DEPORTES

Lunes 9 de Febrero de 2004

Un mundo con vida propia

Cinco carreras, 60 asistentes y cerca 350 mil pesos en apuestas por reunión enmarcan la realidad del Club Hípico de Peñuelas. Aquí, una radiografía de una jornada en el hipódromo de la Cuarta Región.
Alejandro Gandolfi Díaz

Coquimbo

¿Dónde consigo un programa de carreras?, pregunta un menor que viene haciendo ingreso a la jornada dominical del Club Hípico de Peñuelas. Atrás, donde se hacen las apuestas, le contesta un tipo que no despega su vista del librito que muestra el detalle de cada una de las competencias.

Son las 16:30 horas y quedan sólo 30 minutos para dar comienzo a una nueva tarde de carreras en el hipódromo de la Cuarta Región. En el centro del recinto se escuchan martillazos. Están desarmando una estructura metálica que sirvió para realizar una fiesta la noche anterior.

En tanto, una señora instala una mesa bajo la tribuna para vender bebidas y comestibles. Quedan seis minutos para la hora prefijada y ya han llegado cerca de 40 personas a este hipódromo que data del 11 de septiembre de 1933 y que actualmente tiene una población caballar de 78 ejemplares, además de 8 preparadores y 11 jinetes.

Muchos jockeys se fueron de aquí cuando se desató el conflicto en Concepción, el año pasado. Ahora están corriendo en Mediocamino, explica un funcionario del Club Hípico de Peñuelas.

Llega la hora

En la troya se escucha una campana para apurar a un jinete que, a esas alturas, aún no ha registrado su peso. Junto con el sonido se acercan unas 15 personas a observar a los caballos en el paseo previo.

Los apostadores cuentan el dinero que poseen para jugar y comienzan las típicas frases. Fíjate en las señas que hace el jinete al entrar a la cancha, le dice un amigo al otro. Hay que destacar que la vestimenta de los jockeys y el estado en que se presentan los caballos no tiene nada que envidiarle a otros hipódromos nacionales.

Adentro, atrás de la tribuna, hay una sala en la que se realizan las apuestas. Ahí, unas 20 personas prefieren capear el calor y siguen las carreras por televisión. Sí, aquí también existe una red interna.

Justo antes de que los ejemplares salgan a la pista, ingresa un hombre que es muy conocido por su afición a las carreras. Además que es un experto y viene muy bien acompañado. El ambiente ideal para dar el vamos.

También hay un Wacky

Cinco competidores entran a la pista e inmediatamente llama la atención el número 4: se llama Wacky. Claro que es un mulato de 10 años, hijo de Urbain y Windlass. Y tiene su genio. Justo frente a la tribuna mañosea y hace que su jinete pierda la fusta.

Inmediatamente entra un tipo que recoge la huasca y se la entrega al jockey, mientras el caballo sigue haciendo de las suyas. Un par de fustazos sirven para que se quede tranquilo y entre al partidor.

A pesar de todo, el inicio se retrasa en sólo siete minutos. Belo Macho, un descendiente de Mashaallah y Belle de Nuit, es el favorito de la competencia.

El desenlace parecía escrito. Wacky atropella por el centro
- aquí corren por todos lados de la cancha- y gana la carrera sólo por una cabeza. No podía defraudar con ese nombre. Así, se hizo acreedor a los 69 mil 900 pesos destinados al vencedor y entregó al látigo Johan González su primer éxito en el Club Hípico de Peñuelas.

Como era de esperar, el jinete del favorito, Mauricio González, se lleva una batería de palabras de mala crianza. Es que llegó quinto y el público no se lo perdona. Adentro, en la sala de apuestas, la gente no hace más que lamentarse.

Lo cierto es que siguen los comentarios de la carrera anterior y los minutos se consumen con el análisis de la victoria de Wacky. En un abrir y cerrar de ojos, los participantes de la segunda prueba ya están prestos a largar.

No es para favoritos

Carrilero se queda con los 104 mil 900 pesos para el primero y se lleva una ovación de las cerca de 40 personas - adentro hay 20 más- que están presentes en la única tribuna del reducto de carreras.

¿La razón? Su jinete, Benllamín González, atacó por dentro mientras todos sus rivales lo hicieron por el lado externo de la pista. Se la jugó el hombre y tuvo sus resultados.

Han salido buenos jinetes de Peñuelas. En el último tiempo nadie se olvida de Manuel Martínez, Felipe Moreno o Rodolfo Fuenzalida. Aquí también se formaron Óscar Meneses, Ricardo Solorza, Jhonny Robles y Gabriel Meneses, aunque varios de ellos no reconocen sus orígenes, dice con propiedad una persona que trabaja en el hipódromo.

