubia. Habrá cocina en Chile, y no humillante mimesis "creativa", el día en que tengamos festivales de la malaya, de las papas con chuchoca o de los granados con pilco. Ya amanece allá por Talca, donde Rubén Tapia celebra anualmente los caldillos y cazuelas huasas, y donde el anuncio de "¡chancho muerto!" convoca a multitudes de gentes criteriosas. Años pidiendo a la Providencia no morirnos antes de que este país rezumara aceite de oliva, y hete aquí que nuestras plegarias están siendo escuchadas. Seguiremos en el empeño ahora para que nos acompañe en nuestro óbito un platón de porotos con riendas, proveniente de uno cualquiera de muchos restoranes que aguardan ser redimidos en esta larga y angosta faja.  Papas con chuchoca, de festivalEn dos cucharadas de manteca (o aceite vegetal) sofría una cebolla picada finamente. Cuando esté trasparente, agregue 3 papas grandes peladas, cortadas en trozos torneaditos, y 200 gr. de zapallo muy maduro cortado. Aliñe con 1 cucharada de ají de color, un poco de orégano seco y comino, sal y un litro de agua. Cueza a fuego suave en olla tapada, para que no se evapore el agua. A mitad de cocción de las papas, agregue, como lluvia, 200 gr. de chuchoca, revolviendo constantemente. Cueza 15 minutos más, revolviendo hasta el final. El guiso debe quedar cremoso y el zapallo medio deshecho. Sirva poniendo por encima unas cucharadas de aceite de oliva (lo castizo sería de color chilena, si la tiene). Es fundamental la proporción de 200 gr. de chuchoca por litro de agua. 

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Foto:FRANCISCO JAVIER OLEA


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