REVISTA DE LIBROS

Domingo 18 de Marzo de 2012

Novelista chileno Inédito en español:
Bernardo Toro, el convidado de Jorge Edwards

Radicado en Francia desde los 17 años, el escritor chileno ha publicado dos novelas en francés y traducido a varios autores latinoamericanos. Jorge Edwards lo invitó a participar en el seminario de homenaje por sus 80 años leyendo una ponencia acerca de su próxima novela, todavía inédita: "El descubrimiento de la pintura".  
Pedro Pablo Guerrero No de piedra, en ningún caso, pero fue el convidado incógnito del seminario dedicado a Jorge Edwards. Un nombre que nada decía a los asistentes, aunque figuraba en el programa junto a los de reputados críticos, profesores y un rutilante premio Nobel de Literatura. Por eso causaba aún más sorpresa que a este desconocido "escritor chileno radicado en Francia" le fuera confiada la misión de exponer acerca de la próxima novela de Edwards, "El descubrimiento de la pintura", todavía inédita, lo que -para usar la expresión del propio Toro esa tarde en el CEP-, equivalía a "presentar la guagua" en sociedad. Una criatura que sólo él y Vargas Llosa habían tenido la oportunidad de conocer.

Con Bernardo Toro no queda otra alternativa que partir desde el principio. Decir que nació en Santiago en 1964 y se fue a los 17 años a Francia sería lo más simple. Pero nada es tan sencillo en la vida. Toro venía de una familia de izquierda. Su padre había sido exonerado de la universidad después del 11 de septiembre y trabajaba en la Fundación de Ayuda Social de las Iglesias Cristianas (Fasic) sacando a refugiados políticos que conmutaban sus penas de cárcel por el destierro.

"Nosotros nos manteníamos en una especie de exilio interno, sin participar en ninguna actividad social porque sentíamos que hacerlo era apoyar al gobierno. Fue la razón por la que me puse a jugar ajedrez. El ajedrez es un juego militar, y en ese momento era preferible conocer las reglas y la estrategia militar para desenvolverse. Además no tenía nada que hacer, era una vida muy triste", recuerda Toro.

Llegó a ser campeón juvenil en Chile y vicecampeón sudamericano. Eso le permitió salir muy temprano del país, gracias -por esas paradojas de la política- al programa de talentos deportivos impulsado desde el gobierno por Digeder, con el financiamiento de la Polla Gol. Su máximo logro competitivo llegó el año 1980, en Dortmund, Alemania, cuando Kasparov le ofreció tablas. Cinco años más tarde el soviético llegaría a ser campeón mundial. Toro, en cambio, abandonó el ajedrez, fatigado de practicar todos los días desde las tres de la tarde, después del liceo, sin tiempo para leer. Le gustaba la literatura europea, sobre todo la de Francia. Por eso -y porque tenía una abuela francesa, lo que facilitó los trámites para sacar la nacionalidad- después de egresar de la enseñanza media, Toro se fue a ese país.

Se matriculó primero en Letras modernas en París VII y luego se cambió a La Sorbonne para estudiar Literatura francesa. "A Proust lo descubrí allá -recuerda-. Fue mi primer gran descubrimiento literario. Me encantó, me deslumbró totalmente a pesar de que no comprendía bien cuando recién lo leí, porque no tenía un dominio del francés y Proust es un autor difícil. Hasta ese momento me acercaba a los libros por la historia, pero no por el estilo mismo, y ahí le tomé el gusto a la lengua francesa, que me pareció extraordinaria, y comprendí por primera vez lo que era el estilo, fuera de toda consideración de intriga y contexto".

Por diferencias con su profesor guía, nunca terminó su tesis sobre el punto de vista en la obra de Proust. "Lo que aprendí lo he utilizado en mi trabajo literario", dice hoy, con dos novelas escritas y publicadas en francés: Contretemps (2006) y De fils à fils (2010). La primera, sobre un joven chileno que llega a París a comenzar una nueva vida, cansado de la dictadura, decidido a "cambiar de lengua y de piel", y conoce en un café que frecuentan los exiliados a la esposa de un refugiado de extrema izquierda.

El manuscrito del segundo libro de Bernardo Toro tuvo una acogida inmediata. Tres editoriales -Métailié, Albin Michel y Stock- quisieron publicarla, pero Stock le contestó primero. De fils à fils (De hijo a hijo) es una novela de corte familiar, íntimo, la historia de un hombre con una infancia difícil. Su padre llega a casa tarde, mal y nunca. La madre dice que es buscador de oro, pero en realidad tiene otra familia. Aunque se ambienta en una región montañosa cercana a San Felipe, no hay en el libro referencias precisas de época ni lugar. "Me interesaba que no tuviera ninguna relación con Chile, porque yo me siento sobre todo escritor, no defensor de una cultura. Quería escapar a esa etiqueta que te ponen de escritor latinoamericano que siempre va a hablar del golpe y el exilio", dice Toro.

Su tercera novela, sin embargo, que escribe gracias al apoyo de la beca Missions Stendhal, del Ministerio de Asuntos Extranjeros de Francia, regresa a la contingencia histórica al describir, a través de la vida de una militante socialista, el proceso de cambios en todo orden de cosas que se produjeron en Chile desde fines de los años sesenta. Su título, Qui d'autre à part nous (Quién sino nosotros), alude al destino de sus protagonistas: "Gente muy joven que se da cuenta de que el combate que libran está perdido, que la máquina represiva los va a demoler y su trabajo es completamente estéril, pero al mismo tiempo comprenden que alguien tiene que hacerlo y no se pueden quedar con los brazos cruzados".