Otra decepción para el respetable. El favorito nuevamente queda en deuda. Cournot llega quinto. En esta prueba también corrió Casio. Sí. Está lleno de finasangres que alguna vez animaron los programas de Santiago.

Faltan cuatro minutos para iniciar la tercera carrera y hace su entrada un tipo de cabellera blonda. Casi en forma desaforada, a quien se le cruza por delante le dice que juegue al caballo número 2 (Paello).

Y vaya si tenía razón. Paello obtiene el triunfo en otro desenlace estrecho. El hombre infla el pecho y camina como un ganador... hasta que el locutor abre el micrófono. Se ha entablado reclamo para primer lugar, dice desde lo alto.

Pasan algunos minutos y, para mala suerte del datero, se cambia el orden. Se deja como vencedor a Mohandas - segundo en pista- y como su escolta a Paello. El motivo fue por cargar y estrellar a 300 metros de la meta. El hombre se retira del hipódromo y no vuelve a hacer su aparición.

La gran duda

¿Por qué está corriendo un caballo solo?, pregunta un caballero instalado en la parte baja de la tribuna. Nunca había visto algo similar, agrega.

A los pocos segundos, un tipo que está bajo los efectos del alcohol se acerca hasta la pista misma y le grita desaforadamente al jinete, recriminándole su mala actuación.

Parece que ninguno de los dos aficionados entendió que lo que estaban viendo en la pista era un apronte en público. Un mero entrenamiento de un ejemplar.

La gente quiere desquite. Ningún favorito ha ganado y todos parecen dispuestos a recuperar lo perdido. La mayoría estudia el programa de carreras, incluso aquellos que estaba pegados frente al televisor.

Se acerca un pequeño y confiesa que su regalón es Casio. Agrega que siempre va a su casa a visitarlo. Allá vive, indica el menor de 6 años, haciendo referencia al lugar de las pesebreras.

Mientras la incofundible música de GIT se escucha por los parlantes, un infaltable perro juguetea entre la tribuna y la reja que divide al público de la cancha.

La pasión se vive igual que en Santiago, guardando las proporciones, lógicamente. Aunque otros no muestran mayor interés. Para matar el tiempo, un adolescente patea de un lado a otro una lata vacía de bebida.

De película

Todos esperan la cuarta y última carrera, aunque el promedio de pruebas por reunión llega a cinco. La gente se acerca en masa cuando los ejemplares salen a la arena. Llega la hora.

Y pasa de todo. Para comenzar, una partida falsa provoca que el favorito Apes Midi se arranque solo desde el partidor. El potrillo de 3 años, hijo de Jeune Homme y Humarada, galopa a sus anchas y da la vuelta completa a la pista. Es que aquí no hay ponyboys y, por lo mismo, sólo lo contienen cuando vuelve al punto de largada.

Obviamente fue retirado y la gente parte a cambiar los vales. En Peñuelas se juegan, en promedio, 350 mil pesos por reunión. ¿Cómo se financia el hipódromo, entonces? Con esos fondos más un porcentaje por las ventas de la red Teletrak en la zona.

El inconveniente de la partida retrasa el inicio de la carrera en 35 minutos. ¡Y tan bien que iban en las anteriores! Pero todo se retribuye con la carreraza que se da en la cancha, tanto así que el infartante desenlace no permite visualizar de buenas a primeras al vencedor.

Y faltaba más. Pasado la meta cae Mahatma Gandhi y todo lo que viene parece sacado de un filme. El jinete Iván Carvajal se para rápidamente y él mismo se encarga de perseguir y tomar de las riendas al caballo. Casi heroico.

Pero falta el resultado. Aquí también hay photofinish, aunque no tan rápido como en otros lados. Después de algunos segundos, que se hicieron un tanto eternos, se confirma la supremacía de Resguardado por sobre San Babila. Todo llega a su fin.

Ponte un chaleco, le dice una señora a su hijo antes de retirarse del hipódromo. Algunos, los menos, se quedan en las tribunas, como pidiendo una explicación por lo ocurrido.

Otros, en tanto, cruzan una pequeña puerta que separa al hipódromo del casino. Como para intentar mejor suerte...




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LA MISMA ADRENALINA. Cada llegada produce un inmenso fervor entre los asistentes. La poca cantidad de ejemplares que participa en una carrera, junto con la equiparidad de fuerzas, hace que el resultado siempre sea incierto.
LA MISMA ADRENALINA. Cada llegada produce un inmenso fervor entre los asistentes. La poca cantidad de ejemplares que participa en una carrera, junto con la equiparidad de fuerzas, hace que el resultado siempre sea incierto.
Foto:Alejandro Gandolfi


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