ACTIVIDAD CULTURAL

Miércoles 7 de Octubre de 2015

 
Esa joya de ballet llamado Rosalinda

Carmen Gloria Larenas Ronald Hynd es un coreógrafo significativo para el Ballet de Santiago. Con su humor británico, sutileza y elegancia, fue también responsable del éxito de la compañía en los años 80 y 90, aportando al repertorio diversas obras. La más icónica, "Rosalinda", repuesta esta temporada.

Las obras de Hynd hay que disfrutarlas y están hechas para hacerlo: personajes lúdicos, muy bien dibujados, con matices y un gran sentido del humor, con momentos de danza poéticos y expresivos, en los que la técnica y el lenguaje de todo el cuerpo están al servicio de una historia. La música de Johan Strauss solo puede inspirar aún más, lo mismo que los diseños anclados en la estética Art Déco y los locos años 20, de Peter Dogherty.

En esta comedia de equivocaciones, cada personaje puede brillar. Esta vez fueron pocos los que lo consiguieron.

La joven Romina Contreras, de privilegiado físico, se vio más cómoda en los momentos conectados con el conflicto que con la comedia. No logró construir una Rosalinda que cautivara el corazón, una mujer madura, aburrida de su matrimonio y tan inconsciente como inofensiva. Tampoco convenció con una interpretación con altibajos José Manuel Ghiso, como Eisenstein. Irregular en su entrega artística, los pas de deux junto a Contreras no fluyeron, trabándose en varios momentos, sin la musicalidad requerida ni química entre ambos. Lucas Alarcón, como Dr. Falke, tuvo buenos momentos, pero también interrumpidos por un excesivo apego al cumplimiento técnico. Mucho mejor suerte corrió el personaje de la criada Adèle de Elizabeth Espinosa, muy adecuada para el rol, con una línea de personaje que, de todos modos, puede dar más. Bien el rol de Alfredo de Miroslav Pejic y aún mejor el trabajo del carcelero ebrio de Esdras Hernández y de sus carceleros Ítalo Jorquera y Edison Araya. Magnífico el pequeño personaje de la costurera corta de vista de Katherine Rodríguez, de sensible interpretación y que bien pudo pasar inadvertido. El cuerpo de baile tuvo un desempeño correcto.

La música fue correctamente interpretada por la orquesta Filarmónica de Santiago dirigida por José Luis Domínguez.

Una joya del ballet que para ser apreciada en su genialidad, debe tener, antes que grandes bailarines, grandes intérpretes.

 


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