Con sólo dos libros publicados, Toro ha conseguido un reconocimiento que no esperaba. Le Parisien, el diario más leído de Francia, se refirió a él como "el autor con más ambición literaria de su generación y el que mejor domina la lengua francesa", lo que no está nada de mal para un escritor que aprendió ese idioma a los 18 años.

La lección del maestro

Bernardo Toro y Jorge Edwards se conocieron en Francia el año 2007. Toro presentaba en La maison de l'Amérique Latine, de París, su novela Contretemps mientras Edwards hacía lo propio con la traducción francesa de El inútil de la familia . Tres años más tarde, cuando Edwards fue nombrado embajador en Francia, un grupo de organizaciones del exilio chileno en ese país lo declaró "Persona non grata".

"Me pareció un síntoma escalofriante desde un punto de vista político -recuerda Bernardo Toro-. 'No puede ser', me dije, y sentí ganas de apoyarlo, de ayudarlo, de decirle que en el exilio no todos éramos así. Como persona de izquierda, me sentí aún más tocado por esta reacción terrible de gente que se quedó pegada en el discurso de la Guerra Fría: 'Si no estás conmigo, estás contra mí'. Además comparto, a pesar de que me siento mucho más de izquierda que él, la posición moderada y yo diría profundamente democrática de Edwards".

A causa de esto y del trabajo de escritura de su tercera novela, Toro empezó a leer Los convidados de piedra .

"Me di cuenta de algo evidente: esa novela no había sido traducida al francés por la publicación de Persona non grata , que le había significado a Edwards quemarse con toda la intelligentsia francesa, que era en un 95 por ciento de izquierda. Además, en 1978, el año en que apareció Los convidados de piedra , Francia, Europa y el mundo entero esperaban un libro de corte testimonial sobre las víctimas de la dictadura militar. Pero esta novela, en la que Edwards hablaba de estos burgueses que se reúnen en Zapallar para festejar el golpe de Estado, forzosamente no le gustó a nadie. A mí, por el contrario, me pareció que justamente ese punto de vista era mucho más interesante que el de las víctimas, que es una cosa que nosotros conocemos bien. Para lo que va a venir después, es mucho más valioso, desde una perspectiva literaria, sociológica y política, saber qué está pensando esa gente que festeja porque va a beneficiarse del golpe y dirigir el país durante los 17 años siguientes".

Toro cree que existió una censura no asumida sobre la novela de Edwards y, debido a esto, tiene el propósito de publicar Los convidados de piedra en Francia. Traductor de escritores como Ramón Díaz Eterovic y el argentino Pablo Ramos, él mismo hará la versión en francés. "Me gustaría ver publicada la novela de Edwards en Francia, junto a El infierno , de Luz Arce: un libro testimonial sobrecogedor, de gran valor antropológico, que curiosamente incluso en Chile desapareció. En 2013 se cumplen los 40 años del golpe de Estado y mi novela va a salir en ese momento también".

Respecto del origen de la amistad que mantiene con Edwards, Toro explica: "Hay que pensar que en la embajada no tiene muchas posibilidades de hablar de literatura, entonces el hecho de que pueda conversar conmigo va creando una amistad. Nos tenemos una confianza recíproca. De 'El descubrimiento de la pintura' me pasó una primera versión hace seis meses, luego una segunda y una tercera. He leído las tres. Cuando me pidió que viniera al seminario acepté encantado, porque he estado muy metido en esa novela, la he seguido, hemos hablado mucho de ella".

Toro destaca en "El descubrimiento de la pintura" los paralelos entre la música y la plástica. "Es una novela muy penetrada de arte. Total, en ese sentido", indica. Y llama la atención sobre el momento en que Edwards la empieza: "En la escritura de sus memorias, Edwards encuentra la necesidad de ir más lejos, y la única manera es con la libertad que le otorga la literatura. Por eso tiene que hacer un paréntesis para profundizar en este pintor que en la historia familiar es un personaje oscuro, mediocre, la faz sombría de Joaquín Edwards Bello: un personaje luminoso, brillante. Fonfo es como el reverso de esa medalla".

Le Parisien se refirió a él como "el autor con más ambición literaria de su generación y el que mejor domina la lengua francesa".

 Bernardo Toro, editor de revistas"No sé por qué yo siempre he sido de revistas. Debe ser el lado militante que no tuve", comenta Toro respecto de su gusto por fundar publicaciones. La primera fue Lieux Extrêmes, una revista teórica de arte y literatura en la que, entre 1988 y 1993, colaboraron, entre otros, Jacques Derrida, Jean Baudrillard y Julia Kristeva. Alcanzó a durar siete números y cerró por falta de financiamiento.

En 1998, Toro fundó Rue Saint Ambroise, una de las tres publicaciones que hoy existen en Francia dedicadas al cuento. La revista, que ya alcanza 28 números, aparece cada tres meses y recibe un promedio de 150 relatos en cada edición. Aunque publica fundamentalmente narraciones en francés, mantiene un contrato para traducir y editar al ganador del Premio Internacional de Cuento Juan Rulfo. Aparte de este convenio, Toro incorpora, en cada número, dos o tres traducciones del español. Además de Jorge Edwards, ha publicado a Andrea Maturana y el próximo número incluirá un cuento de Alejandro Zambra.



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Foto:FRANCIOSCO JAVIER OLEA


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